miércoles, 20 de junio de 2012

Los Cullen


Aviso: Los libros aquí transcriptos y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia original “Reading Twilight” a Choices HP, yo solo la traduzco, todo esto es sin ánimos de lucro, solo por mero entretenimiento.

Los Cullen Alice leyó con una sonrisa radiante." Creo que finalmente vamos a entrar en la historia”
Finalmente, me despertó la tenue luz de otro día nublado. Yacía con el brazo sobre los ojos, grogui y confusa. Algo, el atisbo de un sueño digno de recordar, pugnaba por abrirse paso en mi mente. Gemí y rodé sobre un costado esperando volver a dormirme. Y entonces lo acaecido el día anterior irrumpió en mi conciencia.
— ¡Oh!
Me senté tan deprisa que la cabeza me empezó a dar vueltas.
—Tu pelo parece un almiar, pero me gusta.
"No te burles de su cabello, Edward," Alice reprendió. "Tú no tiene modales."
La voz serena procedía de la mecedora de la esquina.
—¡Edward, te has quedado! —me regocijé y crucé el dormitorio para arrojarme irreflexivamente a su regazo. Me quedé helada, sorprendida por mi desenfrenado entusiasmo, en el instante en el que comprendí lo que había hecho. Alcé la vista, temerosa de haberme pasado de la raya,
“Ya, en serio, deja de ser tan pesimista” le dijo Jasper ya que tenía que aguantar sus cambios de humor como propios a cada momento
pero él se reía.
—Por supuesto —contestó, sorprendido, pero complacido de mi reacción. Me frotó la espalda con las manos.
Recosté con cuidado la cabeza sobre su hombro, inspirando el olor de su piel.
—Estaba convencida de que era un sueño.
—No eres tan creativa —se mofó.
—¡Charlie! —exclamé.
Volví a saltar de forma irreflexiva en cuanto me acordé de él y me dirigí hacia la puerta.
—Se marchó hace una hora... Después de volver a conectar los cables de la batería de tu coche, debería añadir. He de admitir cierta decepción. ¿Es todo lo que se le ocurre para detenerte si estuvieras decidida a irte?
"No," respondió Edward a su propia pregunta.
"No creo que ella sepa cómo volver a colocar la batería al coche", dijo Rosalie.
"Eso es probablemente cierto, pero es demasiado testaruda como para que su falta de camión sea suficiente para para detenerla", dijo Edward.
Estuve reflexionando mientras me quedaba de pie, me moría de ganas de regresar junto a él, pero temí tener mal aliento.
—No sueles estar tan confundida por la mañana —advirtió.
Me tendió los brazos para que volviera. Una invitación casi irresistible.
—Necesito otro minuto humano —admití.
—Esperaré.
Me precipité hacia el baño sin reconocer mis emociones. No me conocía a mí misma, ni por dentro ni por fuera. El rostro del espejo, con los ojos demasiado brillantes y unas manchas rojizas de fiebre en los pómulos, era prácticamente el de una desconocida. Después de cepillarme los dientes, me esforcé por alisar la caótica maraña que era mi pelo. Me eché agua fría sobre el rostro e intenté respirar con normalidad sin éxito evidente. Regresé a mi cuarto casi a la carrera.
Parecía un milagro que siguiera ahí, esperándome con los brazos tendidos para mí. Extendió la mano y mi corazón palpitó con inseguridad.
—Bienvenida otra vez —musitó, tomándome en brazos.
Me meció en silencio durante unos momentos, hasta que me percaté de que se había cambiado de ropa y llevaba el pelo liso.
—¡Te has ido! —le acusé mientras tocaba el cuello de su camiseta nueva.
—Difícilmente podía salir con las ropas que entré. ¿Qué pensarían los vecinos?
"A quién le importa lo que piensan los vecinos, ¿cómo puedes dejarla Eddy?" Emmett dijo con indignación fingida.
Edward no le quedaba más que reírse.
Hice un mohín.
