domingo, 17 de junio de 2012

El prodigio


Aviso: Los libros aquí transcriptos y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia original “Reading Twilight”  a Choices HP, yo solo la traduzco, todo esto es sin ánimos de lucro, solo por mero entretenimiento.


EL PRODIGIO
Algo había cambiado cuando abrí los ojos por la mañana.
Era la luz, algo más clara aunque siguiera teniendo el matiz gris verdoso propio de un día nublado en el bosque. Comprendí que faltaba la niebla que solía envolver mi ventana.
Me levanté de la cama de un salto para mirar fuera
“Ella va a estar decepcionado de que no hay nieve", se rió Emmett.
y gemí de pavor.
Una fina capa de nieve cubría el césped y el techo de mi coche, y blanqueaba el camino, pero eso no era lo peor. Toda la lluvia del día anterior se había congelado, recubriendo las agujas de los pinos con diseños fantásticos y hermosísimos, pero convirtiendo la calzada en una superficie resbaladiza y mortífera. Ya me costaba mucho no caerme cuando el suelo estaba seco; tal vez fuera más seguro que volviera a la cama.
"Me pregunto cuántas veces se va a caer en este capítulo?" Emmett murmuró con la diversión
Charlie se había marchado al trabajo antes de que yo bajara las escaleras. En muchos sentidos, vivir con él era como tener mi propia casa y me encontraba disfrutando de la soledad en lugar de sentirme sola.
Engullí un cuenco de cereales y bebí un poco de zumo de naranja a morro. La perspectiva de ir al instituto me emocionaba, y me asustaba
 Ese es un pensamiento aterrador," dijo Emmett.
"Sobre todo porque es probable que tenga algo que ver conmigo", frunció el ceño Edward
saber que la causa no era el estimulante entorno educativo que me aguardaba ni la perspectiva de ver a mis nuevos amigos. Si no quería engañarme, debía admitir que deseaba acudir al instituto para ver a Edward Cullen, lo cual era una soberana tontería.
Sí, lo es", suspiró Edward
Después de que el día anterior balbuceara como una idiota y me pusiera en ridículo, debería evitarlo a toda costa. Además, desconfiaba de él por haberme mentido sobre sus ojos. Aún me atemorizaba la hostilidad que emanaba de su persona, todavía se me trababa la lengua cada vez que imaginaba su rostro perfecto. Era plenamente consciente de que jugábamos en ligas diferentes, distantes.
"No creo que ella tenga razón sobre el eso", dijo Edward.
"Así que estás en su liga, eh Eddy?" Emmett movió las cejas.
"Casi, Sólo quería decir que ella, obviamente, piensa que yo soy mejor y de lo que hemos aprendido sin duda de que eso no es cierto", se encogió de Edward.
"Lo que quiere decir con eso, Edward es que eres una persona maravillosa", dijo Esme, pero Edward se encogió de hombros de nuevo.
Por todo eso, no debería estar tan ansiosa por verle.
Necesité de toda mi concentración para caminar sin matarme por la acera cubierta de hielo en dirección a la carretera; aun así, estuve a punto de perder el equilibro cuando al fin llegué al coche, pero conseguí agarrarme al espejo y me salvé. Estaba claro, el día iba a ser una pesadilla.
"Tal vez no debería ir a la escuela, cuando es así", dijo Edward, con cara de preocupación por  ella.
"Y estropear la diversión", se rió Emmett.
“Te refieres a tu diversión", dijo Alice.
Emmett no respondió, aunque su sonrisa sugirió que estaba de acuerdo con su declaración
Mientras conducía hacia la escuela, para distraerme de mi temor a sucumbir, a entregarme a especulaciones no deseadas sobre Edward Cullen, pensé en Mike y en Eric, y en la evidente diferencia entre cómo me trataban los adolescentes del pueblo y los de Phoenix. Tenía el mismo aspecto que en Phoenix, estaba segura. Tal vez sólo fuera que esos chicos me habían visto pasar lentamente por las etapas menos agraciadas de la adolescencia y aún pensaban en mí de esa forma. O tal vez se debía a que era nueva en un lugar donde escaseaban las novedades. Posiblemente, el hecho de que fuera terriblemente patosa aquí se consideraba como algo encantador en lugar de patético, y me encasillaban en el papel de damisela en apuros. Fuera cual fuera la razón, me desconcertaba que Mike se comportara como un perrito faldero y que Eric se hubiera convertido en su rival. Hubiera preferido pasar desapercibida.
