miércoles, 20 de junio de 2012

Punto muerto


Aviso: Los libros aquí transcriptos y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia original “Reading Twilight” a Choices HP, yo solo la traduzco, todo esto es sin ánimos de lucro, solo por mero entretenimiento.


 “Punto muerto” leyó Edward.
Vi una deslumbrante luz nívea al abrir los ojos. Estaba en una habitación desconocida de paredes blancas. Unas persianas bajadas cubrían la pared que tenía al lado. Las luces brillantes que tenía encima de la cabeza me deslumbraban. Estaba recostada en una cama dura y desnivelada, una cama con barras. Las almohadas eran estrechas y llenas de bultos. Un molesto pitido sonaba desde algún lugar cercano. Esperaba que eso significara que seguía viva. La muerte no podía ser tan incómoda.
"Por supuesto que está viva, ella está en un hospital", dijo Carlisle.
Unos tubos traslúcidos se enroscaban alrededor de mis manos y debajo de la nariz tenía un objeto pegado al rostro. Alcé la mano para quitármelo.
—No lo hagas.
Unos dedos helados me atraparon la mano.
— ¿Edward?
Ladeé levemente la cabeza y me encontré con su rostro exquisito a escasos centímetros del mío. Reposaba el mentón sobre el extremo de mi almohada. Comprendí que seguía con vida, pero esta vez con gratitud y júbilo.
— ¡Ay, Edward! ¡Cuánto lo siento!
"Está bien", dijo Edward.
"No estaba bien hace una hora", dijo Alice.
"Yo sé que ella está bien ahora", Edward se encogió de hombros.
—Shhh... —me acalló—. Ahora todo está en orden.
— ¿Qué sucedió?
No conseguía recordarlo con claridad, y mi mente parecía resistirse cada vez que intentaba rememorarlo.
"Es sólo su mente tratando de protegerla de entrar en shock", dijo Carlisle.
"Así que, su mente va a funcionar bien por primera vez y tratara de ignorarlo", se rió Edward.
—Estuve a punto de llegar tarde. Pude no haber llegado a tiempo —susurró con voz atormentada.
— ¡Qué tonta fui! Creí que tenía a mi madre en su poder.
—Nos engañó a todos.
—Necesito telefonear a Charlie y a mamá —me percaté a pesar de la nube de confusión.
—Alice los ha llamado. Renée está aquí, bueno, en el hospital. Se acaba de marchar para comer algo.
"Ella debe haber estado inconsciente por un tiempo," dijo Edward.
"No debes haberte alejado de ella ni por un segundo", dijo sonriendo Esme.
"Sí, probablemente nos molestaste a todos con tu preocupación de porque Bella no despertaba", bromeó Alice, se sentía bien poder volver a burlarse de él.
— ¿Está aquí?
Intenté incorporarme, pero se agravó el mareo de mi cabeza. Las manos de Edward me empujaron suavemente hacia las almohadas.
—Va a volver enseguida —me prometió—, y tú necesitas permanecer en reposo.
—Pero ¿qué le has dicho? —me aterré. No quería que me calmaran. Mamá estaba allí y yo me estaba recobrando del ataque de un vampiro
"¿Cuántos seres humanos pueden decir eso?" Emmett se rió entre dientes y Edward lo miró sombríamente.
—¿Por qué le has dicho que me habían hospitalizado?
—Rodaste por dos tramos de escaleras antes de caer por una ventana —
Eso fácilmente pudo haberle pasado", dijo Emmett, al mismo tiempo que Edward decía: ". Una excusa muy plausible"
Todos se rieron de eso.
hizo una pausa—. Has de admitir que pudo suceder.
Suspiré, y me dolió. Eché una ojeada por debajo de la sábana a la parte inferior de mi cuerpo, al enorme bulto que era mi pierna.
— ¿Cómo estoy?
—Tienes rotas una pierna y cuatro costillas, algunas contusiones en la cabeza y moraduras por todo el cuerpo y has perdido mucha sangre. Te han efectuado varias transfusiones. No me gusta, hizo que olieras bastante mal durante un tiempo.
"¿No es eso algo bueno?" Jasper le pregunto.
"Seguro me gusta su olor", dijo Edward sonriendo. "No podía ser el león masoquista sin ella."
—Eso debió de suponer un cambio agradable para ti.
—No, me gusta cómo hueles.
— ¿Cómo lo conseguiste? —pregunté en voz baja.
De inmediato, supo a qué me refería.
—No estoy seguro.
Rehuyó la mirada de mis ojos de asombro al tiempo que alzaba mi mano vendada y la sostenía gentilmente con la suya, teniendo mucho cuidado de no romper un cable que me conectaba a uno de los monitores.
Esperé pacientemente a que me contara lo demás.
Suspiró sin devolverme la mirada.
—Era imposible contenerse —susurró
"¿Cómo puede ser imposible si tu lo lograste?" Preguntó Emmett.
"No me pidas que lo explique... ni yo lo se", se rió Edward.
—imposible. Pero lo hice —al fin, alzó la mirada y esbozó una media sonrisa—. Debe de ser que te quiero.
— ¿No tengo un sabor tan bueno como mi olor?
Le devolví la sonrisa y me dolió toda la cara.
"Ni siquiera puede sonreír", dijo Edward, y su buen humor parecía evaporarse por completo.
—Mejor aún, mejor de lo que imaginaba.
"Genial", dijo Edward, totalmente deprimido nuevamente.
Lo siento —me disculpé.
"Oh Bella," Edward volvió a reír.
"Oh, nuestro vampiro alegre ha vuelto", bromeó Jasper.
"Ella está pidiendo disculpas por tener buen sabor", se rió Emmett.
Miró al techo.
—Tienes mucho por lo que disculparte.
— ¿Por qué debería disculparme?
—Por estar a punto de apartarte de mí para siempre.
—Lo siento —pedí perdón otra vez.
—Sé por qué lo hiciste —su voz resultaba reconfortante—. Sigue siendo una locura, por supuesto. Deberías haberme esperado, deberías habérmelo dicho.
—No me hubieras dejado ir.
"Por supuesto que no," dijo Edward. "Ese es el punto."
"Y ese es su punto también", dijo Carlisle.