—Has dormido profundamente, no me he perdido nada —sus ojos centellearon—. Empezaste a hablar en sueños muy pronto.
Gemí.
—¿Qué oíste?
Los ojos dorados se suavizaron.
—Dijiste que me querías.
—Eso ya lo sabías —le recordé, hundí mi cabeza en su hombro.
"Pero en realidad nunca lo dijo en palabras", sonrió Edward, su rostro se había iluminado increíblemente cuando Alice leyó las palabras, y deseaba tanto poder escucharlas algún día.
—Da lo mismo, es agradable oírlo.
Oculté la cara contra su hombro.
—Te quiero —susurré.
—Ahora tú eres mi vida —se limitó a contestar.
"Edward, deberías haberle dicho que la querías también ", dijo Alice.
"Pero le dije más que solo eso," dijo Edward.
"Es cierto, pero tal vez ella quería oír las mismas palabras igual que tú", suspiró Alice.
No había nada más que decir por el momento. Nos mecimos de un lado a otro mientras se iba iluminando el dormitorio.
—Hora de desayunar —dijo al fin de manera informal para demostrar, estaba segura, que se acordaba de todas mis debilidades humanas.
Me protegí la garganta con ambas manos y lo miré fijamente con ojos abiertos de miedo.
"Brillante", se rió Emmett mientras aplaudía.”Realmente adoro a esta chica, puede molestar a Eddy y el no se da cuenta!
El pánico cruzó por su rostro.
"Oh, vamos Eddy, aliviánate ... fue gracioso", continuó Emmett riéndose
"No fue divertido", Edward frunció el ceño.
—¡Era una broma! —me reí con disimulo—. ¡Y tú dijiste que no sabía actuar!
Frunció el ceño de disgusto.
—Eso no ha sido divertido.
—Lo ha sido, y lo sabes.
No obstante, estudié sus ojos dorados con cuidado para asegurarme de que me había perdonado. Al parecer, así era.
—¿Puedo reformular la frase? —preguntó—. Hora de desayunar para los humanos.
—Ah, de acuerdo.
Me echó sobre sus hombros de piedra, con suavidad, pero con tal rapidez que me dejó sin aliento. Protesté mientras me llevaba con facilidad escaleras abajo, pero me ignoró. Me sentó con delicadeza, derecha sobre la silla.
La cocina estaba brillante, alegre, parecía absorber mi estado de ánimo.
—¿Qué hay para desayunar? —pregunté con tono agradable.
Aquello le descolocó durante un minuto.
—Eh... No estoy seguro. ¿Qué te gustaría?
"No me gusta no saber las cosas," suspiró Edward.
Arrugó su frente de mármol. Esbocé una amplia sonrisa y me levanté de un salto.
—Vale, sola me defiendo bastante bien. Obsérvame cazar.
"Ella usó nuestra terminología," rió Emmett. "Me gusta eso."
Encontré un cuenco y una caja de cereales. Pude sentir sus ojos fijos en mí mientras echaba la leche y tomaba una cuchara. Puse el desayuno sobre la mesa, y luego me detuve para, sin querer ser irónica, preguntarle:
—¿Quieres algo?
“Simplemente genial” volvió a reírse Emmett, “Bella está siendo muy divertida en este capitulo”
Puso los ojos en blanco.
—Limítate a comer, Bella.
Me senté y le observé mientras comía. Edward me contemplaba fijamente, estudiando cada uno de mis movimientos, por lo que me sentí cohibida. Me aclaré la garganta para hablar y distraerle.
—¿Qué planes tenemos para hoy?
—Eh... —le observé elegir con cuidado la respuesta—. ¿Qué te parecería conocer a mi familia?
"Siiiiiiiiiiiii!" Emmett vitoreo
"No puedo esperar!" Esme sonrió.
"Ya era hora!" Alice dijo.
"Le pregunté a Bella, no a ustedes", sonrió Edward.
Tragué saliva.
—¿Ahora tienes miedo?