Rosalie se burlaba de eso.
"Apuesto a que es cosa torpeza, a quien no le gusta una muchacha linda en peligro", se rió Emmett.
"Probablemente tiene algo que ver con lo novedoso", dijo Edward. "La mitad de los chicos aquí están ansiosamente esperando su llegada."
"No hay otra explicación necesaria, además de que sea por ella misma," Esme dijo, frunciendo el ceño a sus hijos. "Ella es una chica encantadora."
El monovolumen no parecía tener ningún problema en avanzar por la carretera cubierta de hielo ennegrecido, pero aun así conducía muy despacio para no causar una escena de caos en Main Street.
Cuando llegué al instituto y salí del coche, vi el motivo por el que no había tenido percances. Un objeto plateado me llamó la atención y me dirigí a la parte trasera del monovolumen, apoyándome en él todo el tiempo, para examinar las llantas, recubiertas por finas cadenas entrecruzadas.
"Charlie debe de haber puesto las cadenas en los neumáticos, eso habla bien de él", sonrió Esme.
Charlie había madrugado para poner cadenas a los neumáticos del coche. Se me hizo un nudo en la garganta, ya que no estaba acostumbrada a que alguien cuidara de mí, y la silenciosa preocupación de Charlie me pilló desprevenida.
Esme sonrió mas brillante ante eso
Estaba de pie junto a la parte trasera del vehículo, intentando controlar aquella repentina oleada de sentimientos que me embargó al ver las cadenas, cuando oí un sonido extraño.
Era un chirrido fuerte que se convertía rápidamente en un estruendo. Sobresaltada, alcé la vista.
"No me gusta ese sonido" murmuró Edward, de repente poniéndose tenso.
Vi varias cosas a la vez. Nada se movía a cámara lenta, como sucede en las películas, sino que el flujo de adrenalina hizo que mí mente obrara con mayor rapidez, y pudiera asimilar al mismo tiempo varias escenas con todo lujo de detalles.
Edward Cullen se encontraba a cuatro coches de distancia, y me miraba con rostro de espanto. Su semblante destacaba entre un mar de caras, todas con la misma expresión horrorizada. Pero en aquel momento tenía más importancia una furgoneta azul oscuro que patinaba con las llantas bloqueadas chirriando contra los frenos, y que dio un brutal trompo sobre el hielo del aparcamiento. Iba a chocar contra la parte posterior del monovolumen, y yo estaba en medio de los dos vehículos. Ni siquiera tendría tiempo para cerrar los ojos.
"No," dijo Edward involuntario.
"Oh, querido," dijo Esme mirándolo molesta.
Algo me golpeó con fuerza, aunque no desde la dirección que esperaba, inmediatamente antes de que escuchara el terrible crujido que se produjo cuando la furgoneta golpeó contra la base de mi coche y se plegó como un acordeón.
"Será mejor que no seas tú", dijo Rosalie mirando a Edward.
"Qu…", dijo Edward mirando confundido, pero antes de que pudiera decir las palabras que cambió de opinión. "¿Qué vas a hacer si lo hago?"
"Vas a exponernos a todos", gritó Rosalie.
Edward no respondió -  parecía que estaba pensando en todo lo que iba a pasar y sabía que tenía que salvar a esa chica
Me golpeé la cabeza contra el asfalto helado y sentí que algo frío y compacto me sujetaba contra el suelo. Estaba tendida en la calzada, detrás del coche color café que estaba junto al mío, pero no tuve ocasión de advertir nada más porque la camioneta seguía acercándose. Después de raspar la parte trasera del monovolumen, había dado la vuelta y estaba a punto de aplastarme de nuevo.
"De todas las malas suerte", murmuró Edward.
Me percaté de que había alguien a mi lado al oír una maldición en voz baja, y era imposible no reconocerla. Dos grandes manos blancas se extendieron delante de mí para protegerme y la furgoneta se detuvo vacilante a treinta centímetros de mi cabeza. De forma providencial, ambas manos cabían en la profunda abolladura del lateral de la carrocería de la furgoneta.
"Edward," gruñó Rosalie ahora, apretando los dientes
Entonces, aquellas manos se movieron con tal rapidez que se volvieron borrosas. De repente, una sostuvo la carrocería de la furgoneta por debajo mientras algo me arrastraba. Empujó mis piernas hasta que toparon con los neumáticos del coche marrón. Con un seco crujido metálico que estuvo a punto de perforarme los tímpanos, la furgoneta cayó pesadamente en el asfalto entre el estrépito de las ventanas al hacerse añicos. Cayó exactamente donde hacía un segundo estaban mis piernas.