—No —se mostró de acuerdo—. No te hubiera dejado.
Estaba empezando a rememorar algunos de los recuerdos más desagradables. Me estremecí e hice una mueca de dolor.
Edward se preocupó de inmediato.
—Bella, ¿qué te pasa?
— ¿Qué le ocurrió a James?
—Emmett y Jasper se encargaron de él después de que te lo quitase de encima —concluyó Edward, que hablaba con un hondo pesar.
"Él no tenía ninguna posibilidad", dijo sonriendo Emmett.
“Pr supuesto que no, después de todo el daño que causo” dijo Jasper alegre por si haber participado en su muerte después de todo.
"Yo ni siquiera llegue a golpearlo ", dijo Edward con los dientes apretados.
"Tú tenías que ayudar a Bella," Carlisle le recordó.
"Correcto", dijo Edward, si él tenía que elegir entre la venganza y Bella, el siempre elegiría a Bella.
"¿Qué pasa?" Preguntó Alice  a Jasper, este se había quedado pensativo de momento a otro.
"Me preguntaba cómo fui capaz de estar cerca de ella con... tanta sangre", dijo Jasper.
"Debes haber estado conteniendo la respiración..." Carlisle dijo. "Eso debería haber detenido tu instinto el tiempo suficiente."
"Pero no suprimirlo del todo," Jasper frunció el ceño.
"No, pero si lo suficiente para controlarlos” dijo Carlisle. "Tú eres más fuerte de lo que crees que eres."
"Puede ser", sonrió Jasper.
Aquello me confundió.
—No vi a ninguno de los dos allí.
—Tuvieron que salir de la habitación... Había demasiada sangre.
"Y, evidentemente, no nos quedamos mucho tiempo allí", dijo Emmett.
"Eso ha ayudado también", sonrió Jasper.
—Pero Alice y Carlísle... —apunté maravillada.
—Ya sabes, ambos te quieren.
"Yo sabía que la quería, ella es mi amiga", sonrió Alice.
De repente, el recuerdo de las dolorosas imágenes de la última vez que la había visto me recordó algo.
— ¿Ha visto Alice la cinta de vídeo? —pregunté con inquietud.
—Sí —una nueva nota endureció la voz de Edward, una nota de puro odio.
"Para James o para mis padres?" -Preguntó Alice de repente sombría. Ella había tratado de no pensar en lo que James había dicho, y había funcionado sobre todo porque estaba muy preocupada por Bella, pero tenía espacio para pensar en eso también (a veces odiaba que su mente vampiro podía pensar en tantas cosas al mismo tiempo). Podía imaginar lo que había sucedido. ¿Cómo ingreso al manicomio? ... encerrada en la oscuridad, y todo lo que podía pensar es que sus padres lo habían hecho. Ella debía haber sido dejado de lado... escondida. Ella realmente no le gustaba esa sensación...
"Ambos", respondió Edward, haciendo que ella lo mirará. Había algo en sus ojos, los ojos de su hermano favorito, que la conocía mejor que casi todo el mundo... (Oh, sí, su hermano, que sabía dónde iban sus pensamientos, pero aun así, él la conocía). Había algo en la mirada que
la hizo sentirse mejor. "Somos tu familia ahora".
Alice le dio una sonrisa radiante
—Alice siempre vivió en la oscuridad, por eso no recordaba nada.
—Lo sé, y ahora, ella por fin lo entiende todo —su voz sonaba tranquila, pero su rostro estaba oscurecido por la furia.
Intenté tocarle la cara con la mano libre, pero algo me lo impidió. Al bajar la mirada descubrí la vía intravenosa sujeta al dorso de la mano.
— ¡Ay! —exclamé con un gesto de dolor.
— ¿Qué sucede? —preguntó preocupado.
Se distrajo algo, pero no lo suficiente. Su mirada continuó teniendo un aspecto siniestro.
— ¡Agujas! —le expliqué mientras apartaba la vista de la vía intravenosa.
Emmett y Edward se echaron a reír.
Fijé la vista en un azulejo combado del techo e intenté respirar hondo a pesar del dolor en las costillas.
— ¡Te asustan las agujas! —murmuró Edward para sí en voz baja y moviendo la cabeza—. ¿Un vampiro sádico que pretende torturarla hasta la muerte? Claro, sin problemas, ella se escapa para reunirse con él. Pero una vía intravenosa es otra cosa...
"Estás bromeando con eso", dijo Jasper con incredulidad al mismo tiempo que Emmett se reía a carcajadas y Edward parecía igual de sorprendido. "Pensé que habrías estado de mal humor aún."
“Solo me queda decir que ella ya esta bien” dijo Edward.
Puse los ojos en blanco. Me alegraba saber que al menos su reacción estaba libre de dolor. Decidí cambiar de tema.
— ¿Por qué estás aquí?
"Ella quiere que me vaya", dijo Edward luciendo como si hubiera recibido la peor noticia en toda su existencia. Bueno no la peor, sino la segunda, la primera sería cuando Bella ya no estuviera en ese mundo.
Me miró fijamente; confundido al principio y herido después. Frunció el entrecejo hasta el punto de que las cejas casi se tocaron.
— ¿Quieres que me vaya?
— ¡No! —Protesté de inmediato, aterrada sólo de pensarlo—. No, lo que quería decir es ¿por qué cree mi madre que estás aquí? Necesito tener preparada mi historia antes de que ella vuelva.
"Oh," dijo Edward, dejando que el alivio lo alcanzara.
—Ah —las arrugas desaparecieron de su frente—. He venido a Phoenix para hacerte entrar en razón y convencerte de que vuelvas a Forks ——abrió los ojos con tal seriedad y sinceridad que hasta yo misma estuve a punto de creérmelo—. Aceptaste verme y acudiste en coche hasta el hotel en el que me alojaba con Carlisle y Alice. Yo estaba bajo la supervisión paterna, por supuesto
“Lo qué significa en realidad que hice que Carlisle este cerca mío, en caso de que algo te pasara", aclaró Edward.
—agregó en un despliegue de virtuosismo—, pero te tropezaste cuando ibas de camino a mi habitación y bueno, ya sabes el resto. No necesitas acordarte de ningún detalle, aunque dispones de una magnífica excusa para poder liar un poco los aspectos más concretos.
