jueves, 21 de junio de 2012

La fiesta


Aviso: Los libros aquí transcriptos y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia original “Reading New Moon” a Choices HP, yo solo la traduzco, todo esto es sin ánimos de lucro, solo por mero entretenimiento.
"Muy buena introducción," murmuró Jasper y luego leyó. "Capítulo uno: La fiesta
“Tendremos una fiesta” dijo Alice aplaudiendo.
Estaba segura de que era un sueño en un noventa y nueve por ciento.
Las razones de esa certeza casi absoluta eran, en primer lugar, que permanecía en pie recibiendo de pleno un brillante rayo de sol, la clase de sol intenso y cegador que nunca brillaba en mi actual hogar de Forks, Washington, donde siempre lloviznaba; y en segundo lugar, porque estaba viendo a mi abuelita Marie, que había muerto hacía seis años. Esto, sin duda, ofrecía una seria evidencia a favor de la teoría del sueño.
"Creo que ella tiene razón entonces" murmuró Emmett
La abuela no había cambiado mucho. Su rostro era tal y como lo recordaba; la piel suave tenía un aspecto marchito y se plegaba en un millar de finas arrugas debajo de las cuales se traslucía con delicadeza el hueso, como un melocotón seco, pero aureolado con una mata de espeso pelo blanco de aspecto similar al de una nube.
Nuestros labios —los suyos fruncidos en una miríada de arrugas— se curvaron a la vez con una media sonrisa de sorpresa. Al parecer, tampoco ella esperaba verme.
"Ella tiene unos sueños muy peculiares", dijo Carlisle, quedando pensativo.
Estaba a punto de preguntarle algo, era tanto lo que quería saber... ¿Qué hacía en mi sueño? ¿Dónde había permanecido los últimos seis años? ¿Estaba bien el abuelo? ¿Se habían encontrado dondequiera que estuvieran? Pero ella abrió la boca al mismo tiempo que yo y me detuve para dejarla hablar primero.
"Por supuesto", dijo Edward sonriendo. "Siempre educada."
Ella hizo lo mismo y ambas sonreímos, ligeramente incómodas.
—¿Bella?
No era ella la que había pronunciado mi nombre, por lo que ambas nos volvimos para ver quién se unía a nuestra pequeña reunión. En realidad, yo no necesitaba mirar para saberlo. Era una voz que habría reconocido en cualquier lugar,
"Aaaah Eddy  estas en sus sueños una vez más," dijo Emmett y la sonrisa de Edward creció aún más.
 y a la que también hubiera respondido, ya estuviera dormida o despierta. ..o incluso muerta, estoy casi segura.
La voz por la que habría caminado sobre el fuego o, con menos dramatismo, por la que chapotearía todos los días de mi vida entre el frío y la lluvia incesante.
"Forks no es tan malo", se quejó Edward, odiando pensar que su presencia la hacía infeliz de alguna manera.
“Ya quedo claro en el libro pasado que consideraba a Forks como su hogar” dijo Alice rodando sus ojos.
Edward.
Aunque me moría de ganas por verle —consciente o no— y estaba casi segura de que se trataba de un sueño, me entró el pánico a medida que Edward se acercaba a nosotras caminando bajo la deslumbrante luz del sol.
"Bueno, eso no es realmente sorprendente", sonrió Edward. "Ella siempre entra en pánico más de lo necesario."
"Sí, es una de sus mejores cualidades," rió Emmett.
Me asusté porque la abuela ignoraba que yo estaba enamorada de un vampiro —nadie lo sabía— y no se me ocurría la forma de explicarle el hecho de que los brillantes rayos del sol se quebraran sobre su piel en miles de fragmentos de arco iris, como si estuviera hecho de cristal o de diamante.
"Sólo puedes decir, abuelita, este es mi novio, y no te preocupes por el brillo ... él simplemente hace eso al sol", se rió Emmett.
Bien, abuelita, quizás te hayas dado cuenta de que mi novio resplandece. Es algo que le pasa cuando se expone al sol, pero no te preocupes...
"Exactamente", dijo Emmett satisfecho mientras seguía riendo.
Pero ¿qué hacía él aquí? La única razón de que viviera en Forks, el lugar más lluvioso del mundo, era poder salir a la luz del día sin que quedara expuesto el secreto de su familia. Sin embargo, ahí estaba; se acercaba, como si yo estuviera sola, con ese andar suyo tan grácil y despreocupado y esa hermosísima sonrisa en su angelical rostro.
"Oh", suspiró Edward, rodando los ojos.
"¿Qué?" Emmett cuestiono.
"No pensé que ella se preocupara por eso..." murmuró Edward para sí mismo, como si la habitación llena de vampiros no le oyera y luego le respondió a Emmett. "Ya lo verás."
En ese momento deseé no ser la excepción de su misterioso don.
"Ojalá que mi don funcionara", dijo Edward.
"¿Así que te gustaría oírla todo el tiempo?" Emmett sonrió.
"Por supuesto", dijo Edward sonriéndole a su hermano. "Daría todo, sólo para oír su voz en mi cabeza."
En general, agradecía ser la única persona cuyos pensamientos no podía oír con la misma claridad que si los expresara en voz alta, pero ahora hubiera deseado que oyera el aviso que le gritaba en mi fuero interno.
"Caray relájate Bella, es sólo un sueño", dijo Emmett. "Y si no lo fuera, creo que tu abuela muerta podría lidiar con eso."
Lancé una mirada aterrada a la abuela y me percaté de que era demasiado tarde. En ese instante, ella se volvió para mirarme y sus ojos expresaron la misma alarma que los míos.
Edward continuó sonriendo de esa forma tan arrebatadora que hacía que mi corazón se desbocase y pareciera a punto de estallar dentro de mi pecho. Me pasó el brazo por los hombros y se volvió para mirar a mi abuela.
Su expresión me sorprendió. Me miraba avergonzada, como si esperara una reprimenda, en vez de horrorizarse.
"Eso es raro...", dijo Emmett luciendo confundido.
 Mantuvo aquel extraño gesto y separó torpemente un brazo del cuerpo; luego, lo alargó y curvó en el aire como si abrazara a alguien a quien no podía ver, alguien invisible...
"Oh", dijo Emmett, y todo el mundo parecía saber lo que estaba sucediendo en realidad. "Es ella. Ella es su abuela", añadió riendo fuertemente.
Sólo me percaté del marco que rodeaba su figura al contemplar la imagen desde una perspectiva más amplia. Sin comprender aún, alcé la mano que no rodeaba la cintura de Edward y la acerqué para tocar a mi abuela. Ella repitió el movimiento de forma exacta, como en un espejo. Pero donde nuestros dedos hubieran debido encontrarse, sólo había frío cristal...
El sueño se convirtió en una pesadilla de forma brusca y vertiginosa.
"Ser mayor de edad es realmente tan malo?" Edward silbo en frustración..
"No siempre", dijo Alice. "Pero cuando tu novio, el gran amor de tu vida, se va a quedar eternamente joven... realmente debe ser un dolor de cabeza."
"Así que voy a estar torturándola, sólo por estar con ella", se quejó Edward, con un nuevo brillo extraño en sus ojos.
"Tú la haces feliz", dijo Esme. "Más feliz de lo que ella ha sido nunca antes y no lo sería sin ti."
"Gracias", sonrió Edward, era difícil no escuchar a su madre cuando lo ponía de esa manera.
Ésa no era la abuela.
Era mi imagen reflejada en un espejo. Era yo, anciana, arrugada y marchita.
Edward permanecía a mi lado sin reflejarse en el espejo,
"Los vampiros tienen reflejo", dijo Emmett rodando los ojos. "¿De dónde vino ese mito?"
"No estoy muy seguro", dijo Carlisle pensativamente. "Voy a tener que investigar", murmuró emocionado.
insoportablemente hermoso a sus diecisiete años eternos.
Apretó sus labios fríos y perfectos contra mi mejilla decrépita.
—Feliz cumpleaños —susurró.
"Realmente debe ser su cumpleaños", dijo Edward.
"Sí ahora tiene sentido que ella se preocupe por eso ", dijo Alice.
Me desperté sobresaltada, jadeante y con los ojos a punto de salirse de las órbitas. Una mortecina luz gris, la luz propia de una mañana nublada, sustituyó al sol cegador de mi pesadilla.
Sólo ha sido un sueño, me dije. Sólo ha sido un sueño. Tomé aire y salté de la cama cuando se me pasó el susto. El pequeño calendario de la esquina del reloj me mostró que todavía estábamos a trece de septiembre.
Era sólo un sueño pero, sin duda, profético, al menos en un sentido. Era el día de mi cumpleaños.
"Yo estaba en lo cierto," Edward sonrió. "Y ahora sé cuando es su cumpleaños."
Acababa de cumplir oficialmente dieciocho años.
"Oh, y ahora ella es mayor que tú", dijo Alice.
"Sólo técnicamente," dijo Edward, rodando los ojos.
"Sin embargo, eso ayuda a explicar por qué está tan preocupada", Alice se encogió de hombros.
Había estado temiendo este día durante meses.
Durante el perfecto verano —el verano más feliz que he tenido jamás, el más feliz que nadie nunca haya podido tener
"Mira, si esto no te dice lo mucho que te ama, no sé qué lo hara", Esme sonrió.
"Lo entiendo, lo entiendo", dijo Edward con impaciencia, pero tenía una enorme sonrisa en su rostro.
“Trata de acordarte” le dijo Alice frunciendo el ceño, cerrando su mente para que no leyera lo que pensaba.
Edward solo la miro fijamente.
y el más lluvioso de la historia de la península Olympic— esta fecha funesta había estado acechándome, preparada para saltar.
Y ahora que por fin había llegado, resultaba aún peor de lo que temía. Casi podía sentirlo: era mayor. Cada día envejecía un poco más, pero hoy era diferente y notablemente peor.