"Esto no es bueno", dijo Edward, y si hubiera sido posible habría palidecido más de lo que ya lo era.
"No es bueno, has arruinado todo", gruñó Rosalie nuevo. "Y todo por una chica estúpida".
"Ella no es estúpida", gruñó Edward
"No, si era tal vez no se habría dado cuenta que hiciste juegos malabares con la camioneta," silbó Rosalie. "Es mucho peor, por que ella tiene la inteligencia suficiente para detectar todo lo que hiciste".
"Cálmate Rosalie", dijo Carlisle con una voz suave. "Edward hizo lo correcto en salvar a la chica, aunque me gustaría que no había visto todo."
"Pero ..." Rosalie dijo mirando incrédulo a su padre.
"Estoy orgulloso de ti, Edward," dijo Esme Rosalie ante eso no podía decir nada. Era obvio que estaba complacida de que la niña no estaba herida, y otra vez ella estaba dando a su hijo una mirada calculadora.
"Lo que sea," gruñó Rosalie, cruzando los brazos por la frustración, pero no dijo nada más.
Reinó un silencio absoluto durante un prolongado segundo antes de que todo el mundo se pusiera a chillar. Oí a más de un persona que me llamaba en la repentina locura que se desató a continuación, pero en medio de todo aquel griterío escuché con mayor claridad la voz suave y desesperada de Edward Cullen que me hablaba al oído.
— ¿Bella? ¿Cómo estás?
—Estoy bien.
Mi propia voz me resultaba extraña. Intenté incorporarme y entonces me percaté de que me apretaba contra su costado con mano de acero.
—Ve con cuidado —dijo mientras intentaba soltarme—. Creo que te has dado un buen porrazo en la cabeza.
Esa es tu excusa para lo que vio," dijo Rosalie y entrecerró los ojos.
Sentí un dolor palpitante encima del oído izquierdo.
— ¡Ay! —exclamé, sorprendida.
—Tal y como pensaba...
Por increíble que pudiera parecer, daba la impresión de que intentaba contener la risa.
— ¿Cómo demo...? —me paré para aclarar las ideas y orientarme—. ¿Cómo llegaste aquí tan rápido?
—Estaba a tu lado, Bella —dijo; el tono de su voz volvía a ser serio.
Quise incorporarme, y esta vez me lo permitió, quitó la mano de mi cintura y se alejó cuanto le fue posible en aquel estrecho lugar. Contemplé la expresión inocente de su rostro, lleno de preocupación. Sus ojos dorados me desorientaron de nuevo. ¿Qué era lo que acababa de preguntarle?
"Tal vez sólo deba mirarla fijamente por el resto del día y seguro va a olvidar todo lo que pasó", bromeó Alice.
Nos localizaron enseguida. Había un gentío con lágrimas en las mejillas gritándose entre sí, y gritándonos a nosotros.
—No te muevas —ordenó alguien.
— ¡Sacad a Tyler de la furgoneta! —chilló otra persona.
El bullicio nos rodeó. Intenté ponerme en pie, pero la mano fría de Edward me detuvo.
—Quédate ahí por ahora.
—Pero hace frío —me quejé..
"Sí, de eso es lo que hay que preocuparse", se rieron Emmett y Edward entre dientes.
 Me sorprendió cuando se rió quedamente, pero con un tono irónico—. Estabas allí, lejos —me acordé de repente, y dejó de reírse—. Te encontrabas al lado de tu coche.
Su rostro se endureció.
—No, no es cierto.
"Edward, eres un mejor mentiroso que eso", dijo Alice en tono decepcionado. "Hay que mantener  bien las expresiones
"Sí, Eddy,  ni siquiera serás capaz de hacerle creer la parte más razonable de esta manera", dijo Emmett.
—Te vi.
A nuestro alrededor reinaba el caos. Oí las voces más rudas de los adultos, que acababan de llegar, pero sólo prestaba atención a nuestra discusión. Yo tenía razón y él iba a reconocerlo.
"Argh,  tenía que ser tan terca", murmuró Edward.
—Bella, estaba contigo, a tu lado, y te quité de en medio.
Dio rienda suelta al devastador poder de su mirada, como si intentara decirme algo crucial.
"No creo que tu encanto vaya a funcionar con ella", se rió Alice. "Bueno, no completamente de todos modos."
—No —dije con firmeza.
El dorado de sus ojos centelleó.