Lo pensé durante unos instantes.
—Esa historia tiene algunos flecos, como la rotura de los cristales...
"Al igual que no cubriría la coartada", se burló Alice, rodando los ojos. "¿Acaso piensa que somos novatos en esto?"
"Ella no conoce muy bien ese aspecto de nosotros todavía", señaló Edward.
—En realidad, no. Alice se ha divertido un poco preparando pruebas. Se ha puesto mucho cuidado en que todo parezca convincente. Probablemente, podrías demandar al hotel si así lo quisieras. No tienes de qué preocuparte —me prometió mientras me acariciaba la mejilla con el más leve de los roces—. Tu único trabajo es curarte.
No estaba tan atontada por el dolor ni la medicación como para no reaccionar a su caricia. El indicador del holter al que estaba conectada comenzó a moverse incontroladamente. Ahora, él no era el único en oír el errático latido de mi corazón.
“Por que? ¿Por qué Dios es tan cruel conmigo” dijo Emmett con aspecto triste.
“¿a que te refieres? Le pegunto Rosalie preocupada, Edward solo rodaba los ojos divertido.
“Quiero estar ahiiiiiii” dijo Emmett con los brazos cruzados “Sabes todo los siglos y siglos tendría para burlarme de Bellita si presenciara esta escena”
“Idiota” le dijo Rosalie pero también parecía divertida con las niñerías de su marido
—Esto va a resultar embarazoso —musité para mí.
Rió entre dientes y me estudió con la mirada antes de decir:
—Humm... Me pregunto si...
Se inclinó lentamente. El pitido se aceleró de forma salvaje antes de que sus labios me rozaran, pero cuando lo hicieron con una dulce presión, se detuvo del todo.
"Edward, no creo que debas hacer eso, no cuando ella necesita recuperarse", dijo Carlisle con severidad, por supuesto, Emmett estaba riéndose a carcajadas.
"Lo siento", sonrió Edward. "Probablemente no lo pude evitar.
Torció el gesto.
—Parece que debo tener contigo aún más cuidado que de costumbre...
—Todavía no había terminado de besarte —me quejé—. No me obligues a ir a por ti.
Esbozó una amplia sonrisa y se inclinó para besarme suavemente en los labios. El monitor enloqueció.
Pero en ese momento, los labios se tensaron y se apartó.
—Me ha parecido oír a tu madre ——comentó, sonriendo de nuevo.
—No te vayas —chillé.
"¿Cómo si eso fuera a ocurrir?", Edward rodó sus ojos. "Yo no soy capaz de de dejarla, por más que lo diga todo el tiempo."
Sentí una oleada irracional de pánico. No podía dejarle marchar... Podría volver a desaparecer. Edward leyó el terror de mis ojos en un instante y me prometió solemnemente:
—No lo haré —entonces, sonrió—. Me voy a echar una siesta.
“lo sabía” dijo Edward con suficiencia.
“Ya Eddy, todos sabemos que no eres capaz de separarte de Bella” le dijo Jasper, también se alegraba de poder volver a bromear con su hermano.
Se desplazó desde la dura silla de plástico situada cerca de mí hasta el sillón reclinable de cuero de imitación color turquesa que había al pie de mi cama. Se tumbó de espaldas y cerró los ojos. Se quedó totalmente quieto.
—Que no se te olvide respirar —susurré con sarcasmo.
Suspiró profundamente, pero no abrió los ojos.
Entonces oí a mi madre, que caminaba en compañía de otra persona, tal vez una enfermera. Su voz reflejaba cansancio y preocupación. Quise levantarme de un salto y correr hacia ella para calmarla y prometerle que todo iba bien. Pero no estaba en condiciones de hacerlo, por lo que aguardé con impaciencia.
La puerta se abrió una fracción y ella asomó la cabeza con cuidado.
— ¡Mamá! —susurré, henchida de amor y alivio.
Esme sonrío, siempre le gustaron este tipo de afectos entre una madre y un hijo.
Se percató de la figura inmóvil de Edward sobre el sillón reclinable y se dirigió de puntillas al lado de mi cama.
—Nunca se aleja de ti, ¿verdad? —musitó para sí.
"A ella no le gusto mucho", dijo Edward. "Después de lo que le hice a su hija."
"No le hiciste nada", argumentó Esme, ella podía ser muy terca a la hora de defender a uno de sus hijos - incluso de ellos mismos.
"En su mente, yo soy la razón por lo cual su hija se cayó por una ventana - y eso es mucho mejor que la verdad," dijo Edward. "No debería haber puesto la vida de Bella en peligro así..."
"Bella está muy bien, tu no la lastimaste", continuó Esme rebatiéndole.
"Bien," dijo Edward, dejando pasar el tema y comenzó a leer de nuevo.
—Mamá, ¡cuánto me alegro de verte!
Las cálidas lágrimas me cayeron sobre las mejillas al inclinarse para abrazarme con cuidado.
—Bella, me sentía tan mal...
—Lo siento, mamá, pero ahora todo va bien —la reconforté—, no pasa nada.
—Estoy muy contenta de que al final hayas abierto los ojos.
Se sentó al borde de mi cama.
De pronto me di cuenta de que no tenía ni idea de qué día era.
— ¿Qué día es?
—Es viernes, cielo, has permanecido desmayada bastante tiempo.
— ¿Viernes? —me sorprendí. Intenté recordar qué día fue cuando... No, no quería pensar en eso.
—Te han mantenido sedada bastantes horas, cielo. Tenías muchas heridas.
—Lo sé —me dolían todas.
—Has tenido suerte de que estuviera allí el doctor Cullen. Es un hombre encantador, aunque muy joven. Se parece más a un modelo que a un médico...
"Bueno, ella parece que le agrada Carlisle," Alice sonrió.
"Pero, ¿a quién no le agrada Carlisle?" Edward sonrió también.
— ¿Has conocido a Carlisle?
—Y a Alice, la hermana de Edward. Es una joven adorable.
"También le caigo bien," Alice sonrió.
"Ahora sí, eso es un poco difícil de creer", bromeó Edward.
"Oye," Alice lo miro mal.