"Vamos Eddy, ríete, es divertido” dijo Emmett, que se había echado reír en esos momentos, al contrario de Edward que le preocupaba como lo estaba tomando Bella, seguro ahora lo tendría mas difícil con respecto a ese tema.
Tenía dieciocho años.
Los que Edward nunca llegaría a cumplir.
Cuando fui a lavarme los dientes, casi me sorprendió que el rostro del espejo no hubiera cambiado. Examiné a conciencia la piel marfileña de mi rostro en busca de algún indicio inminente de arrugas.
"Argh, sólo tienes dieciocho años," se quejó Edward.
“Si, imagínate si tuviéramos arrugas a los 18, sería espantoso” dijo Alice horrorizada al igual que Rosalie.
Sin embargo, no había otras que las de mi frente, y comprendí que desaparecerían si me relajaba, pero no podía. La desazón se había aposentado en mi ceño hasta formar una línea de preocupación encima de los ansiosos ojos marrones.
Sólo ha sido un sueño, me recordé una vez más. Sólo un sueño, y también mi peor pesadilla.
Con las prisas por salir de casa lo antes posible, me salté el desayuno. No me encontraba con ánimo de enfrentarme a mi padre y tener que pasar unos minutos fingiendo estar contenta. Intentaba sentirme sinceramente entusiasmada con los regalos que le había pedido que no me hiciera,
"¡No le gustan los regalos!" Alice casi gritó, luciendo incrédula.
"Aparentemente no," sonrió Emmett. "Me pregunto cómo es que vas a jugar con ella ahora".
"Pero... quiero regalarle cosas", se quejó Alice y miró a Edward. Parecía que estaban teniendo pensamientos similares.
"Es por eso que ella debe ser interesante", se rió Emmett. "Pero como tú nunca escuchas a nadie, no creo que tengas problemas con ella, en cambio Eddy…
"Así es", dijo Alice animándose inmediatamente, pero Edward puso mala cara, Él siempre haría lo que ella quisiese.
pero notaba que estaba a punto de llorar cada vez que debía sonreír.
Hice un esfuerzo para sosegarme mientras conducía camino del instituto. Resultaba difícil olvidar la visión de la abuelita —no podía pensar en ella como si fuera yo— y sólo pude sentir desesperación cuando entré en el conocido aparcamiento que se extendía detrás del instituto de Forks y descubrí a Edward inmóvil, recostado contra su pulido Volvo plateado como un tributo de marfil consagrado a algún olvidado dios pagano de la belleza. El sueño no le hacía justicia. Y estaba allí esperándome sólo a mí, igual que cualquier otro día.
La desesperación se disipó momentáneamente
"Y solo viéndote..." Esme comenzó.
"Ya entendí", interrumpió Edward.
“Solo apunto cosas, para que no vuelvas con ideas absurdas como alejarte de ella por su bien, así como hiciste en el libro pasado” dijo Esme enojada
“O-key” tartamudeo Edward, que rara vez veía a Esme enojada.
y la sustituyó el embeleso. Después del casi medio año que llevábamos juntos, todavía no podía creerme que mereciera tener tanta suerte.
"Yo soy el que tiene la mayor suerte de que me ames," dijo Edward.
Su hermana Alice estaba a su lado, esperándome también.
Edward y Alice no estaban emparentados de verdad, por supuesto —la historia que corría por Forks era que los retoños de los Cullen habían sido adoptados por el doctor Carlisle Cullen y su esposa Esme, ya que ambos tenían un aspecto excesivamente joven como para tener hijos adolescentes—,
"Sí, demasiado joven," Carlisle se rió entre dientes. "Soy sólo trescientos sesenta y dos años joven."
aunque su piel tenía el mismo tono de palidez, sus ojos el mismo extraño matiz dorado y las mismas ojeras marcadas y amoratadas. El rostro de Alice, al igual que el de Edward, era de una hermosura asombrosa, y estas similitudes los delataban a los ojos de alguien que, como yo, sabía qué eran.
"¡Vampiros!" Emmett gritó estrepitosamente.
Puse cara de pocos amigos al ver a Alice esperándome allí, con sus ojos de color tostado brillando de excitación y una pequeña caja cuadrada envuelta en papel plateado en las manos.
"Mira Alice, no le hiciste caso", se rió Emmett.
"Bien", sonrió Alice.
Le había dicho que no quería nada, nada, ni regalos ni ningún otro tipo de atención por mi cumpleaños. Evidentemente, había ignorado mis deseos.
"Porque amamos los cumpleaños, y ha sido mucho tiempo desde que celebramos uno que realmente importara", explicó Alice.
Cerré de un golpe la puerta de mi Chevrolet del 53 y una lluvia de motas de óxido revoloteó hasta la cubierta de color negro.
"Argh", gruñó Rosalie. "Creo que debería regalarle un coche nuevo."
"Definitivamente no te dejaría," se rió Edward.
"Puedo conseguir el más barato..." Rosalie trató de argumentar.
"Realmente no creo que vaya a funcionar", sonrió Edward. "Ya sabes lo mucho que ama a ese pedazo oxidado de tornillos."
"Argh", gruñó Rosalie nuevo.
Después me dirigí lentamente hacia donde me aguardaban. Alice saltó hacia delante para encontrarse conmigo; su cara de duende resplandecía bajo el puntiagudo pelo negro.
—¡Feliz cumpleaños, Bella!
—¡Shhh! —bisbiseé
Emmett se echó a reír “Ni que fuera secreto de estado”.
mientras miraba alrededor del aparcamiento para cerciorarme de que nadie la había oído. Lo último que me apetecía era cualquier clase de celebración del luctuoso evento.
Ella me ignoró.
—¿Cuándo quieres abrir tu regalo? ¿Ahora o luego? —me preguntó entusiasmada mientras caminábamos hacia donde nos esperaba Edward.
—No quiero regalos —protesté con un hilo de voz.
"No voy a dejar que me disuada", dijo Alice con confianza.
Al fin, pareció darse cuenta de cuál era mi estado de ánimo.
—Vale..., tal vez luego. ¿Te ha gustado el álbum de fotografías que te ha enviado tu madre? ¿Y la cámara de Charlie?
Suspiré. Por descontado, ella debía de saber cuáles iban a ser mis regalos de cumpleaños. Edward no era el único miembro de la familia dotado de extrañas cualidades. Seguramente Alice habría «visto» lo que mis padres planeaban regalarme en cuanto lo hubieran decidido.
—Sí, son maravillosos.
—A mí me parece una idea estupenda. Sólo te haces mayor de edad una vez en la vida,
"Correcto", se burló Emmett y los cuatro vampiros "adolescentes" resoplaron
"Casi me gustaría que fuera cierto", dijo Rosalie.
así que lo mejor es documentar bien la experiencia.
—¿Cuántas veces te has hecho tú mayor de edad?
—Eso es distinto.
Entonces llegamos a donde estaba Edward, que me tendió la mano. La tomé con ganas, olvidando por un momento mi pesadumbre. Su piel era suave, dura y helada, como siempre. Le dio a mis dedos un apretón cariñoso. Me sumergí en sus líquidos ojos de topacio y mi corazón sufrió otro apretón aunque bastante menos dulce.
Edward formo una amplia sonrisa por saber el tipo de efecto que tenia sobre ella.
Él sonrió al escuchar el tartamudeo de los latidos de mi corazón. Levantó la mano libre y recorrió el contorno de mis labios con el gélido extremo de uno de sus dedos mientras hablaba.
—Así que, tal y como me impusiste en su momento, no me permites que te felicite por tu cumpleaños, ¿correcto?
"Lo que es más o menos mi forma de felicitarla" Edward sonrió.
—Sí, correcto —nunca conseguiría imitar, ni siquiera de lejos, su perfecta y formal facilidad de expresión. Eso era algo que solamente podía adquirirse en un siglo pretérito.
—Sólo me estaba asegurando —se pasó la mano por su despeinado cabello de color bronce—. Podrías haber cambiado de idea. La mayoría de la gente disfruta con cosas como los cumpleaños y los regalos.
"¿Cuándo vas a aprender que Bella no pertenece a la categoría de la mayoría de la gente?" -Preguntó Alice.
Edward solo se encogió de hombros.
Alice rompió a reír y su risa se alzó como un sonido plateado, similar al repique del viento.
—Pues claro que lo disfruta. Se supone que hoy todo el mundo se va a portar bien contigo y te dejará hacer lo que quieras, Bella. ¿Qué podría ocurrir de malo? —lanzó la frase como una pregunta retórica.
—Pues hacerme mayor —contesté de todos modos, y mi voz no fue tan firme como me hubiera gustado.
A mi lado, la sonrisa de Edward se tensó hasta convertirse en una línea dura.
"Sí, conozco ese sentimiento", suspiró Edward.
—Tener dieciocho años no es ser muy mayor —dijo Alice—. Tenía entendido que, por lo general, las mujeres no se sentían mal por cumplir años hasta llegar a los veintinueve.
"No", se mofó Rosalie con incredulidad, como era de esperar.
—Es ser mayor que Edward —mascullé.
Él suspiró.
—Técnicamente —dijo ella sin perder su tono desenfadado—, ya que sólo lo adelantas en un año de nada.
Se suponía que... si estaba segura del futuro que deseaba, segura de pasarlo para siempre con Edward, Alice y el resto de los Cullen (mejor si no era como una menuda anciana arrugada)...
"Pero esa es la mejor opción para ella", dijo Edward, convencido de que estaba en lo cierto, si él quería estar con Bella esa era la mejor opción. "Lo es", añadió, mirando a Alice.
"Yo ya he acordado que no voy a cambiarla", dijo Alice. "Pero eso no quiere decir que estoy de acuerdo contigo... sobre todo cuando tratas de convencerme."