—Por favor, Bella.
— ¿Por qué? —inquirí.
—Confía en mí —me rogó. Su voz baja me abrumó. Entonces oí las sirenas.
— ¿Prometes explicármelo todo después?
—Muy bien —dijo con brusquedad, repentinamente exasperado.
"Le estás diciendo ..." Rosalie dijo, incrédulo.
"No, yo no estoy", suspiró Edward.
"Debes estar exasperado porque sabes que vas a tener que romper tu promesa", sonrió Alice.
—Muy bien —repetí encolerizada.
Se necesitaron seis EMT[1] y dos profesores, el señor Varner y el entrenador Clapp, para desplazar la furgoneta de forma que pudieran pasar las camillas. Edward la rechazó con vehemencia. Intenté imitarle, pero me traicionó al chivarles que había sufrido un golpe en la cabeza y que tenía una contusión.
"Cómo te atreves a traicionarla con eso", dijo Emmett con una indignación fingida
Casi me morí de vergüenza cuando me pusieron un collarín. Parecía que todo el instituto estaba allí, mirando con gesto adusto, mientras me introducían en la parte posterior de la ambulancia. Dejaron que Edward fuera delante. Eso me enfureció.
Para empeorar las cosas, el jefe de policía Swan llegó antes de que me pusieran a salvo.
— ¡Bella! —gritó con pánico al reconocerme en la camilla.
—Estoy perfectamente, Char... papá —dije con un suspiro—. No me pasa nada.
"Ella debe esperar hasta que la revise  para decir eso", dijo Carlisle. "Las lesiones de cabeza puede ser graves"
Se giró hacia el EMT más cercano en busca de una segunda opinión. Lo ignoré y me detuve a analizar el revoltijo de imágenes inexplicables que se agolpaban en mi mente. Cuando me alejaron del coche en camilla, había visto una abolladura profunda en el parachoques del coche marrón. Encajaba a la perfección con el contorno de los hombros de Edward, como si se hubiera apoyado contra el vehículo con fuerza suficiente para dañar el bastidor metálico.
Y luego estaba la familia de Edward, que nos miraba a lo lejos con una gama de expresiones que iban desde la reprobación hasta la ira, pero no había el menor atisbo de preocupación por la integridad de su hermano.
"Por supuesto que no," dijo Rosalie.
"Creo que sé cuál es la de " furia "," rió Emmett a su esposa, lo que la hizo cambiar su mirada a él por un segundo antes de volver a Edward.
"Ella incluso noto  nuestras reacciones dándole más combustibles a sus sospechas," murmuró Jasper.
Intenté hallar una solución lógica que explicara lo que acababa de ver, una explicación que excluyera la posibilidad de que hubiera enloquecido.
La policía escoltó a la ambulancia hasta el hospital del condado, por descontado. Me sentí ridícula todo el tiempo que tardaron en bajarme, y ver a Edward cruzar majestuosamente las puertas del hospital por su propio pie empeoraba las cosas. Me rechinaron los dientes.
Me condujeron hasta la sala de urgencias, una gran habitación con una hilera de camas separadas por cortinas de colores claros. Una enfermera me tomó la tensión y puso un termómetro debajo de mi lengua. Dado que nadie se molestó en correr las cortinas para concederme un poco de intimidad, decidí que no estaba obligada a llevar aquel feo collarín por más tiempo.
"Eso no es correcto", suspiró Carlisle. "Aunque no creo que su lesión sea grave, o por lo menos que necesita el soporte para el cuello - pero aún así, está mal que se lo quité."
En cuanto se fue la enfermera, desabroché el velero rápidamente y lo tiré debajo de la cama.
Se produjo una nueva conmoción entre el personal del hospital. Trajeron otra camilla hacia la cama contigua a la mía. Reconocí a Tyler Crowley, de mi clase de Historia, debajo de los vendajes ensangrentados que le envolvían la cabeza. Tenía un aspecto cien veces peor que el mío, pero me miró con ansiedad.
— ¡Bella, lo siento mucho!
Creo que puede ser que consiga otro admirador ", sonrió Emmett." ¿Estás preparado para más competencia? "
"Cállate", gruñó Edward.
—Estoy bien, Tyler, pero tú tienes un aspecto horrible. ¿Cómo te encuentras?
Las enfermeras empezaron a desenrollarle los vendajes manchados mientras hablábamos, y quedó al descubierto una miríada de cortes por toda la frente y la mejilla izquierda.
Tyler no prestó atención a mis palabras.