—Lo es —me mostré totalmente de acuerdo.
Se giró para mirar a Edward, que yacía en el sillón con los ojos cerrados.
—No me habías dicho que tenías tan buenos amigos en Forks.
Me encogí, y luego me quejé.
— ¿Qué te duele? —preguntó preocupada, girándose de nuevo hacia mí.
Los ojos de Edward se centraron en mi rostro.
—Estoy bien —les aseguré—, pero debo acordarme de no moverme.
Edward volvió a reclinarse y sumirse en su falso sueño.
Aproveché la momentánea distracción para mantener la conversación lejos de mi más que candido comportamiento.
— ¿Cómo está Phil? —pregunté rápidamente.
—En Florida. ¡Ay, Bella, nunca te lo hubieras imaginado! Llegaron las mejores noticias justo cuando estábamos a punto de irnos.
— ¿Ha firmado? —aventuré.
—Sí. ¿Cómo lo has adivinado?
"Fue un poco obvio, incluso para Bella de todos modos", dijo Alice.
-Ha firmado con los Suns, ¿te lo puedes creer?
—Eso es estupendo, mamá —contesté con todo el entusiasmo que fui capaz de simular, aunque no tenía mucha idea de a qué se estaba refiriendo.
—Jacksonville te va a gustar mucho —dijo efusivamente
"Como si ella quisiera ir a Jacksonville", dijo Alice, rodando los ojos.
"Ella debe ir", dijo Edward con aspecto deprimido y con otra emoción que era más difícil de leer. "Será más seguro para ella..."
"Nunca estará de acuerdo a eso", dijo Alice. "Y no puedes obligarla."
"Lo sé", suspiró Edward, con alivio en sus ojos.
—Me preocupé un poco cuando Phil empezó a hablar de ir a Akron, con toda esa nieve y el mal tiempo, ya sabes cómo odio el frío. Pero ¡Jacksonville! Allí siempre luce el sol, y en realidad la humedad no es tan mala. Hemos encontrado una casa de primera, de color amarillo con molduras blancas, un porche idéntico al de las antiguas películas y un roble enorme. Está a sólo unos minutos del océano y tendrás tu propio cuarto de baño...
—Aguarda un momento, mamá —la interrumpí. Edward mantuvo los ojos cerrados, pero parecía demasiado crispado para poder dar la impresión de que estaba dormido——. ¿De qué hablas? No voy a ir a Florida. Vivo en Forks.
"Ves," dijo Alice sonriendo
—Pero ya no tienes que seguir haciéndolo, tonta —se echó a reír—. Phil ahora va a poder estar más cerca... Hemos hablado mucho al respecto y lo que voy a hacer es perderme los partidos de fuera para estar la mitad del tiempo contigo y la otra mitad con él...
—Mamá —vacilé mientras buscaba la mejor forma de mostrarme diplomática—, quiero vivir en Forks. Ya me he habituado al instituto y tengo un par de amigas... —ella miró a Edward mientras le hablaba de mis amigas, por lo que busqué otro tipo de justificación—. Además, Charlie me necesita. Está muy solo y no sabe cocinar.
— ¿Quieres quedarte en Forks? —me preguntó aturdida. La idea le resultaba inconcebible.
"Oh, ella sabe la razón," dijo Alice. "Y no le va a gustar."
Entonces volvió a posar sus ojos en Edward—. ¿Por qué?
—Te lo digo... El instituto, Charlie... —me encogí de hombros. No fue una buena idea—. ¡Ay!
Emmett se rió entre dientes.
Sus manos revolotearon de forma indecisa encima de mí mientras encontraba un lugar adecuado para darme unas palmaditas. Y lo hizo en la frente, que no estaba vendada.
—Bella, cariño, tú odias Forks —me recordó.
—No es tan malo.
Renée frunció el gesto. Miraba de un lado a otro, ora a Edward, ora a mí, en esta ocasión con detenimiento.
— ¿Se trata de este chico? —susurró.
Abrí la boca para mentir, pero estaba estudiando mi rostro y supe que lo descubriría.
—En parte, sí —admití. No era necesario confesar la enorme importancia de esa parte—. Bueno ——pregunté—, ¿no has tenido ocasión de hablar con Edward?
—Sí —vaciló mientras contemplaba su figura perfectamente inmóvil—, y quería hablar contigo de eso.
Oh, oh.
— ¿De qué?
—Creo que ese chico está enamorado de ti —me acusó sin alzar el volumen de la voz.
"Nah, en serio?", se rió Emmett.
—Eso creo yo también —le confié.
— ¿Y qué sientes por él? —mamá apenas podía controlar la intensa curiosidad en la voz.
Suspiré y miré hacia otro lado. Por mucho que quisiera a mi madre, ésa no era una conversación que quisiera sostener con ella.
—Estoy loca por él.
¡Ya estaba dicho! Eso se parecía demasiado a lo que diría una adolescente sobre su primer novio.
—Bueno, parece muy buena persona, y, ¡válgame Dios!, es increíblemente bien parecido, pero, Bella, eres tan joven...
Hablaba con voz insegura. Hasta donde podía recordar, ésta era la primera vez que había intentado parecer investida de autoridad materna desde que yo tenía ocho años. Reconocí el razonable pero firme tono de voz de las conversaciones que había tenido con ella sobre los hombres.
Ella habló con Bella sobre los hombres a las ocho," dijo Esme. "¿No era un poco joven?".
—Lo sé, mamá. No te preocupes. Sólo es un enamoramiento de adolescente —la tranquilicé.
"Si eso es sólo un enamoramiento... me gustaría verla enamorada", se rió Emmett. "Ella ya está completamente obsesionada contigo."
—Está bien —admitió. Era fácil de contentar.
Entonces, suspiró y giró la cabeza para contemplar el gran reloj redondo de la pared.
— ¿Tienes que marcharte?
Se mordió el labio.
—Se supone que Phil llamará dentro de poco... No sabía que ibas a despertar...
—No pasa nada, mamá —intenté disimular el alivio que sentía para no herir sus sentimientos—. No me quedo sola.
—Pronto estaré de vuelta. He estado durmiendo aquí, ya lo sabes —anunció, orgullosa de sí misma.