"Tienes razón", suspiró Edward. "Lo siento".
uno o dos años arriba o abajo no me importarían demasiado. Pero Edward se había cerrado en banda respecto a cualquier clase de futuro que incluyera mi transformación. Cualquier futuro que me hiciera como él, inmortal igual que él.
Un impasse, lo llamaría Edward.
Para ser sinceros, la verdad es que no entendía su punto de vista.
"Debo explicarle mejor", dijo Edward, pensativo. "Tal vez si ella entendiera mejor, ella no lo querría tanto... o al menos dejaría de luchar contra mí".
¿Qué tenía de bueno la mortalidad? Convertirse en vampiro no parecía una cosa tan horrible, al menos no a la manera de los Cullen.
"Ella tiene idealizados a los vampiros", dijo Edward, sacudiendo la cabeza. "Ella no tiene idea de lo difícil que es para nosotros sentarse al lado de un ser humano ... El dolor es constante."
"Eso es algo que debes decirle si después de conocerla, ella quiere ser un vampiro", dijo Jasper. "Cuanto más se sepa, es menos probable que ella quiera ser uno de nosotros."
"Es verdad, pero realmente espero que nunca lleguemos a ese tema", dijo Edward. "Además, no sé si quiero que ella sepa lo mucho que realmente sufro estando cerca de ella."
—¿A qué hora vendrás a casa? —continuó Alice, cambiando de tema. A juzgar por su expresión, ya se había dado cuenta de qué era lo que yo estaba intentando evitar.
—No sabía que tuviera que ir allí.
—¡Oh, por favor, Bella, no te pongas difícil! —se quejó ella—. No nos irás a arruinar toda la diversión poniendo esa cara, ¿verdad?
"'Diversión'", se rió Edward. "¿No querrás decir MI diversión?"
"Probablemente", sonrió Alice, sin vergüenza alguna. "Pero estoy segura de que también será diversión para Emmetto.".
"Definitivamente", dijo Emmett. "Sobre todo viendo cuán difícil se está poniendo"
—Creía que mi cumpleaños era para tener lo que yo deseara.
—La llevaré desde casa de Charlie justo después de que terminemos las clases —le dijo Edward, ignorándome sin esfuerzo.
—Tengo que trabajar —protesté.
—En realidad, no —repuso Alice con aire de suficiencia—, ya he hablado con la señora Newton sobre eso. Te cambiará el turno en la tienda. Me dijo que te deseara un feliz cumpleaños.
—Pero... pero es que no puedo dejarlo —tartamudeé mientras buscaba desesperadamente una excusa.
"Sea lo que sea, date por vencido", se rió Emmett. "Nada puede detener a Alice".
—Lo cierto es que, bueno, todavía no he visto Romeo y Julieta para la clase de Literatura.
Alice resopló con impaciencia.
—Te sabes Romeo y Julieta de memoria.
—Pero el señor Berty dice que necesitamos verlo representado para ser capaces de apreciarlo en su integridad, ya que ésa era la forma en que Shakespeare quiso que se hiciera.
Edward puso los ojos en blanco.
—Pero si ya has visto la película —me acusó Alice.
—No en la versión de los sesenta. El señor Berty aseguró que era la mejor.
"¿Realmente piensa que una excusa tan débil va a funcionar ?" Emmett se rió.
Finalmente, Alice perdió su sonrisa satisfecha y me miró fijamente.
—Mira, puedes ponértelo difícil o fácil, tú verás, pero de un modo u otro...
"No vamos a obligarla a ir," Edward miró mal a Alice.
"Nadie la está obligando," dijo Alice. "tú la llevaras como buen novio que eres..."
"Alice..." Edward gruñó.
Edward interrumpió su amenaza.
—Tranquilízate, Alice. Si Bella quiere ver una película, que la vea. Es su cumpleaños.
Alice fulmino a Edward con la mirada.
—Así es —añadí.
—La llevaré sobre las siete —continuó él.
"Así me gusta", dijo Alice sonriendo.
 —Os dará más tiempo para organizado todo.
La risa de Alice resonó de nuevo.
—Eso suena bien. ¡Te veré esta noche, Bella! Verás como te lo pasas bien —esbozó una gran sonrisa, una sonrisa amplia que expuso sus perfectos y deslumbrantes dientes; luego me pellizcó una mejilla y salió danzando hacia su clase antes de que pudiera contestarle.
"¿Por qué siempre estoy bailando?" Alice preguntó, luciendo divertida. "¿Es así como realmente camino o es que Bella me ve así?"
"Tú tiene una tal fluidez al caminar que parece que estuvieras bailando", dijo Carlisle. "no creo que nadie se haya dado cuenta de eso, pero siendo Bella por supuesto que ella se daría cuenta”.
—Edward, por favor... —comencé a suplicar, pero él puso uno de sus dedos fríos sobre mis labios.
—Ya lo discutiremos luego. Vamos a llegar tarde a clase.
Nadie se molestó en mirarnos mientras nos acomodábamos al final del aula en nuestros asientos de costumbre. Ahora estábamos juntos en casi todas las clases —era sorprendente los favores que Edward conseguía de las mujeres de la administración—.
“¿que hiciste Eddy”? Emmett meneo las cejas sugestivamente.
“Nada de lo que deba arrepentirme, te lo aseguro” dijo Edward muy confiado.
Edward y yo llevábamos saliendo juntos demasiado tiempo como para ser objeto de habladurías. Ni siquiera Mike Newton
Edward frunció el ceño ante la mención de Mike.
se molestó en dirigirme la mirada apesadumbrada con la que solía hacerme sentir culpable;
"Espero que él haya dejado de pensar en ella también", murmuró Edward.
en vez de eso, ahora me sonreía y yo estaba contenta de que, al parecer, hubiera aceptado que sólo podíamos ser amigos. Mike había cambiado ese verano; los pómulos resaltaban más ahora que su rostro se había estirado, y era distinta la forma en que peinaba su cabello rubio: en lugar de llevarlo pinchudo, se lo había dejado más largo y modelado con gel en una especie de desaliño casual.
"Creo que él está tratando de imitarte, hermano", se rió Emmett.” Espero que Bellita no se confunda un día de estos.
Era fácil ver dónde se había inspirado, aunque el aspecto de Edward era algo inalcanzable por simple imitación.
“Lo ves, ella nunca me confundiría con ese “dijo Edward
“Oh, genial, si con cada libro aumentas tu ego un poco más, ya no cabremos en el comedor “dijo Emmett intentando hacerlo enojar.
Conforme avanzaba el día, consideré todas las formas de eludir lo que se estuviera preparando en la casa de los Cullen aquella noche. El hecho en sí ya era lo bastante malo como para celebrarlo; máxime cuando, en realidad, no estaba de humor para fiestas, y peor aún, cuando lo más probable es que éstas incluyeran convertirme en el centro de atención y hacerme regalos.
Sin duda", sonrió Alice. "Y será mejor que se acostumbre a ellos, si quieres ser parte de nuestra familia."
"Va a ser parte de esta familia, no importa si se acostumbra o no" dijo Esme. "A pesar de que sería bueno que estuviera dispuesta a aceptar los regalos que queremos darle."
Nunca es bueno que te presten atención —seguramente, cualquier patoso tan proclive como yo a los accidentes pensará lo mismo—. Nadie desea convertirse en foco de nada si tiene tendencia a que se le caiga todo encima.
Emmett se rió duro en eso.
Además, había pedido con toda claridad (en realidad, había ordenado expresamente) que nadie me regalara nada ese año. Y parecía que Charlie y Renée no habían sido los únicos que habían decidido pasarlo por alto.
"Ella se niega tanto, que ya pierde credibilidad, por eso es fácil hacer caso omiso de sus protestas", sonrió Alice.
Nunca tuve mucho dinero, pero eso no me había preocupado jamás. Renée me había criado con el sueldo de una maestra de guardería, y tampoco Charlie se estaba forrando con el suyo, precisamente, siendo jefe de policía de una localidad pequeña como Forks. Mi único ingreso personal procedía de los tres días a la semana que trabajaba en la tienda local de productos deportivos. Era afortunada al tener un trabajo en un lugar tan minúsculo como aquél. Destinaba cada centavo que ganaba a mi microscópico fondo para la universidad.
"Que estoy seguro que no me dejara pagar tampoco " se quejó Edward.
 En realidad, la universidad era el plan B, porque aún no había perdido las esperanzas depositadas en el plan A, aunque Edward se había puesto tan inflexible con lo de que yo continuara siendo humana que...
"Ella parece ser el tipo de personas que quiere ir a la universidad, sin embargo," dijo Carlisle.
"Apuesto a que si", suspiró Edward. "Pero ella está más convencida de que quiere ser un vampiro".
“Pero, tu no lo permitirás, verdad Edward? Pregunto Rosalie.
“No sé cómo, pero ella ira a la universidad siendo humana y yo la ayudare” dijo Edward
Edward tenía un montón de dinero, ni siquiera quería pensar en la cantidad total. El dinero casi carecía de significado para él y el resto de los Cullen. Según ellos, solamente era algo que se acumula cuando tienes tiempo ilimitado y una hermana con la asombrosa habilidad de predecir pautas en el mercado de valores. Edward no parecía entender por qué le ponía objeciones a que gastara su dinero conmigo, es decir, por qué me incomodaba que me llevara a un restaurante caro de Seattle y no podía regalarme un coche que alcanzara velocidades superiores a los ochenta kilómetros por hora, o incluso por qué no podía pagarme la matrícula de la universidad. Tenía un entusiasmo realmente ridículo por el plan B.
"Por supuesto", Edward se rió entre dientes, mientras que Emmett se reía abieramente.
Edward creía que yo estaba poniendo trabas sin necesidad.
Pero ¿cómo le iba a dejar que me diera nada cuando yo no tenía con qué corresponderle?