— ¡Pensé que te iba a matar! Iba a demasiada velocidad y entré mal en el hielo...
Hizo una mueca cuando una enfermera empezó a limpiarle la cara.
—No te preocupes; no me alcanzaste.
— ¿Cómo te apartaste tan rápido? Estabas allí y luego desapareciste.
"Maldita sea, esto sólo hará las cosas más difíciles," Edward frunció el ceño
Pues... Edward me empujó para apartarme de la trayectoria de la camioneta.
Parecía confuso.
— ¿Quién?
"Ja, ja, ni siquiera sé quién eres", se rió Emmett
—Edward Cullen. Estaba a mi lado.
Siempre se me había dado muy mal mentir. No sonaba nada convincente.
— ¿Cullen? No lo vi... ¡Vaya, todo ocurrió muy deprisa! ¿Está bien?
"Y ahí está la respuesta correcta que se supone que un ser humano da", dijo Edward.
"¿Nos está diciendo eso a nosotros? O a Bella?" Alice sonrió a su hermano.
—Supongo que sí. Anda por aquí cerca, pero a él no le obligaron a utilizar una camilla.
Sabía no que no estaba loca. En ese caso, ¿qué había ocurrido? No había forma de encontrar una explicación convincente para lo que había visto.
Luego me llevaron en silla de ruedas para sacar una placa de mi cabeza. Les dije que no tenía heridas, y estaba en lo cierto. Ni una contusión.
"Eso no ayuda", suspiró Edward.
 Pregunté si podía marcharme, pero la enfermera me dijo que primero debía hablar con el doctor, por lo que quedé atrapada en la sala de urgencias mientras Tyler me acosaba con sus continuas disculpas. Siguió torturándose por mucho que intenté convencerle de que me encontraba perfectamente. Al final, cerré los ojos y le ignoré, aunque continuó murmurando palabras de remordimiento.
— ¿Estará durmiendo? —preguntó una voz musical. Abrí los ojos de inmediato.
Edward se hallaba al pie de mi cama sonriendo con suficiencia. Le fulminé con la mirada. No resultaba fácil... Hubiera resultado más natural comérselo con los ojos.
—Oye, Edward, lo siento mucho... —empezó Tyler.
El interpelado alzó la mano para hacerle callar.
—No hay culpa sin sangre —le dijo con una sonrisa que dejó entrever sus dientes deslumbrantes.
"Espera, pensé que Tyler estaba sangrando," dijo Emmett shockeado
"Lo estaba ", dijo Edward.
"Y eres capaz de controlarte, estoy impresionado", dijo Carlisle sonriendo a su hijo. "Aunque, creo que demuestra que ella es tu tua cantante, su olor debe ser más fuerte que incluso una herida abierta
Se sentó en el borde de la cama de Tyler, me miró y volvió a sonreír con suficiencia.
— ¿Bueno, cuál es el diagnóstico?
—No me pasa nada, pero no me dejan marcharme —me quejé—. ¿Por qué no te han atado a una camilla como a nosotros?
—Tengo enchufe —respondió—, pero no te preocupes, voy a liberarte.
Entonces entró un doctor y me quedé boquiabierta.
"Supongo que he hecho mi entrada", se rió entre dientes Carlisle ante la reacción de la chica para con  él
Era joven, rubio y más guapo que cualquier estrella de cine, aunque estaba pálido y ojeroso; se le notaba cansado. A tenor de lo que me había dicho Charlie, ése debía de ser el padre de Edward.
—Bueno, señorita Swan —dijo el doctor Cullen con una voz marcadamente seductora—, ¿cómo se encuentra?
—Estoy bien —repetí, ojala fuera por última vez.
"Lo dudo", dijo Emmett.
Se dirigió hacia la mesa de luz vertical de la pared y la encendió.
—Las radiografías son buenas —dijo—. ¿Le duele la cabeza? Edward me ha dicho que se dio un golpe bastante fuerte.
Sí, sin duda, no hay lesión en la cabeza", suspiró Carlisle.
"Lástima que ella no tiene una lesión en la cabeza." Edward suspiró también
—Estoy perfectamente —repetí con un suspiro mientras lanzaba una rápida mirada de enojo a Edward.
"¿Cómo te atreves a decirle eso al médico Eddy?" Emmett se rió entre dientes.
El médico me examinó la cabeza con sus fríos dedos. Se percató cuando esbocé un gesto de dolor.
— ¿Le duele? —preguntó.
—No mucho.
Había tenido jaquecas peores.