—Mamá, ¡no tenías por qué hacerlo! Podías dormir en casa. Ni siquiera me di cuenta.
El efecto de los calmantes en mi mente dificultaba mi concentración incluso en ese momento, aunque al parecer había estado durmiendo durante varios días.
—Estaba demasiado nerviosa —admitió con vergüenza—. Se ha cometido un delito en el vecindario y no me gustaba quedarme ahí sola.
— ¿Un delito? —pregunté alarmada.
—Alguien irrumpió en esa academia de baile que había a la vuelta de la esquina y la quemó hasta los cimientos... ¡No ha quedado nada! Dejaron un coche robado justo en frente. ¿Te acuerdas de cuando ibas a bailar allí, cariño?
"Quizás recuerde levemente el lugar", sonrió Emmett, pero todos los demás se tensaron ante la mención del estudio de ballet.
—Me acuerdo —me estremecí y acto seguido hice una mueca de dolor.
—Me puedo quedar, niña, si me necesitas.
—No, mamá, voy a estar bien. Edward estará conmigo.
Renée me miró como si ése fuera el motivo por el que quería quedarse.
—Estaré de vuelta a la noche.
Parecía mucho más una advertencia que una promesa, y miraba a Edward mientras pronunciaba esas palabras.
—Te quiero, mamá.
—Y yo también, Bella. Procura tener más cuidado al caminar, cielo. No quiero perderte.
"Consejos válidos para ella, aunque esta vez no fue el caso", se rió Emmett.
“Emmett deja de reírte de Bella” le dijo Edward seriamente.
Edward continuó con los ojos cerrados, pero una enorme sonrisa se extendió por su rostro.
“Y porque tú si te ríes?”dijo Emmett alzando una ceja.
“La diferencia es que ese no soy yo “dijo Edward rodando los ojos.
“Como sea, igual te reíste” dijo Emmett sin rendirse.
En ese momento entró animadamente una enfermera para revisar todos los tubos y goteros. Mi madre me besó en la frente, me palmeó la mano envuelta en gasas y se marchó.
La enfermera estaba revisando la lectura del gráfico impreso por mi holter.
— ¿Te has sentido alterada, corazón? Hay un momento en que tu ritmo cardiaco ha estado un poco alto.
—Estoy bien —le aseguré.
—Le diré a la enfermera titulada que se encarga de ti que te has despertado. Vendrá a verte enseguida.
Edward estuvo a mi lado en cuanto ella cerró la puerta.
— ¿Robasteis un coche?
Arqueé las cejas y él sonrió sin el menor indicio de arrepentimiento.
—Era un coche estupendo, muy rápido.
“Pobre coche” dijo Rosalie
— ¿Qué tal tu siesta?
—Interesante —contestó mientras entrecerraba los ojos.
— ¿Qué ocurre?
—Estoy sorprendido —bajó la mirada mientras respondía—. Creí que Florida y tu madre... Creí que era eso lo que querías.
Le miré con estupor.
—Pero en Florida tendrías que permanecer dentro de una habitación todo el día. Sólo podrías salir de noche, como un auténtico vampiro.
"Soy un vampiro de verdad", se burló Edward sonriendo.
"Edward, ¿tienes que andarle diciendo esas cosas cuando ella ya se encuentra tan mal”, reprendió Esme.
"Lo siento, supongo que tengo que sacarlo de mi pecho", suspiró Edward.
Casi sonrió, sólo casi. Entonces, su rostro se tornó grave.
—Me quedaría en Forks, Bella, allí o en otro lugar similar —explicó—. En un sitio donde no te pueda causar más daño.
Al principio, no entendí lo que pretendía decirme. Continué observándole con la mirada perdida mientras las palabras iban encajando una a una en mi mente como en un horrendo puzzle. Apenas era consciente del sonido de mi corazón al acelerarse, aunque sí lo fui del dolor agudo que me producían mis maltrechas costillas cuando comencé a hiperventilar.
Edward no dijo nada. Contempló mi rostro con recelo cuando un dolor que no tenía nada que ver con mis huesos rotos, uno infinitamente peor, amenazaba con aplastarme.
"Edward, dile que no la vas a dejar", ordenó Esme.
“No puedo” dijo Edward “Ese no soy yo, y si eso es lo mejor, tendré que aceptarlo”
Otra enfermera entró muy decidida en ese momento. Edward se sentó, inmóvil como una estatua, mientras ella evaluaba mi expresión con ojo clínico antes de volverse hacia las pantallas de los indicadores.
— ¿No necesitas más calmantes, cariño? —preguntó con amabilidad mientras daba pequeños golpecitos para comprobar el gotero del suero.
—No, no —mascullé, intentando ahogar la agonía de mi voz—. No necesito nada.
No me podía permitir cerrar los ojos en ese momento.
“Edward” dijo Alice fulminándolo con la mirada.
El solo la ignoro.
—No hace falta que te hagas la valiente, cielo. Es mejor que no te estreses. Necesitas descansar —ella esperó, pero me limité a negar con la cabeza—. De acuerdo. Pulsa el botón de llamada cuando estés lista.
Dirigió a Edward una severa mirada y echó otra ojeada ansiosa a los aparatos médicos antes de salir.
Edward puso sus frías manos sobre mi rostro. Le miré con ojos encendidos.
—Shhh... Bella, cálmate.
—No me dejes —imploré con la voz quebrada.
—No lo haré —me prometió.
Edward suspiro aliviado, realmente no sabía si iba a ser capaz de irse, aunque eso fuera lo mejor.
—Ahora, relájate antes de que llame a la enfermera para que te sede.
Pero mi corazón no se serenó.
—Bella —me acarició el rostro con ansiedad—. No pienso irme a ningún sitio. Estaré aquí tanto tiempo como me necesites.
— ¿Juras que no me vas a dejar? —susurré.
Intenté controlar al menos el jadeo. Tenía un dolor punzante en las costillas.
En ese momento Edward ya no sabía que pensar, si ella sufriría tanto como él con la separación, ¿era realmente lo mejor alejarse?
Edward puso sus manos sobre el lado opuesto de mi cara y acercó su rostro al mío. Me contempló con ojos serios.
—Lo juro.