"Pero el dinero no significa nada para mí, ¿recuerdas?" Edward suspiró como si quisiera decirle esto a la verdadera Bella "Y tú ya me has dado tanto. Yo no creo que nunca pueda llegar a pagarte... y ni siquiera te conozco todavía."
 Él, por alguna razón incomprensible, quería estar conmigo. Cualquier cosa que me diera, además de su compañía, aumentaba aún más el desequilibrio entre nosotros.
"Esto es realmente muy divertido", dijo Alice riendo ridículamente alto. "Ustedes dos parecen estar pensando lo mismo el uno del otro y no se dan cuenta"
"Es curioso", murmuro Edward. Pero el hecho de que no podía escuchar sus pensamientos era una especie problema, ya que parecía que ellos no exteriorizaban como se sentían con respecto al equilibrio.
Conforme fue avanzando el día, ni Edward ni Alice volvieron a sacar el tema de mi cumpleaños, y comencé a relajarme un poco.
Nos sentamos en nuestro lugar de siempre a la hora del almuerzo.
Existía alguna extraña clase de tregua en esa mesa. Nosotros tres —Edward, Alice y yo— nos sentábamos en el extremo sur de la misma. Ahora que los hermanos Cullen más mayores y amedrentadores —por lo menos en el caso de Emmett—
"En realidad, yo soy el que más asusta", dijo Jasper, su voz sonaba normal, pero había un poco de vergüenza en ella, como cada vez que pensaba que él era débil, o al menos más débil que los demás. "Se dan cuenta de que soy el más peligroso y se quedan aún más lejos de mí que de ustedes."
se habían graduado, Alice y Edward ya no intimidaban demasiado y no nos sentábamos solos. Mis otros amigos, Mike y Jessica —que estaban en la incómoda fase de amistad posterior a la ruptura—, Angela y Ben —cuya relación había sobrevivido al verano—, Eric, Conner, Tyler y Lauren —aunque esta última no entraba realmente en la categoría de amiga— se sentaban todos en la misma mesa, pero al otro lado de una línea invisible.
"Eso es diferente", dijo Edward.
"Creo que Bella es como un amortiguador, y no nos importa tanto", dijo Alice luciendo escéptica, pero en realidad no le importaba demasiado.
Esa línea se disolvía en los días soleados, cuando Edward y Alice evitaban acudir a clase; entonces la conversación se generalizaba sin esfuerzo hasta hacerme partícipe.
"Parece que no somos los únicos que van a querer estar con Bella," dijo Jasper sonriendo.
"Bueno, ella es una persona increíble", sonrió Edward también. "¿Quién no querría estar
cerca de ella?"
Ni Edward ni Alice encontraban este ligero ostracismo ofensivo ni molesto, como le hubiera ocurrido a cualquiera. De hecho, apenas lo notaban. La gente siempre se sentía extrañamente mal e incómoda con los Cullen, casi atemorizada por alguna razón que no era capaz de explicar. Yo era una rara excepción a esa regla.
"Gracias a Dios," sonrió Edward.
Algunas veces Edward se molestaba por lo cómoda que me sentía en su cercanía.
"Sí, puede ser", se rió Edward. "Todo lo que hago con ella es por lo general bueno y malo a la vez para mí... pero yo no lo querría de otra manera."
Pensaba que eso no le convenía a mi salud, una opinión que yo rechazaba de plano en cuanto él la formulaba con palabras.
La sobremesa pasó deprisa. Terminaron las clases y Edward me acompañó al coche, como de costumbre, pero esta vez me abrió la puerta del copiloto. Alice debía de haberse llevado su coche a casa para que él pudiera evitar que yo consiguiera escabullirme.
"Me pregunto si la vi haciendo eso", se rió Alice.
"No, no lo creo, ella no haría algo como eso", dijo Edward. "No puedo estar lejos de ella." termino diciendo recibiendo carcajadas de Emmett como siempre.
Crucé los brazos y no hice ademán de guarecerme de la lluvia.
—¿Es mi cumpleaños y ni siquiera puedo conducir?
"Parece que todavía tienes problemas con su forma de conducir", dijo Emmett simulando horror ante la idea de ir tan lento.
—Me comporto como si no fuera tu cumpleaños, tal y como tú querías.
—Pues si no es mi cumpleaños, no tengo que ir a tu casa esta noche...
"Será mejor que no le des lo que ella quiere como siempre" Alice fulmino con la mirada.
—Muy bien —cerró la puerta del copiloto y pasó a mi lado para abrir la puerta del conductor—. Feliz cumpleaños.
—Calla —mascullé con poco entusiasmo. Entré por la puerta abierta, deseando que él hubiera optado por la otra posibilidad.
Mientras yo conducía, Edward jugueteó con la radio sin dejar de sacudir la cabeza con abierto descontento.
—Tu radio se oye fatal.
"Es increíble que tenga recepción deberías haber dicho ", dijo Rosalie.
Puse cara de pocos amigos. No me gustaba que empezara a criticar el coche. Estaba muy bien y además tenía personalidad.
"Estoy empezando a ver por qué a ella le gusta el camión", se rió Emmett. "Ella tiene bastante personalidad también."
—¿Quieres un estéreo que funcione bien? Pues conduce tu propio coche —los planes de Alice me ponían tan nerviosa que empeoraban mi estado de ánimo, ya de por sí sombrío, y las palabras me salieron con más brusquedad de la pretendida. Nunca exponía a Edward a mi mal genio, y el tono de mi voz le hizo apretar los labios para que no se le escapara una sonrisa.
Se volvió para tomar mi rostro entre sus manos cuando aparqué frente a la casa de Charlie. Me tocó con mucho cuidado, paseando las puntas de sus dedos por mis sienes, mis pómulos y la línea de la mandíbula. Como si yo fuera algo que pudiera romperse con facilidad.
"Bueno, es la verdad", suspiró Edward deseando que ella fuera como el, ¡No, basta! Ella seguiría siendo humana, y el tenía que estar sumamente agradecido de que podía siquiera tocarla de esa manera.
Lo cual era exactamente el caso, al menos en comparación con él.
—Deberías estar de un humor estupendo, hoy más que nunca —susurró. Su dulce aliento se deslizó por mi rostro.
—¿Y si no quiero estar de buen humor? —pregunté con la respiración entrecortada.
Sus ojos dorados ardieron con pasión.
“Mmmm, creo que te equivocas Bella, Edward no conoce esa palabra” dijo Emmett riendo.
“Oh cállate” dijo Edward un poco avergonzado
—Pues muy mal.
Empezaba a sentirme confusa cuando se inclinó sobre mí y apretó sus labios helados contra los míos. Tal como él pretendía, sin duda, olvidé todas mis preocupaciones, y me concentré en recordar cómo se inspiraba y espiraba.
Su boca se detuvo sobre la mía, fría, suave y dulce, hasta que deslicé mis brazos en torno a su cuello y me lancé a besarle con algo más que simple entusiasmo.
"Como siempre", suspiró Edward.
"Es probable que no te importe tanto, sin embargo," sonrió Jasper.
“Vamos, Eddy acéptalo, seguro ni te quejas de que Bella te ataque a besos siempre “dijo Emmett picándole con el dedo.
“Eso no lo se” mintió Edward, si el reconocía que le encantaba como Bella reaccionaba, seria la burla de sus hermanos por décadas enteras.
 Sentí cómo sus labios se curvaban hacia arriba cuando se apartó de mi cara y se alzó para deshacer mi abrazo.
Edward había establecido con cuidado los límites exactos de nuestro contacto físico a fin de mantenerme viva. Aunque yo respetaba la necesidad de guardar una distancia segura entre mi piel y sus dientes ponzoñosos y afilados como navajas, tendía a olvidar esas trivialidades cuando me besaba.
"Argh", se quejó Edward. "Debería ser mas cuidadoso."
“Dejala en paz, la pobre ya tiene que conformarse con un santo caballero como tú, para que encima ni la beses como dios manda” dijo Emmett en tono consejero.
—Pórtate bien, por favor —suspiró contra mi mejilla. Presionó sus labios contra los míos una vez más y se apartó definitivamente de mí, obligándome a cruzar los brazos sobre mi estómago.
El pulso me atronaba los oídos. Me puse una mano en el corazón. Palpitaba enloquecido.
—¿Crees que esto mejorará algún día? —me pregunté, más a mí misma que a él—. ¿Alguna vez conseguiré que el corazón deje de intentar saltar fuera de mi pecho cuando me tocas?
"Espero que no," sonrió Edward, y luego suspiró. "A pesar de que no puede ser bueno para ella."
—La verdad, espero que no —respondió, un poco pagado de sí mismo.
Puse los ojos en blanco.
—Anda, vamos a ver cómo los Capuletos y los Montescos se destrozan unos a otros, ¿vale?
—Tus deseos son órdenes para mí.
“……” Emmett no alcanzo a decir nada porque Rosalie le tapo la boca.
“Deja de interrumpir la lectura” le dijo Rosalie en un tono enojado.
Edward se repatingó en el sofá mientras yo ponía la película, pasando rápido los créditos del principio. Me envolvió la cintura con sus brazos y me reclinó contra su pecho cuando me senté junto a él en el borde del sofá. No era exactamente tan cómodo como un cojín, pero yo lo prefería con diferencia. Su pecho era frío y duro, aunque perfecto, como una escultura de hielo. Tomó la manta de punto que descansaba, doblada, sobre el respaldo del sofá y me envolvió con ella para que no me congelara al contacto de su cuerpo.
—¿Sabes?, Romeo no me cae nada bien —comentó cuando empezó la película.
"Edward, ella tiene la obra y seguro la sabe de memoria. Apuesto a que a ella le gusta Romeo", dijo Alice.
"Lo sé", dijo Edward sonriendo.
"Argh", se quejó Alice, rodando los ojos.
—¿Y qué le pasa a Romeo? —le pregunté, un poco molesta. Era uno de mis personajes de ficción favoritos. Creo que hasta estaba un poco enamorada de él hasta que conocí a Edward.