"¿Por qué no me sorprende?", dijo Edward, riendo junto a Emmett.
Oí una risita, busqué a Edward con la mirada y vi su sonrisa condescendiente. Entrecerré los ojos con rabia.
—De acuerdo, su padre se encuentra en la sala de espera. Se puede ir a casa con él, pero debe regresar rápidamente si siente mareos o algún trastorno de visión.
— ¿No puedo ir a la escuela? —inquirí al imaginarme los intentos de Charlie por ser atento.
"¿Y la escuela es mejor que eso?" Emmett dijo.
—Hoy debería tomarse las cosas con calma.
Fulminé a Edward con la mirada.
— ¿Puede él ir a la escuela?
—Alguien ha de darles la buena nueva de que hemos sobrevivido —dijo con suficiencia.
—En realidad —le corrigió el doctor Cullen— parece que la mayoría de los estudiantes están en la sala de espera.
"Justo lo que quiere oír", se rió Emmett.
"Creo que es más probable que lo utiliza como una excusa para irse, sin embargo," se unió a Edward
— ¡Oh, no! —gemí, cubriéndome el rostro con las manos.
El doctor Cullen enarcó las cejas.
— ¿Quiere quedarse aquí?
— ¡No, no! —insistí al tiempo que sacaba las piernas por el borde de la camilla y me levantaba con prisa, con demasiada prisa, porque me tambaleé y el doctor Cullen me sostuvo. Parecía preocupado.
—Me encuentro bien —volví a asegurarle. No merecía la pena explicarle que mi falta de equilibrio no tenía nada que ver con el golpe en la cabeza.
Todo el mundo se rió de eso.
—Tome unas pastillas de Tylenol contra el dolor —sugirió mientras me sujetaba.
—No me duele mucho —insistí.
—Parece que ha tenido muchísima suerte —dijo con una sonrisa mientras firmaba mi informe con una fioritura.
—La suerte fue que Edward estuviera a mi lado —le corregí mirando con dureza al objeto de mi declaración.
"Buena y mala suerte de nuevo", dijo Carlisle.
—Ah, sí, bueno —musitó el doctor Cullen, súbitamente ocupado con los papeles que tenía delante. Después, miró a Tyler y se marchó a la cama contigua. Tuve la intuición de que el doctor estaba al tanto de todo.
—Lamento decirle que usted se va a tener que quedar con nosotros un poquito más —le dijo a Tyler, y empezó a examinar sus heridas.
Me acerqué a Edward en cuanto el doctor me dio la espalda.
— ¿Puedo hablar contigo un momento? —murmuré muy bajo. Se apartó un paso de mí, con la mandíbula tensa.
Ella estaba muy cerca," dijo Edward, cerrando los ojos preguntándose cómo va a lidiar con esto.
—Tu padre te espera —dijo entre dientes.
Miré al doctor Cullen y a Tyler, e insistí:
—Quiero hablar contigo a solas, si no te importa.
Me miró con ira, me dio la espalda y anduvo a trancos por la gran sala. Casi tuve que correr para seguirlo, pero se volvió para hacerme frente tan pronto como nos metimos en un pequeño corredor.
— ¿Qué quieres? —preguntó molesto.
"Edward," Esme reprendió. "Deja de ser tan grosero".
"Creo que estoy tratando de mantener lejos de mí", dijo Edward. "Es más seguro para ella, si ella no quiere estar cerca de mí."
Su mirada era glacial y su hostilidad me intimidó, hablé con más severidad de la que pretendía.
—Me debes una explicación —le recordé.
——Te salvé la vida. No te debo nada.
Retrocedí ante el resentimiento de su tono.
—Me lo prometiste.
—Bella, te diste un fuerte golpe en la cabeza, no sabes de qué hablas.
Lo dijo de forma cortante. Me enfadé y le miré con gesto desafiante.
—No me pasaba nada en la cabeza.
Me devolvió la mirada de desafío.
— ¿Qué quieres de mí, Bella?
—Quiero saber la verdad —dije—. Quiero saber por qué miento por ti.
— ¿Qué crees que pasó? —preguntó bruscamente.
—Todo lo que sé —le contesté de forma atropellada— es que no estabas cerca de mí, en absoluto, y Tyler tampoco te vio, de modo que no me vengas con eso de que me he dado un golpe muy fuerte en la cabeza. La furgoneta iba a matarnos, pero no lo hizo. Tus manos dejaron abolladuras tanto en la carrocería de la furgoneta como en el coche marrón, pero has salido ileso. Y luego la sujetaste cuando me iba a aplastar las piernas...