El olor de su aliento me alivió. Parecía atenuar el dolor de mi respiración. Continuó sosteniendo mi mirada mientras mi cuerpo se relajaba lentamente y el pitido recuperó su cadencia normal. Hoy, sus ojos eran oscuros, más cercanos al negro que al dorado.
— ¿Mejor? —me preguntó.
—Sí —dije cautelosa.
Sacudió la cabeza y murmuró algo ininteligible. Creí entender las palabras «reacción exagerada».
"No, tú eres el lento", dijo Alice. "Ella ... no ... quiere ... que ... la ... dejes ..." agregó dolorosamente lento para tratar de conseguir atravesar el cráneo grueso de Edward.
"Lo sé", dijo Edward, y había algo en su mirada que asusta un poco a Alice. Lo
dejó pasar... por ahora.
— ¿Por qué has dicho eso? —Susurré mientras intentaba evitar que me temblara la voz—. ¿Te has cansado de tener que salvarme todo el tiempo? ¿Quieres que me aleje de ti?
“No, por favor no” susurro Edward.
—No, no quiero estar sin ti, Bella, por supuesto que no. Sé racional. Y tampoco tengo problema alguno en salvarte de no ser por el hecho de que soy yo quien te pone en peligro..., soy yo la razón por la que estás aquí.
—Sí, tú eres la razón —torcí el gesto—. La razón por la que estoy aquí... viva.
"Ella me perdono ..." Edward sonrió.
—Apenas —dijo con un hilo de voz—. Cubierta de vendas y escayola, y casi incapaz de moverte.
—No me refería a la última vez en que he estado a punto de morir —repuse con creciente irritación—. Estaba pensando en las otras, puedes elegir cuál. Estaría criando malvas en el cementerio de Forks de no ser por ti.
Edward se tensó por las imágenes que esas palabras habían provocado.
Su rostro se crispó de dolor al oír mis palabras y la angustia no abandonó su mirada.
—Sin embargo, ésa no es la peor parte —continuó susurrando. Se comportó como si yo no hubiera hablado—. Ni verte ahí, en el suelo, desmadejada y rota —dijo con voz ahogada—, ni pensar que era demasiado tarde, ni oírte gritar de dolor... Podría haber llevado el peso de todos esos insufribles recuerdos durante el resto de la eternidad. No, lo peor de todo era sentir, saber que no podría detenerme, creer que iba a ser yo mismo quien acabara contigo.
Edward lucia torturado nuevamente, había estado tan cerca d matarla.
“Edward, ella está bien” le dijo Jasper me estas volviendo loco con tantos cambios de humor.
—Pero no lo hiciste.
—Pudo ocurrir con suma facilidad.
Sabía que necesitaba calmarme, pero estaba hablando para sí mismo de dejarme, y el pánico revoloteó en mis pulmones, pugnando por salir.
—Promételo —susurré.
— ¿Qué?
—Ya sabes el qué.
Había decidido mantener obstinado una negativa y yo me estaba empezando a enfadar. Apreció el cambio operado en mi tono de voz y su mirada se hizo más severa.
—Al parecer, no tengo la suficiente voluntad para alejarme de ti, por lo que supongo que tendrás que seguir tu camino... Con independencia de que eso te mate o no —añadió con rudeza.
“Hijo, creo que no debes hablarle así a Bella en estos momentos” le dijo Carlisle mirándolo seriamente “Ella necesita estar tranquila en estos momentos”
No me lo había prometido. Un hecho que yo no había pasado por alto. Contuve el pánico a duras penas. No me quedaban fuerzas para controlar el enojo.
—Me has contado cómo lo evitaste... Ahora quiero saber por qué —exigí.
"¿Qué?" dijo Edward.
"¿Quiere ser un vampiro?" Alice preguntó “si eso es lo que ella quiere, todo sería más fácil, sin necesidad de que esto ocurra...”
"No," susurró Edward.
"Pero si es lo que ella quiere?" Alice dijo.
"No sabe lo que quiere", Edward y Rosalie susurraron.
"Ya veremos", dijo Alice con aire de suficiencia.
"No importa si ella dice que es lo que quiere", dijo Edward. "Ella no sabe lo que pide ... Ella no sabe realmente lo que es ser un vampiro."
“Edward, no puedes condenarla a esta vida” le dijo Rosalie.
"Así que no les importa si esa es su decisión?" Alice preguntó.
"Ella no se convertirá en un vampiro", dijo Edward, dando un punto final.
— ¿Por qué? —repitió a la defensiva.
¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no te limitaste a dejar que se extendiera la ponzoña? A estas alturas, sería como tú.
Edward gruño.
Los ojos de Edward parecieron volverse de un negro apagado. Entonces comprendí que jamás había tenido intención de permitir que me enterase de aquello. Alice debía de haber estado demasiado preocupada por las cosas que acababa de saber sobre su pasado o se había mostrado muy precavida con sus pensamientos mientras estuvo cerca de Edward, ya que estaba muy claro que éste no sabía que ella me había iniciado en el conocimiento del proceso de la conversión en vampiro. Estaba sorprendido y furioso. Bufó, y sus labios parecían cincelados en piedra.
No me iba a responder, eso estaba más que claro.
—Soy— la primera en admitir que carezco de experiencia en las relaciones —dije—, pero parece lógico que entre un hombre y una mujer ha de haber una cierta igualdad, uno de ellos no puede estar siempre lanzándose en picado para salvar al otro. Tienen que poder salvarse el uno al otro por igual.
"Ella tiene un punto", dijo Alice.
"No," gruñó Edward y la miró mal.
Se cruzó de brazos junto a mi cama y apoyó en los míos su mentón con el rostro sosegado y la ira contenida. Evidentemente, había decidido no enfadarse conmigo. Esperaba tener la oportunidad de avisar a Alice antes de que los dos se pusieran al día en ese tema.
"Gracias por la intencion", dijo Alice mientras Edward la miró. "Pero no creo que realmente una advertencia me ayudara con alguien tan chismoso"
—Tú me has salvado —dijo con voz suave.
—No puedo ser siempre Lois Lane —insistí—. Yo también quiero ser Superman.
"Un vampiro no es un superhéroe!" Edward dijo. "Ella nos glorifica pero no tiene ni idea de lo que está pidiendo!"