"¿Cómo puede sentir algo por un personaje de ficción?" Edward se burlo, tal vez un poco exagerado para la situación.
"Oh, suele pasar," Alice sonrió.
"La gran pregunta es ¿cómo puedes tener celos de eso?" Jasper bromeo.
"Cállate", dijo Edward, rodando los ojos.
—Bien, en primer lugar, está enamorado de esa Rosalinda, ¿no te parece que es un poco voluble? Y luego, unos pocos minutos después de su boda, mata al primo de Julieta. No es precisamente un rasgo de brillantez. Acumula un error tras otro. ¿Habría alguna otra manera más completa de destruir su felicidad?
Edward se estremeció por alguna razón en esa oracion.
Suspiré.
—¿Quieres que la vea yo sola?
—No, de todos modos, yo estaré mirándote a ti la mayor parte del rato —sus dedos se deslizaron por mi piel trazando formas, poniéndome la carne de gallina—. ¿Te vas a poner a llorar?
—Probablemente —admití—. Si estás pendiente de mí todo el rato.
—Entonces no te distraeré —pero sentí sus labios contra mi pelo y eso me distrajo bastante.
“¿qué paso con no te distraeré??” dijo Alice imitando su voz.
Edward solo se encogió de hombros, era asombroso leer como era su relación con Bella, casi hasta podía sentir todo el inmenso amor que sentía el Edward del libro hacia Bella.
La película captó mi interés a ratos, gracias en buena parte a que Edward me susurraba los versos de Romeo al oído, con su irresistible voz aterciopelada, que convertía la del actor en un sonido débil y basto en comparación. Y claro que lloré, para su diversión, cuando Julieta se despierta y encuentra a su reciente esposo muerto.
—He de admitir que le tengo una especie de envidia —dijo Edward secándome las lágrimas con un mechón de mi propio pelo.
—Ella es muy guapa.
"Como si me fijara en la chica", se burló Edward. "¿No le dije ya que la única que me interesa es ella?”
“Deberías de decirlo más a menudo” aconsejo Esme con una sonrisa.
Él hizo un sonido de disgusto.
—No le envidio la chica, sino la facilidad para suicidarse —aclaró con tono de burla—. ¡Para vosotros, los humanos, es tan sencillo! Todo lo que tenéis que hacer es tragaros un pequeño vial de extractos de plantas...
Todo el mundo estaba mirando a Edward con incredulidad.
"¿Piensas eso a menudo?" Carlisle le preguntó con voz temblorosa, lo cual era muy raro en él. Esme estaba sentada a su lado luciendo como si quisiera llorar, ellos dos, sabían más acerca del suicidio, mas que cualquiera.
"No, no pienso en ello", dijo Edward, luciendo tan sorprendido como todos los demás.
"Oh", dijo Carlisle, dejando escapar un sonoro suspiro.
—¿Qué? —inquirí con un grito ahogado.
—Es algo que tuve que plantearme una vez, y sé por la experiencia de Carlisle que no es nada sencillo. Ni siquiera estoy seguro de cuántas maneras de matarse probó Carlisle al principio, cuando se dio cuenta de en qué se había convertido... —su voz, que se había tornado mucho más seria, se volvió ligera otra vez—. Y no cabe duda de que sigue con una salud excelente.
"¿Te volviste loco?" Alice dijo, dirigiéndose a Edward. "En primer lugar, nunca debes pensar en eso..."
"Ni siquiera lo he pensado", dijo Edward, luciendo casi asustado, pero pensándolo bien el si había contemplado una posibilidad cuando leían como James atacaba a Bella, ahora estaba empezando a comprender.
"Y en segundo lugar, ¿cómo puedes decírselo a Bella?" -Preguntó Alice. "Hablarle acerca de tu muerte, como si no fuera la gran cosa, cuando tu sabes lo mucho que se preocupa por ti!"
"Eh..." Edward realmente no tenía nada que decir al respecto.
"Eres un completo idiota", gruñó Alice.
Me retorcí para poder leer su expresión.
—¿De qué estás hablando? —quise saber—. ¿Qué quieres decir con eso de que tuviste que planteártelo una vez?
—La primavera pasada, cuando tú casi... casi te mataron... —
"Aah," dijo Edward asintiendo para si mismo. "La idea de perderla es horrible, incluso para mi ... debe ser peor para él ... Puedo ver por qué pienso así ..."
"Edward," Alice gruñó, no un gruñido de rabia, pero si uno doloroso, y la cabeza de Edward giro para ver a su familia luciendo aterrorizados. "¿Es esto lo que va a pasar... te vas a querer matar cuando ella muera?"
"No sé", respondió Edward con la verdad. "Probablemente no... siempre y cuando no sea mi culpa."
“¿Sabes lo que nos estas haciendo, verdad?” 'Alice pensó, y miró fijamente a Esme, que parecía fuera de sí cayendo en la desesperación. "-Te sientes mejor? Su mirada apuntó le hizo pensar que significaba que no ... pero era difícil saber con Edward.
hizo una pausa para inspirar profundamente, luchando por volver al tono socarrón de antes—. Claro que estaba concentrado en encontrarte con vida, pero una parte de mi mente estaba elaborando un plan de emergencia por si las cosas no salían bien. Y como te decía, no es tan fácil para mí como para un humano.
Los recuerdos de mi último viaje a Phoenix me embargaron y durante un segundo sentí cierto vértigo. Aún conservaba en mi memoria, con total nitidez, el sol cegador y las oleadas de calor procedentes del asfalto mientras corría a toda prisa y con ansiedad al encuentro del sádico vampiro que quería torturarme hasta la muerte. James me esperaba en la habitación de los espejos con mi madre como rehén, o eso suponía yo. No supe hasta más tarde que todo era una treta. Lo que tampoco sabía James es que Edward se apresuraba a salvarme. Lo consiguió a tiempo, pero por muy poco.
Edward se estremeció sólo con la sola mención de ello.
De manera inconsciente, mis dedos se deslizaron por la cicatriz en forma de media luna de mi mano, siempre a varios grados por debajo de la temperatura del resto de mi piel.
“Bella tiene un aparte vampiro” dijo Emmett riendo.
“Y es lo único que tendrá” dijo Edward.
“Que manera de apagar el humor” respondió Emmett enfurruñado.
Sacudí la cabeza, como si con eso pudiera deshacerme de todos los malos recuerdos e intenté comprender lo que Edward quería decir, mientras sentía un incómodo peso en el estómago.
—¿Un plan de emergencia? —repetí.
—Bueno, no estaba dispuesto a vivir sin ti —puso los ojos en blanco como si eso resultara algo evidente hasta para un niño—. Aunque no estaba seguro sobre cómo hacerlo. Tenía claro que ni Emmett ni Jasper me ayudarían...,
"No, nosotros no!" tanto Emmett y Jasper gritaron luciendo horrorizados y más preocupados todavía.
así que pensé que lo mejor sería marcharme a Italia y hacer algo que molestara a los Vulturis.
"Tu realmente pensaste en serio acerca de esto... o por lo menos lo pensaras en un futuro", dijo Carlisle.
"Es un futuro que no va a suceder, Carlisle," dijo Edward, sonando un poco más convincente que hace un minuto. "Si no la pongo en peligro ...es decir  donde casi muere ... no voy a sentirme así."
"Y después de setenta años, cuando Bella muera de forma natural... ¿entonces qué?" Preguntó Carlisle. "Tú no estás dispuestos a vivir sin ella y eso que sólo han pasado unos meses ..."
"Mira", suspiró Edward. "No sé el futuro .. Pero si tengo setenta años de felicidad a su lado, donde ella no sufra daños ni amenazas de ello, eso debería ser suficiente para hacerme feliz."
"Parece que lo dice en serio", dijo Jasper, dándole a Edward  una mirada sospechosa.
"Ah", dijo Alice, de repente con una sonrisa. "Si Bella te pide que te quedes con vida, si te hace prometer que seguirás viviendo después de su muerte, tú lo harás."
"Él podría mentirle fácilmente, mentirnos fácilmente", dijo Jasper.
"Eso es cierto", suspiró Alice. Luego, otra idea vino a su mente y de inmediato pensó: 'Edward,  prometo que no voy a tratar de convertir a Bella, porque todos la queremos  en tu vida, y yo quiero que sea parte de mi vida también, pero aunque yo sepa que ella va a tener una vida mejor convertida. Dicho esto, es fácil ver que trataras de poner fin a tu vida una vez que ella se haya ido, así que tengo una propuesta para usted. "
"Te escucho", dijo Edward, parecía decir que él estaba hablando con todos los demás, pero Alice sabía mejor.
"Si prometo no cambiar Bella, y esta vez en serio, tienes que prometerme que no te mataras después de su muerte", pensó Alice y Edward frunció el ceño. "Yo sé lo que estás pensando, no hace falta ser un adivino para saber que. Ya he prometido que no la cambiare, pero eso fue antes de que yo supiera que te suicidarías cuando ella se fuera y eso es simplemente inaceptable. Yo podría haber sugerido que no la conocieras... pero incluso ahora, es demasiado tarde para ti. Odiaría que te lo perdiera, que no conozcas la verdadera alegría de amar a alguien ... alguien a quien en realidad puedas ver y hablar, no solo leer e imaginar. Además, yo no quiero perder a Bella ... quiero conocerla por el mayor tiempo posible, y se que los demás también, hasta Rose que lo negará, pero ella también la querrá. Así que, si no me das más opción... entonces no tendré más remedio que convertirla ahora mismo, y esta vez va en serio, y no me importa que no estés de acuerdo... "
"No lo haré," dijo Edward luciendo enojado... pero aún así parecía que estaba hablando con los demás.