Me di cuenta de que parecía una locura y fui incapaz de continuar. Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas de pura rabia. Rechiné los dientes para intentar contenerlas
Edward me miró con incredulidad, pero su rostro estaba tenso y permanecía a la defensiva.
"Eso es... porque estas así?" Preguntó Jasper.
"Yo creo que lo sé," dijo Edward en el tono que usaba cuando estaba a punto de estado de una teoría que había venido para arriba con.
"¿Por qué te descargas con ella entonces?" Emmett dijo. "Bella ha estado pensando en esto desde antes del accidente."
"Ya sé", dijo Edward. "Pero - Yo no estoy seguro de esto - pero tengo la sensación de que no puedo leer su mente."
Hubo un segundo de silencio antes de que Emmett dijera con incredulidad: "¿Qué?"
"Pero tu puedes oír a todo el mundo", dijo Jasper en estado de shock. "¿Qué te hace pensar eso?"
"Es sólo la forma en que reacciono a ella, a veces," dijo Edward. "Yo debería ser capaz de saber dónde está viniendo, pero a menudo me sorprende.""Además, en esa parte cuando dice que ella era como un libro abierto, pero tu dijiste que eras difícil de leer", agregó Carlisle, que pareciera que había llegado a la misma conclusión que Edward."Imagínate, hay alguien que Eddy no puede leer," rió Emmett.
"Esto no es divertido, sólo hace que la situación sea más difícil, si eso es cierto," dijo Rosalie críticamente.
"Supongo que eso es cierto, pero hay que admitir que sería irónico que Edward se enamoré de la chica a la que no puede leer la mente," se encogió de hombros Emmett - tratando de no reírse, …. Pero fracasando
"Nadie se está enamorando ", dijo Edward abruptamente mirando a su hermano.
"Vamos Edward, aunque sea debes tener cuenta que tu propio libro está actuando peculiarmente... además, tu has estado diciendo algunas cosas extrañas a medida que vamos leyendo, "dijo Alice a su hermano que acaba de cambiar su mirada hacia ella.
— ¿Crees que aparté a pulso una furgoneta?
Su voz cuestionaba mi cordura, pero sólo sirvió para alimentar más mis sospechas, ya que parecía la típica frase perfecta que pronuncia un actor consumado. Apreté la mandíbula y me limité a asentir con la cabeza.
—Nadie te va a creer, ya lo sabes.
"Esa es una admisión si alguna vez has oído de una", se mofó Rosalie.
"Ella es demasiado terca para dejar pasar algo como eso", se encogió de Edward.
Su voz contenía una nota de burla y desdén.
—No se lo voy a decir a nadie.
Hablé despacio, pronunciando lentamente cada palabra, controlando mi enfado con cuidado. La sorpresa recorrió su rostro.
En realidad no es tan sorprendente", dijo Edward sonriendo. "Si va con su carácter... no que yo sepa todavía."
"Ves lo que quiero decir Edward," dijo Alice divertida y Edward frunció el ceño de nuevo.
—Entonces, ¿qué importa?
—Me importa a mí —insistí—. No me gusta mentir, por eso quiero tener un buen motivo para hacerlo.
— ¿Es que no me lo puedes agradecer y punto?
—Gracias.
"Tu sabes que probablemente podrías haber dicho algo como para mantener a mi familia y mi seguridad y ella lo hubiera dejado ir fácilmente", señaló Alice.
"Tienes un punto, pero como he dicho, no creo que yo haya visto ese lado suyo  todavía", dijo Edward.
Esperé, furiosa, echando chispas.
—No vas a dejarlo correr, ¿verdad?
—No.
—En tal caso... espero que disfrutes de la decepción.
No me gusta esto", dijo Jasper. "Algo me dice que no va estar decepcionada por mucho tiempo."
"¿Crees que vaya a averiguarlo?", dijo Edward preocupado.
"Vamos Edward, es inteligente, observadora, te ha visto hacer cosas increíbles, está intrigada por todo acerca de ti y es demasiado obstinada para dejarlo pasar", dijo Jasper. "Ella lo descubrirá en cualquier momento."
"Eres un idiota", expresó Rosalie después de unos segundos de silencio, como todo el mundo procesa la información.
Enfadados, nos miramos el uno al otro, hasta que al final rompí el silencio intentando concentrarme. Corría el peligro de que su rostro, hermoso y lívido, me distrajera. Era como intentar apartar la vista de un ángel destructor.