"¿Por qué eres tan terco?", dijo Alice con el ceño fruncido.
“Edward no me pongo de lado de ninguno, pero porfavor solo piénsalo”dijo Esme
—No sabes lo que me estás pidiendo.
Su voz era dulce, pero sus ojos miraban fijamente la funda de la almohada.
—Yo creo que sí.
—Bella, no lo sabes. Llevo casi noventa años dándole vueltas al asunto, y sigo sin estar seguro
— ¿Desearías que Carlisle no te hubiera salvado?
—No, eso no —hizo una pausa antes de continuar—. Pero mi vida terminó y no he empezado nada.
—Tú eres mi vida. Eres lo único que me dolería perder.
"Justo cuando me estaba empezando a gustar", murmuró Rosalie todos sabían que ella daría todo por recuperar su humanidad.
Así, iba a tener más éxito. Resultaba fácil admitir lo mucho que le necesitaba.
Pero se mostraba muy calmado. Resuelto.
—No puedo, Bella. No voy a hacerte eso.
— ¿Por qué no? —tenía la voz ronca y las palabras no salían con el volumen que yo pretendía—. ¡No me digas que es demasiado duro! Después de hoy, supongo que en unos días... Da igual, después, eso no sería nada.
"Ella tiene un punto", dijo Emmett, parecía que él también quería que Bella se convirtiera en un vampiro.
"Podría haber un punto, pero eso es irrelevante", dijo Edward con fiereza.
Me miró fijamente y preguntó con sarcasmo:
— ¿Y el dolor?
Palidecí. No lo pude evitar. Pero procuré evitar que la expresión de mi rostro mostrara con qué nitidez recordaba la sensación el fuego en mis venas.
—Ése es mi problema —dije—, podré soportarlo.
—Es posible llevar la valentía hasta el punto de que se convierta en locura.
—Eso no es ningún problema. Tres días. ¡Qué horror!
Edward hizo una mueca cuando mis palabras le recordaron que estaba más informada de lo que era su deseo. Le miré conteniendo el enfado, contemplando cómo sus ojos adquirían un brillo más calculador.
— ¿Y qué pasa con Charlie y Renée? —inquirió lacónicamente.
"Ah, tu mejor defensa", dijo Alice. "Esto funcionará por ahora Edward, pero no para siempre."
"Entonces tendré que pensar en  algo más", dijo Edward.
Los minutos transcurrieron en silencio mientras me devanaba los sesos para responder a su pregunta. Abrí la boca sin que saliera sonido alguno. La cerré de nuevo. Esperó con expresión triunfante, ya que sabía que yo no tenía ninguna respuesta sincera.
—Mira, eso tampoco importa —musité al fin; siempre que mentía mi voz era tan poco convincente como en este momento—. Renée ha efectuado las elecciones que le convenían... Querría que yo hiciera lo mismo. Charlie es de goma, se recuperará, está acostumbrado a ir a su aire. No puedo cuidar de ellos para siempre, tengo que vivir mi propia vida.
—Exactamente —me atajó con brusquedad—, y no seré yo quien le ponga fin.
—Si esperas a que esté en mi lecho de muerte, ¡tengo noticias para ti! ¡Ya estoy en él!
"Gracias a Dios que no lo dijo antes de este incidente," dijo Edward.
"Le habrías permitido convertirse en un vampiro, entonces?" Alice preguntó con escepticismo.
"No", se burló Edward. "Pero ella hubiera dado mas y mas argumentos,”
"No se puede discutir contigo," Alice hizo una mueca, si la Bella de esta realidad quería también convertirse en vampiro, tenía que pensar en algo para ayudarla a convencer al cabeza dura de Edward.
—Te vas a recuperar —me recordó.
Respiré hondo para calmarme, ignorando el espasmo de dolor que se desató. Nos miramos de hito en hito. En su rostro no había el menor atisbo de compromiso.
—No —dije lentamente—. No es así.
Su frente se pobló de arrugas.
—Por supuesto que sí. Tal vez te queden un par de cicatrices, pero...
—Te equivocas —insistí—. Voy a morir.
"¿Qué es lo que ocurre?" dijo Carlisle "No he oído nada de lo que pareciera potencialmente peligroso para ella."
Emmett por otro lado se estaba riendo a carcajada limpia y pronto Edward gruñó exasperado.
—De verdad, Bella. Vas a salir de aquí en cuestión de días —ahora estaba preocupado—. Dos semanas a lo sumo.
Le miré.
—Puede que no muera ahora, pero algún día moriré. Estoy más cerca de ello a cada minuto que pasa. Y voy a envejecer.
"Yo estaba en lo cierto", sonrió Emmett ante la mirada incrédula de todos.
Frunció el ceño cuando comprendió mis palabras al tiempo que cerraba los ojos y presionaba sus sienes con los dedos.
—Se supone que la vida es así, que así es como debería ser, como hubiera sido de no existir yo, y yo no debería existir.
“Exacto” dijo Edward
En  este punto ya todos lo miraban exasperados (con una excepción) por ser tan poco razonable.
Resoplé y él abrió los ojos sorprendido.
—Eso es una estupidez. Es como si alguien a quien le ha tocado la lotería dice antes de recoger el dinero: «Mira, dejemos las cosas como están. Es mejor así», y no lo cobra.
"Yo no soy un premio de lotería," dijo Edward.
"No, eres mucho mejor", dijo Esme.
—Difícilmente se me puede considerar un premio de lotería.
—Cierto. Eres mucho mejor.
"Ves,  escucha a Bella y dejar de preocuparte," dijo Esme.
Puso los ojos en blanco y esbozó una sonrisa forzada.
—Bella, no vamos a discutir más este tema. Me niego a condenarte a una noche eterna. Fin del asunto.
"¿No sabes cuan obstinada es ella?" Emmett dijo. "Ella no va a renunciar tan fácilmente."
"Y ella consigue todo que se proponga, recuerda", agregó Jasper.
Tú también", se quejó Edward hacia a Jasper.
"Me gustaría realmente ser capaz de estar cerca de ella", dijo Jasper.
"Bueno, ella no va a conseguirlo esta vez", dijo Edward obstinadamente.