La advertencia fue clara... él no iba a permitir que eso suceda "¿Crees que quiero que ocurra de esa manera sin que ella pida su conversión?" Alice gritó en su mente. "Ella ni siquiera sabe lo que viene... y aun sabiéndolo, ella aún te amara…lo sé…. y aceptaría el cambio, pero nunca me verá como me ve ahora, como su amiga… me verá como alguien que la convirtió sin consultárselo…. Pero aún sabiendo esto, sigue siendo mejor eso a que te mates! Edward, te quiero demasiado, como para perderte de esta manera. Por favor, prométeme que no te harás daño!"
"Siempre y cuando Bella tenga sus setenta y tantos años, te prometo que no voy a hacerme daño después de que ella se haya ido," dijo Edward en voz alta, mirando a los ojos de Alice todo el tiempo.
"Bien, y Edward, voy a saber si alguna vez cambia de opinión” dijo Alice, la amenaza estaba presente en sus pensamientos. "Jazz, ya lo escuchaste, puedes leer de nuevo."
"¿Te molestaste en preguntarle?" Jasper preguntó, mirando muy divertido.
"Nop", sonrió Alice y el resto de la familia supo que eso significa que Edward iba a hacer lo que le acababa de decir.
No quería creer que hablara en serio, pero sus ojos dorados brillaban de forma inquietante, fijos en algo lejano en la distancia, como si contemplara las formas de terminar con su propia vida. De pronto, me puse furiosa.
Eso es, hermana, ponlo en su lugar" dijo Emmett de mal humor.
—¿Qué es un Vulturis? —inquirí.
—Son una familia —contestó con la mirada ausente—, una familia muy antigua y muy poderosa de nuestra clase. Es lo más cercano que hay en nuestro mundo a la realeza, supongo. Carlisle vivió con ellos algún tiempo durante sus primeros años, en Italia, antes de venir a América. ¿No recuerdas la historia?
—Claro que me acuerdo.
Nunca podría olvidar la primera vez que visité su casa, la enorme mansión blanca escondida en el bosque al lado del río, o la habitación donde Carlisle —el padre de Edward en tantos sentidos reales— tenía una pared llena de pinturas que contaban su historia personal. El lienzo más vívido, el de colores más luminosos y también el más grande, procedía de la época que Carlisle había pasado en Italia. Naturalmente que me acordaba del sereno cuarteto de hombres, cada uno con el rostro exquisito de un serafín, pintados en la más alta de las balconadas, observando la espiral caótica de colores. Aunque la pintura se había realizado hacía siglos, Carlisle, el ángel rubio, permanecía inalterable. Y recuerdo a los otros tres, los primeros conocidos de Carlisle. Edward nunca había utilizado la palabra Vulturis para referirse al hermoso trío, dos con el pelo negro y uno con el cabello blanco como la nieve. Los llamó Aro, Cayo y Marco, los mecenas nocturnos de las artes.
—De cualquier modo, lo mejor es no irritar a los Vulturis —continuó Edward, interrumpiendo mi ensoñación—. No a menos que desees morir, o lo que sea que nosotros hagamos —su voz sonaba tan tranquila que parecía casi aburrido con la perspectiva.
"Por favor, dejar de hablar de eso", dijo Esme, parecía como si sintiera un gran dolor sólo de pensar en lo que iba a suceder. "Edward, no te das cuenta de lo mucho que estas palabras nos dañan?"
"Sí", suspiró Edward.
"Es peor para ella", dijo Esme en silencio. "Por mucho que te querramos ... Yo sé que es peor para ella."
"No puedo creer que lo idiota que soy", dijo Edward, casi gruñendo... gruñendo a su otro yo en el libro.
Mi ira se transformó en terror. Tomé su rostro marmóreo entre mis manos y se lo apreté fuerte.
—¡Nunca, nunca vuelvas a pensar en eso otra vez! ¡No importa lo que me ocurra, no te permito que te hagas daño a ti mismo!
"Yo sabía que iba a decir algo así", sonrió Alice, aunque con tristeza, conocía demasiado bien a su hermano.
—No te volveré a poner en peligro jamás, así que eso es un punto indiscutible.
—¡Ponerme en peligro! ¿Pero no estábamos de acuerdo en que toda la mala suerte es cosa mía? —estaba enfadándome cada vez más—. ¿Cómo te atreves a pensar en esas cosas? —la idea de que Edward dejara de existir, incluso aunque yo estuviera muerta, me producía un dolor insoportable.
—¿Qué harías tú si las cosas sucedieran a la inversa? —preguntó.
—No es lo mismo.
Él no parecía comprender la diferencia y se rió entre dientes.
"Te echaste a reír!" Alice dijo con los dientes apretados, y Edward parecía estremecerse, aunque no a causa de la ira de Alice.
—¿Y qué pasa si te ocurre algo? —me puse pálida sólo de pensarlo—. ¿Querrías que me suicidara?
"No," dijo Edward inmediatamente. "Yo no quisiera que algo te suceda."
Un rastro de dolor surcó sus rasgos perfectos.
—Creo que veo un poco por dónde vas... sólo un poco —admitió—. Pero ¿qué haría sin ti?
—Cualquier cosa de las que hicieras antes de que yo apareciera para complicarte la vida.
Suspiró.
—Tal como lo dices, suena fácil.
—Seguro que lo es. No soy tan interesante, la verdad.
Parecía a punto de rebatirlo, pero lo dejó pasar.
—Eso es discutible —me recordó.
Repentinamente, se incorporó adoptando una postura más formal, colocándome a su lado de modo que no nos tocáramos.
—¿Charlie? —aventuré.
Edward sonrió. Poco después escuché el sonido del coche de policía al entrar por el camino. Busqué y tomé su mano con firmeza, ya que mi padre bien podría tolerar eso.
Charlie entró con una caja de pizza en las manos.
—Hola, chicos —me sonrió—. Supuse que querrías tomarte un respiro de cocinar y fregar platos el día de tu cumpleaños. ¿Hay hambre?
—Está bien. Gracias, papá.
Charlie no hizo ningún comentario sobre la aparente falta de apetito de Edward. Estaba acostumbrado a que no cenara con nosotros.
—¿Le importaría si me llevo a Bella esta tarde? —preguntó Edward cuando Charlie y yo terminamos.
Miré a Charlie con rostro esperanzado. Quizás él tuviera ese tipo de concepto de cumpleaños que consiste en «quedarse en casa», en plan familiar.
"Sera mejor que no", gruño Alice que aun estaba con un poco de mal humor.
"Saber que, ya hablaste con Charlie sobre la fiesta", dijo Jasper tratando de calmarla acariciándole la mejilla... sabiendo que ella no quería que la calmara con su don como lo hacía con los demás.
Éste era mi primer cumpleaños con él, el primer cumpleaños desde que mi madre, Renée, volviera a casarse y se hubiera ido a vivir a Florida, de modo que no sabía qué expectativas tendría él.
—Eso es estupendo, los Mariner juegan con los Fox esta noche—
"O hay un juego de béisbol"  serió Emmett. “ Bella esta libre”
explicó Charlie, y mi esperanza desapareció—, así que seguramente seré una mala compañía... Toma —sacó la cámara que me había comprado por sugerencia de Renée (ya que necesitaría fotos para llenar mi álbum) y me la lanzó.
Él debería haber sabido mejor que nadie que yo no era ninguna maravilla de coordinación de movimientos.
"Lo bueno es que Eddy está allí para salvarla", se rió Emmett.
La cámara saltó de entre mis dedos y cayó dando vueltas hacia el suelo. Edward la atrapó en el aire antes de que se estampara contra el linóleo.
—Buena parada —remarcó Charlie—. Si han organizado algo divertido esta noche en casa de los Cullen, Bella, toma algunas fotos. Ya sabes cómo es tu madre, estará esperando verlas casi al mismo tiempo que las vayas haciendo.
—Buena idea, Charlie —dijo Edward mientras me devolvía la cámara.
Volví la cámara hacia él y le hice la primera foto.
—Va bien.
—Estupendo. Oye, saluda a Alice de mi parte. Lleva tiempo sin pasarse por aquí —Charlie torció el gesto.
"Parece que Bella no es  la única Swan a la que le vas  a gustar, Alice," dijo Edward, empieza a volver a ser el mismo de antes de la discusión.
"¿Qué puedo decir?, soy adorable", sonrió Alice y realmente parecía que las cosas mejoraron entre ella y Edward.
—Sólo han pasado tres días, papá —le recordé. Charlie estaba loco por Alice. Se encariñó con ella la última primavera, cuando me estuvo ayudando en mi difícil convalecencia; Charlie siempre le estaría agradecido por salvarle del horror de ayudar a ducharse a una hija ya casi adulta—. Se lo diré.
—Que os divirtáis esta noche, chicos —eso era claramente una despedida. Charlie ya se iba camino del salón y de la televisión.
Edward sonrió triunfante y me tomó de la mano para dirigirnos hacia la cocina.
Cuando fuimos a buscar mi coche, me abrió la puerta del copiloto y esta vez no protesté. Todavía me costaba mucho trabajo encontrar el camino oculto que llevaba a su casa en la oscuridad.
"Pero siempre se da cuenta de todo", dijo Emmett, tratando de hacer pucheros, pero su risa lo arruinó.
"Supongo que sólo tiene capacidad de observación humana cuando este ser oscuro no está cerca", se rió Jasper mirando a Edward.
Edward no se sentía ofendido, le gustaba saber que cuando estaba con Bella, ella solo le prestaba atención a él.
Edward condujo hacia el norte, hacia las afueras de Forks, visiblemente irritado por la escasa velocidad a la que le permitía conducir mi prehistórico Chevrolet. El motor rugía incluso más fuerte de lo habitual mientras intentaba ponerlo a más de ochenta.
—Tómatelo con calma —le advertí.
—¿Sabes qué te gustaría un montón? Un precioso y pequeño Audi Coupé. Apenas hace ruido y tiene mucha potencia...