— ¿Por qué te molestaste en salvarme? —pregunté con toda la frialdad que pude.
"Mis sentimientos exactamente," murmuró Rosalie.
"Ella vale la pena" dijo Edward reflexivamente
Se hizo una pausa y durante un breve momento su rostro bellísimo fue inesperadamente vulnerable.
—No lo sé —susurró.
"Típico macho despistado", murmuró Alice sonriendo.
"Sí, Eddy, es porque tú la aaaaaamas", agregó Emmett.
"Oh, espero que estén en lo correcto", dijo Esme esperanzada
Entonces me dio la espalda y se marchó.
Estaba tan enfadada que necesité unos minutos antes de poder moverme. Cuando pude andar, me dirigí lentamente hacia la salida que había al fondo del corredor.
La sala de espera superaba mis peores temores. Todos aquellos a quienes conocía en Forks parecían hallarse presentes, y todos me miraban fijamente. Charlie se acercó a toda prisa. Levanté las manos.
—Estoy perfectamente —le aseguré, hosca. Seguía exasperada y no estaba de humor para charlar.
— ¿Qué dijo el médico?
—El doctor Cullen me ha reconocido, asegura que estoy bien y puedo irme a casa.
Suspiré. Mike y Jessica y Eric me esperaban y ahora se estaban acercando.
—Vamonos —le urgí.
Sin llegar a tocarme, Charlie me rodeó la espalda con un brazo y me condujo a las puertas de cristal de la salida. Saludé tímidamente con la mano a mis amigos con la esperanza de que comprendieran que no había de qué preocuparse. Fue un gran alivio subirme al coche patrulla, era la primera vez que experimentaba esa sensación.
Viajábamos en silencio. Estaba tan ensimismada en mis cosas que apenas era consciente de la presencia de Charlie. Estaba segura de que esa actitud a la defensiva de Edward en el pasillo no era sino la confirmación de unos sucesos tan extraños que difícilmente me hubiera creído de no haberlos visto con mis propios ojos.
“Esa conversación hizo más mal que bien” suspiró Edward
Cuando llegamos a casa, Charlie habló al fin:
—Eh... Esto... Tienes que llamar a Renée.
Embargado por la culpa, agachó la cabeza. Me espanté.
— ¡Se lo has dicho a mamá!
—Lo siento.
Por supuesto que le dijo a su madre, ella tiene derecho a saber”, dijo Esme.
Al bajarme, cerré la puerta del coche patrulla con un portazo más fuerte de lo necesario.
Mi madre se había puesto histérica, por supuesto. Tuve que asegurarle que estaba bien por lo menos treinta veces antes de que se calmara. Me rogó que volviera a casa, olvidando que en aquel momento estaba vacía, pero resistir a sus súplicas me resultó mucho más fácil de lo que pensaba. El misterio que Edward representaba me consumía; aún más, él me obsesionaba. Tonta. Tonta. Tonta. No tenía tantas ganas de huir de Forks como debiera, como hubiera tenido cualquier persona normal y cuerda.
"Ella realmente te tiene mal Edward, es mejor que tengas cuidado", se rió Emmett - que no iba a dejar que nada en estas historias destruyan su buen humor.
Decidí que sería mejor acostarme temprano esa noche. Charlie no dejaba de mirarme con preocupación y eso me sacaba de quicio. Me detuve en el cuarto de baño al subir y me tomé tres pastillas de Tylenol. Calmaron el dolor y me fui a dormir cuando éste remitió.
Esa fue la primera noche que soñé con Edward Cullen.
“Oh, me pregunto qué soñara," Alice bromeo
"Ese es el final del capítulo," dijo Emmett casi decepcionado - él también quería escuchar el sueño... serian más municiones para burlarse de su hermano."Creo que me gustaría leer a continuación, si todos están de acuerdo, dijo Esme.
Emmett se encogió de hombros y le tendió el libro


Holaaaa^^ que tal quedo?? Les gusto??? Espero que si :)
saluditos.
Cary

3 comentarios:

Anónimo dijo...

me gusto el cap, gracias !

Paty93 dijo...

me gusto! pense que seria en el cap anterior dond el descubriria el mutismo mental de Bella pero creo q me adelante a los hechos jajajajaja... espero el proximo cap!!un abrazo!!!;)

Wanderer O' Cullen dijo...

jaja Pobrecillo Edward que se siente raro al saber de que no puede leer la mente de Bella xD
gracias!