—Me conoces muy poco si te crees que esto se ha acabado —le avise—. No eres el único vampiro al que conozco.
El color de sus ojos se oscureció de nuevo.
—Alice no se atrevería.
Parecía tan aterrador que durante un momento no pude evitar creerlo. No concebía que alguien fuera tan valiente como para cruzarse en su camino.
—Alice ya lo ha visto, ¿verdad? —aventuré—. Por eso te perturban las cosas que te dice. Sabe que algún día voy a ser como tú...
—Ella también se equivoca. Te vio muerta, pero eso tampoco ha sucedido.
—Jamás me verás apostar contra Alice.
Alice sonrío con suficiencia.
"Nunca pensé que lo haría, pero lo haré", dijo Edward con confianza y Alice no le gustaba esa confianza.
Estuvimos mirándonos largo tiempo, sin más ruido que el zumbido de las máquinas, el pitido, el goteo, el tictac del gran reloj de la pared... Al final, la expresión de su rostro se suavizó.
—Bueno —le pregunté—, ¿dónde nos deja eso?
Edward se rió forzadamente entre dientes.
—Creo que se llama punto muerto.
Suspiré.
— ¡Ay! —musité.
— ¿Cómo te encuentras? —preguntó con un ojo puesto en el botón de llamada.
—Estoy bien —mentí.
—No te creo —repuso amablemente.
—No me voy a dormir de nuevo.
—Necesitas descansar. Tanto debate no es bueno para ti.
—Así que te rindes —insinué.
—Buen intento.
Alargó la mano hacia el botón.
— ¡No!
Me ignoró.
— ¿Sí? —graznó el altavoz de la pared.
—Creo que es el momento adecuado para más sedantes —dijo con calma, haciendo caso omiso de mi expresión furibunda.
—Enviaré a la enfermera —fue la inexpresiva contestación.
—No me los voy a tomar —prometí.
"Ella no tiene opción," se rió entre dientes Carlisle.
Buscó con la mirada las bolsas de los goteros que colgaban junto a mi cama.
—No creo que te vayan a pedir que te tragues nada.
Comenzó a subir mi ritmo cardiaco. Edward leyó el pánico en mis ojos y suspiró frustrado.
—Bella, tienes dolores y necesitas relajarte para curarte. ¿Por qué lo pones tan difícil? Ya no te van a poner más agujas.
—No temo a las agujas —mascullé—, tengo miedo a cerrar los ojos.
"Tu constante mención de dejarla la tiene tan aterrada que ni siquiera puede cerrar los ojos" Alice miró fijamente a Edward.
"Le dije que no iría a ninguna parte", Edward  rodó sus ojos.
Entonces, él esbozó esa sonrisa picara suya y tomó mi rostro entre sus manos.
—Te dije que no iba a irme a ninguna parte. No temas, estaré aquí mientras eso te haga feliz.
Le devolví la sonrisa e ignoré el dolor de mis mejillas.
—Entonces, es para siempre, ya lo sabes.
—Vamos, déjalo ya. Sólo es un enamoramiento de adolescente.
Sacudí la cabeza con incredulidad y me mareé al hacerlo.
—Me sorprendió que Renée se lo tragara. Sé que me conoces mejor.
—Eso es lo hermoso de ser humano —me dijo—. Las cosas cambian.
"No creo que eso sea verdad para ella", dijo Alice, entornando los ojos a Edward.
Se me cerraron los ojos.
—No te olvides de respirar —le recordé.
Seguía riéndose cuando la enfermera entró blandiendo una jeringuilla.
—Perdón —dijo bruscamente a Edward, que se levantó y cruzó la habitación hasta llegar al extremo opuesto, donde se apoyó contra la pared.
Se cruzó de brazos y esperó. Mantuve los ojos fijos en él, aún con aprensión. Sostuvo mi mirada con calma.
—Ya está, cielo —dijo la enfermera con una sonrisa mientras inyectaba las medicinas en la bolsa del gotero—. Ahora te vas a sentir mejor.
—Gracias —murmuré sin entusiasmo.
Las medicinas actuaron enseguida. Noté cómo la somnolencia corría por mis venas casi de inmediato.
—Esto debería conseguirlo —contestó ella mientras se me cerraban los párpados.
Luego, debió de marcharse de la habitación, ya que algo frío y liso me acarició el rostro.
—Quédate —dije con dificultad.
—Lo haré —prometió. Su voz sonaba tan hermosa como una canción de cuna— Como te dije, me quedaré mientras eso te haga feliz, todo el tiempo que eso sea lo mejor para ti.
Intenté negar con la cabeza, pero me pesaba demasiado.
—No es lo mismo —mascullé.
"Sí, lo es", dijo Alice. "Lastima que no quieras entender que lo MEJOR para ella eres tu."
Edward no res`pondio.
Se echó a reír.
—No te preocupes de eso ahora, Bella. Podremos discutir cuando despiertes.
Creo que sonreí.
—Vale.
Sentí sus labios en mi oído cuando susurró:
—Te quiero.
—Yo, también.
—Lo sé —se rió en voz baja.
Ladeé levemente la cabeza en busca de... adivinó lo que perseguía y sus labios rozaron los míos con suavidad.
—Gracias —suspiré.
—Siempre que quieras.
En realidad, estaba perdiendo la consciencia por mucho que luchara, cada vez más débilmente, contra el sopor. Sólo había una cosa que deseaba decirle.
— ¿Edward? —tuve que esforzarme para pronunciar su nombre con claridad.
— ¿Sí?
—Voy a apostar a favor de Alice.
Todos se rieron, al tiempo que Edward suspiraba, "Mi Bella es tan terca”
Y entonces, la noche se me echó encima.
"Así que vas a decirnos que vas a hacer Edward?" Alice preguntó, mirándolo con recelo.
Él suspiró y se frotó el puente de la nariz. "Creo que lo mejor es que terminamos el primer libro," Edward dijo finalmente. "Sólo queda un capítulo."
"Está bien", dijo Alice dándole a entender que no lo dejaría pasar esta vez" Esme puedes leer a continuación."
“De acuerdo” dijo Esme.



Bueno, que tal quedo??? Les gusto???? Merezco comentarios???? Espero que si :P



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