"Por favor, escuchalo por una vez", dijo Rosalie.
—No hay nada en mi coche que me desagrade. Y hablando de caprichos caros, si supieras lo que te conviene, no te gastarías nada en regalos de cumpleaños.
—Ni un centavo —dijo con aspecto recatado.
—Muy bien.
—¿Puedes hacerme un favor?
—Depende de lo que sea.
"Ah, está mejorando en eso", sonrió Alice. "No estar de acuerdo con una petición hasta no saber lo que es."
"Me gustaba más la manera de antes", se quejó Edward.
Suspiró y su dulce rostro se puso serio.
—Bella, el último cumpleaños real que tuvimos nosotros fue el de Emmett en 1935. Déjanos disfrutar un poco y no te pongas demasiado difícil esta noche. Todos están muy emocionados.
Siempre me sorprendía un poco cuando se refería a ese tipo de cosas.
—Vale, me comportaré.
"Ah, todo lo que tenías que hacer era decirle delicadamente que es para otra persona y ella dirá que si", dijo Jasper sonriendo.
—Probablemente debería avisarte de que...
—Bien, hazlo.
—Cuando digo que todos están emocionados... me refiero a todos ellos.
—¿Todos? —me sofoqué—. Pensé que Emmett y Rosalie estaban en África.
"¿Por qué estamos en África?" Emmett pregunto, casi con cara de tristeza.
"Probablemente es mi culpa", suspiró Rosalie.
"Está bien", dijo Emmett. "Tenemos estos libros, no me pierdo de nada."
El resto de Forks tenía la sensación de que los retoños mayores de los Cullen se habían marchado ese año a la universidad, a Dartmouth, pero yo tenía más información.
—Emmett quería estar aquí.
—Pero... ¿y Rosalie?
—Ya lo sé, Bella. No te preocupes, ella se comportará lo mejor posible.
No contesté. Como si yo simplemente pudiera no preocuparme, así de fácil. A diferencia de Alice, la otra hermana «adoptada» de Edward, la exquisita Rosalie con su cabello rubio dorado, no me estimaba mucho. En realidad, lo que sentía era algo un poco más fuerte que el simple desagrado. Por lo que a Rosalie se refería, yo era una intrusa indeseada en la vida secreta de su familia.
Edward estaba mirando a Rosalie.
"Yo no sé sus pensamientos, Edward," dijo Rosalie. "Si yo supiera lo mucho que se preocupaba por nuestra familia, estaría mejor".
"Pero todavía no te cae bien," dijo Edward.
"Sabes que tengo razones para ello", dijo Rosalie, con una amenaza poco por detrás de sus palabras. "Sobre todo el hecho de que ella quiere ser un vampiro cuando ella puede... No importa."
"Así que nunca te va a gustar", suspiró Edward.
"Yo no diría nunca", dijo Rosalie. "En cierto modo, ya me cae bien... no sé, Edward."
"Está bien", suspiró Edward y luego sonrió. “Siempre y cuando mantengas una mente abierta, soy feliz."
Me sentía terriblemente culpable por la situación. Ya me había dado cuenta de que la prolongada ausencia de Emmett y Rosalie era por mi causa, a pesar de que, sin reconocerlo abiertamente, estaba encantada de no tener que verla. A Emmett, el travieso hermano de Edward, sí que le echaba de menos.
"Ella también m quiere", dijo Emmett, sintiéndose casi mareado. “Ella será mi hermanita”
"¿No lo había dicho ya al final del último libro también?" Edward preguntó, sonriendo.
"Aún así es agradable de escuchar," Emmett hizo un mohín alegre.
 En muchos sentidos, se parecía a ese hermano mayor que yo siempre había querido tener..., sólo que era mucho, mucho más amedrentador.
Edward decidió cambiar de tema.
—Así que, si no me dejas regalarte el Audi, ¿no hay nada que quieras por tu cumpleaños?
Mis palabras salieron en un susurro.
—Ya sabes lo que quiero.
"Ella tenía que volver al tema", se quejó Edward..
Un profundo ceño hizo surgir arrugas en su frente de mármol. Era evidente que hubiera preferido continuar con el tema de Rosalie.
Parecía que aquel día no hiciéramos nada más que discutir.
—Esta noche, no, Bella. Por favor.
—Bueno, quizás Alice pueda darme lo que quiero.
"Ya no existe esa opción", Alice suspiró y Edward sonrió.
Edward gruñó; era un sonido profundo y amenazante.
—Este no va a ser tu último cumpleaños, Bella —juró.
—¡Eso no es justo!
Creo que pude oír cómo le rechinaban los dientes.
Estábamos a punto de llegar a la casa. Las luces brillaban con fuerza en las ventanas de los dos primeros pisos. Una larga línea de relucientes farolillos de papel colgaba de los aleros del porche, irradiando un sutil resplandor sobre los enormes cedros que rodeaban la casa. Grandes maceteros de flores —rosas de color rosáceo— se alineaban en las amplias escaleras que conducían a la puerta principal.
"Oh dios, te luciste", se rió Emmett.
"Bueno, esta vez  no cuenta", sonrió Alice. "Parece que voy tener que superarme en un futuro”
Gemí.
Edward inspiró profundamente varias veces para calmarse.
—Esto es una fiesta —me recordó—. Intenta ser comprensiva.
—Seguro —murmuré.
Él dio la vuelta al coche para abrirme la puerta y me ofreció su mano.
—Tengo una pregunta.
Esperó con cautela.
—Si revelo esta película —dije mientras jugaba con la cámara entre mis manos—, ¿aparecerás en las fotos?
"Oh Bella," Edward se rió entre dientes.
Edward se echó a reír. Me ayudó a salir del coche, me arrastró casi por las escaleras y todavía estaba riéndose cuando me abrió la puerta.
Todos nos esperaban en el enorme salón de color blanco. Me saludaron con un «¡Feliz cumpleaños, Bella!», a coro y en voz alta, cuando atravesé la puerta. Enrojecí y clavé la mirada en el suelo. Alice, supuse que había sido ella, había cubierto cada superficie plana con velas rosadas y había docenas de jarrones de cristal llenos con cientos de rosas. Cerca del gran piano de Edward había una mesa con un mantel blanco, sobre el cual estaba el pastel rosa de cumpleaños, más rosas, una pila de platos de cristal y un pequeño montón de regalos envueltos en papel plateado.
Era cien veces peor de lo que había imaginado.
Emmett se rió mas fuerte todavía, mientras Edward se quejaba: "Yo soy el que va a tener que lidiar con ella después."
"Eso suena mucho mejor todavía", sonrió Alice.
Edward, al notar mi incomodidad, me pasó un brazo alentador por la cintura y me besó en lo alto de la cabeza.
Los padres de Edward, Esme y Carlisle —jóvenes hasta lo inverosímil y tan encantadores como siempre— eran los que estaban más cerca de la puerta. Esme me abrazó con cuidado y su pelo suave del color del caramelo me rozó la mejilla cuando me besó en la frente. Entonces, Carlisle me pasó el brazo por los hombros.
—Siento todo esto, Bella —me susurró en un aparte—. No hemos podido contener a Alice.
Rosalie y Emmett estaban detrás de ellos. Ella no sonreía, pero al menos no me miraba con hostilidad.
"Eso es... un buen avance," dijo Edward lentamente, la comisura de su boca se curvo hacia arriba en casi una sonrisa de diversión.
 El rostro de Emmett se ensanchó en una gran sonrisa. Habían pasado meses desde la última vez que los vi; había olvidado lo gloriosamente bella que era Rosalie, tanto, que casi dolía mirarla.
"Ya me cae mucho mejor", dijo sonriendo Rosalie.
“Si!!” vitoreo Emmett.
“Es tan importante para ti que Bella me caiga bien?” pregunto Rosalie.
“Si tu estas bien yo estoy bien, somos una pareja” dijo Emmett simplemente
Y Emmett siempre había sido tan... ¿grande?
—No has cambiado en nada —soltó Emmett con un tono burlón de desaprobación—. Esperaba alguna diferencia perceptible, pero aquí estás, con la cara colorada como siempre.
"Genial Em, hazla recordarlo," se quejó Edward.
—Muchísimas gracias, Emmett —le agradecí mientras enrojecía aún más.
Él se rió.
—He de salir un minuto —hizo una pausa para guiñar teatralmente un ojo a Alice.
"Sea lo que sea, ¿por qué lo hiciste Emmett?" -Preguntó Alice, sacudiendo la cabeza.
"Tal vez, tú querías que Bella lo vea", sugirió Jasper.
"O sabía que lo iba a notar, no sería Em si no lo hiciera divertido ", se rió Edward.
"Eso debe ser," Alice se unió a sus risas.
—No hagas nada divertido en mi ausencia.
—Lo intentaré.
Alice soltó la mano de Jasper y saltó hacia mí, con todos sus dientes brillando en la viva luz. Jasper también sonreía, pero se mantenía a distancia. Se apoyó, alto y rubio, contra la columna, al pie de las escaleras. Durante los días que habíamos pasado encerrados juntos en Phoenix, pensé que había conseguido superar su aversión por mí, pero volvía a comportarse conmigo exactamente del mismo modo que antes, evitándome todo lo que podía, en el momento en que se vio libre de su obligación de protegerme.
"Esta bien amor, te acostumbraras a ella", le susurró Alice a Jasper, al ver que su animo decayó.
"Lo sé", dijo Jasper. Ella no tenía que ser un adivino para saber que se estaba deprimiendo, no sólo porque era incapaz de estar cerca de Bella, sino porque era incapaz de estar cerca de cualquier ser humano... lo que era peor todavía.
"Todavía debo estar sobreprotegiéndola con respecto a ti", dijo Edward. "Esa debe ser la razón ..."
"Tal vez", dijo Jasper, era obvio que quería cerrar el tema antes de empezar a leer de nuevo.
Sabía que no era nada personal, sólo una precaución y yo intentaba no mostrarme susceptible con el tema. Jasper tenía más problemas que los demás a la hora de someterse a la dieta de los Cullen; el olor de la sangre humana le resultaba mucho más irresistible a él que a los demás, a pesar de que llevaba mucho tiempo intentándolo.
"Bueno, eso me hace sentir mejor", dijo Jasper con sarcasmo, pero estaba sonriendo al mismo tiempo, por lo que parecía ayudarlo un poco ya que al menos no dolía.
—Es la hora de abrir los regalos —declaró Alice. Pasó su mano fría bajo mi codo y me llevó hacia la mesa donde estaban la tarta y los envoltorios plateados.
Puse mi mejor cara de mártir.
—Alice, ya sabes que te dije que no quería nada...
—Pero no te escuché —
"Eso suena bastante bien," murmuró Edward.
me interrumpió petulante—. Ábrelos.
Me quitó la cámara de las manos y en su lugar puso una gran caja cuadrada y plateada. Era tan ligera que parecía vacía. La tarjeta de la parte superior decía que era de Emmett, Rosalie y Jasper. Casi sin saber lo que hacía, rompí el papel y miré por debajo, intentando ver lo que el envoltorio ocultaba.
Era algún instrumento electrónico, con un montón de números en el nombre. Abrí la caja, esperando descubrir lo que había dentro, pero en realidad, la caja estaba vacía.
—Mmm... gracias.
"Sí, pensamos que realmente te gustaría una caja", Emmett se echó a reír histéricamente y todos los demás también se reían. "Después de todo, no querías que gastáramos dinero en ti."
A Rosalie se le escapó una sonrisa. Jasper se rió.
—Es un estéreo para tu coche —explicó—. Emmett lo está instalando ahora mismo para que no puedas devolverlo.
Alice siempre iba un paso por delante de mí.
—Gracias, Jasper, Rosalie —les dije mientras sonreía al recordar las quejas de Edward sobre mi radio esa misma tarde; al parecer, todo era una puesta en escena—. Gracias, Emmett —añadí en voz más alta.
"Ella no tenía porque molestarse", se rió Emmett.
"Lo hizo para divertirte más," Edward se rió también.
Escuché su risa explosiva desde mi coche y no pude evitar reírme también.
—Abre ahora el de Edward y el mío —
"Ah, Eddy ni siquiera tienes un regalo propio", dijo Emmett, sacudiendo la cabeza. "Chico, estoy muy decepcionado de ti."
"Ella no quería nada", Edward lo miró. "Yo si la escuche”.
"No siempre debes creer lo que las chicas dicen cuando “dicen” algo así", dijo Emmett, esta vez en serio (lo más probable es que fuera la única perla de sabiduría que tenía sobre las mujeres)
"No te preocupes Edward, creo que Bella es de la clase de chica que cuando dicen no, realmente es un no", sonrió Alice.
dijo Alice, con una voz tan excitada que había adquirido un tono agudo. Tenía en la mano un paquete pequeño, cuadrado y plano.
Me volví y le lancé a Edward una mirada de basilisco.
—Lo prometiste.
"Oye, yo no estoy de vuelta, todavía," Emmett hizo un mohín. "Quiero ver el resplandor de Bella al recibir otro regalo."
Antes de que pudiera contestar, Emmett apareció en la puerta.
—¡Justo a tiempo! —alardeó y se colocó detrás de Jasper, que se había acercado más de lo habitual para poder ver mejor.
—No me he gastado un centavo —
"Encima hiciste que Alice lo pagara, no te creía tan tacaño Eddy", se rió Emmett.
"No creo que ese sea el caso", dijo Edward riendo también.
me aseguró. Me apartó un mechón de pelo de la cara, dejándome en la piel un leve cosquilleo con su contacto.
Aspiré profundamente y me volví hacia Alice.
—Dámelo —suspiré.
Emmett se rió con deleite.
Emmett rió entre dientes con placer.
Tomé el pequeño paquete, dirigiendo los ojos a Edward mientras deslizaba el dedo bajo el filo del papel y tiraba de la tapa.
—¡Maldita sea! —murmuré, cuando el papel me cortó el dedo. Lo alcé para examinar el daño. Sólo salía una gota de sangre del pequeño corte.
La habitación estaba muy tranquila, ya que nadie movió ni un músculo... todos sabían que algo terrible iba a suceder (de alguna una manera mucho peor que lo que ocurrió a finales del año pasado).
Después de un minuto, se hizo evidente que Jasper no iba a poder seguir leyendo. No podía, de solo imaginar, cuál sería su reacción en el libro, no iba a poder con la culpa si mataba a Bella en ese momento, él no podía leer tal cosa, no podía.. Por lo tanto, Alice tomó el libro de sus manos, con una mano agarro el libro y con la otra mano tomo la mano de Jasper en un apretón que transmitía la esperanza de que nada malo iba a pasar y también en señal de apoyo si pasara lo que ella temía.
Entonces, todo pasó muy rápido.
—¡No! —rugió Edward.
Se arrojó sobre mí, lanzándome contra la mesa. Las dos nos caímos, tirando al suelo el pastel y los regalos, las flores y los platos. Aterricé en un montón de cristales hechos añicos.
Edward gruñó, a sabiendas de que eso sólo empeoraría las cosas.
Jasper chocó contra Edward y el sonido pareció el golpear de dos rocas.
"Lo siento..." Jasper dijo, su voz estaba teñida de angustia y dolor. “Yo…yo…” Jasper no pudo continuar, las palabras quedaron atragantadas a causa de la culpa de atacar a su hermano, esto nunca había pasado, ¿qué había hecho?
"No," dijo Edward. "Es mi culpa ... yo no debería haber..."
A Alice no le gustaba a dónde iba todo esto, no le gustaba lo que pasaba con Jasper en el libro, pero sabía que debía terminar antes de que todos estallaran es la histeria, ella misma estaba agitada por lo que leía..
También hubo otro ruido, un gruñido animal que parecía proceder de la profundidad del pecho de Jasper.
Jasper pasó las manos por sus cabellos acabando en su rostro, tapándose la cara.
“Esto no pasará hijo” Esme le decía en tono tenso tratando de infundirle algo de apoyo, no era realmente su intención hablarle así , pero también estaba muy nerviosa.
 Éste intentó empujar a Edward a un lado y sus dientes chasquearon a pocos centímetros de su rostro.
Jasper se tensó aún más  y su expresión se hizo aún peor que antes.
Edward no decía nada, esto no era culpa de Jasper, era suya, solamente suya y nadie podría cambiar tal hecho, Bella no se merecía amar a alguien que la ponía en peligros constantes.
Al segundo siguiente, Emmett agarraba a Jasper desde detrás, sujetándolo con su abrazo de hierro, pero Jasper se debatía desesperadamente, con sus ojos salvajes, de expresión vacía fijos exclusivamente en mí.
“Lo siento, lo siento, lo siento” repetía una y otra vez Jasper.
Nadie le respondía, todavía estaban muy tensos por lo que estaba pasando.
Alice le apretaba  aun más la mano, haciéndole saber que ella estaba ahí para él. 
No sólo estaba en estado de shock, sino que también sentía pena. Caí al suelo cerca del piano, con los brazos extendidos de forma instintiva para parar mi caída entre los trozos irregulares de cristal. Justo en aquel momento sentí un dolor agudo y punzante que me subió desde la muñeca hasta el pliegue del codo.
"E incluso yo le cause más daño aún," musitó Edward, su voz carente de emociones otra vez, era una voz muerte. "Solo empeoró mas y mas las cosas...”
Aturdida y desorientada, miré la brillante sangre roja que salía de mi brazo y después a los ojos enfebrecidos de seis vampiros repentinamente hambrientos
"Eso es todo", dijo Alice, dejando el libro en la mesa y todos parecían aterrorizados.
"No puedo estar más con ella", dijo Edward a diferencia de la última vez, parecía que lo decía en serio.
"No," dijo Jasper, su voz estaba tan llena de repugnancia hacia él mismo, fue lo suficientemente fuerte como para que Edward lo mirara. "No puedes hacer eso ... no por mi culpa, por favor no."
"No es por ti, Jasper," dijo Edward. "Soy yo... mi mundo... ella no pertenece a esto."
"Edward", dijo Jasper, la pena y la tristeza era evidente en su voz. "Ya se me ocurrirá una forma de manejar esto..." continuó después de un minuto, él todavía estaba buscando más argumentos para Edward.
"Estábamos todos Jasper... cualquiera de nosotros podría haberle hecho daño", dijo Edward, con su rostro serio tanto que parecía que estaba hecho en piedra.
"Te juro Edward, nunca permitiré que esto suceda", dijo Jasper, mirando fijamente a los ojos de Edward. "Yo no le hará daño a Bella, te lo juro."
"Jasper..." Edward dijo, vacilando un poco.
"Y tú no tienes que preocuparte por los demás", dijo Jasper.
"Yo fui el único que actuó mal..."
"Pero..." Edward trató de interrumpir.
"Y me aseguraré de que nunca vuelva a pasar, incluso si tengo que sentarme al lado de los seres humanos durante cientos de horas y horas seguidas para conseguir
insensibilizarme", dijo Jasper, sin dejar de mirar a los ojos de Edward con una profunda determinación.
"Edward, por favor escúchalo", suplicó Esme.
"Esta familia no va a causarle ningún daño a Bella..."
"Voy a pensarlo", dijo Edward, y eso era lo mejor que iban a conseguir por el momento.
Sin más que decir Carlisle agarro el libro.




Bueno, eso es todo por hoy, que tal quedo??? Empezamos con el pie derecho en la historia??? Merezco reviews???



1 comentario:

Madi Gonzalez dijo...

Oh ne hiciste llorar :'(
Oh Jazz
Lo amo