Parecía esperanzado.
—Sí —admití, pero cómo negarlo si lo podía advertir en mis ojos.
"Ella tiene miedo de nosotros", suspiró Esme. "Pero yo quiero conocerla".
—No te preocupes —esbozó una sonrisa de suficiencia—. Té protegeré.
—No los temo a ellos —me expliqué—, sino a que no les guste.
“Oh, no te preocupes por eso, nos caerás muy bien", dijo Esme animada inmediatamente. "Ya te queremos".
 ¿No les va a sorprender que lleves a casa para conocerlos a alguien, bueno, a alguien como yo?
—Oh, están al corriente de todo. Ayer cruzaron apuestas, ya sabes —sonrió, pero su voz era severa—, sobre si te traería de vuelta, aunque no consigo imaginar la razón por la que alguien apostaría contra Alice. De todos modos, no tenemos secretos en la familia. No es viable con mi don para leer las mentes, la precognición de Alice y todo eso.
—Y Jasper haciéndote sentir todo el cariño con que te arrancaría las tripas.
"Sí, ¿cómo podría olvidar eso Eddy?" Emmett se rió.
Jasper sonrió agradablemente y miraba fijamente a Alice le dijo: "Ella se acordo de mí."
Alice le sonrió feliz a su esposo “te dije que también será tu amiga”
—Prestaste atención —comentó con una sonrisa de aprobación.
—Sé hacerlo de vez en cuando —hice una mueca——. ¿Así que Alice me vio regresar?
Su reacción fue extraña.
—Algo por el estilo —comentó con incomodidad mientras se daba la vuelta para que no le pudiera ver los ojos. Le miré con curiosidad.
"Me pregunto que vi?" Alice dijo. "Tendría que ser : ella muerta o una de nosotros... sólo puedo pensar que esas dos opciones te lleguen a molestar."
"Es cierto esas dos opciones realmente me molestan," dijo Edward. "Y no va a suceder ni la una ni la otra."
—¿Tiene buen sabor? —preguntó al volverse de repente y contemplar mi desayuno con un gesto burlón—. La verdad es que no parece muy apetitoso.
—Bueno, no es un oso gris irritado... —murmuré, ignorándole cuando frunció el ceño.
"Eso es seguro", se rió Emmett.
Aún me seguía preguntando por qué me había respondido de esa manera cuando mencioné a Alice. Mientras especulaba, me apresuré a terminar los cereales.
Permaneció plantado en medio de la cocina, de nuevo convertido en la estatua de un Adonis, mirando con expresión ausente por las ventanas traseras. Luego, volvió a posar los ojos en mí y esbozó esa arrebatadora sonrisa suya.
—Creo que también tú deberías presentarme a tu padre.
—Ya te conoce —le recordé.
—Como tu novio, quiero decir.
Le miré con gesto de sospecha.
—¿Por qué?
—¿No es ésa la costumbre? —preguntó inocentemente.
—Lo ignoro —admití. Mi historial de novios me ofrecía pocas referencias con las que trabajar, y ninguna de las reglas normales sobre salir con chicos venía al caso—. No es necesario, ya sabes. No espero que tú... Quiero decir, no tienes que fingir por mí.
"Por qué ella piensa que estoy fingiendo?" Edward preguntó.
Su sonrisa fue paciente.
—No estoy fingiendo.
Empujé el resto de los cereales a una esquina del cuenco mientras me mordía el labio.
—¿Vas a decirle a Charlie que soy tu novio o no? —quiso saber.
—¿Es eso lo que eres?
En mi fuero interno, me encogí ante la perspectiva de unir a Edward, Charlie y la palabra novio en la misma habitación y al mismo tiempo.
Emmett y Jasper estallaron en carcajadas por los miedos de Bella.
—Admito que es una interpretación libre, dada la connotación humana de la palabra.
—De hecho, tengo la impresión de que eres algo más —confesé clavando los ojos en la mesa.
"Me gusta eso", sonrió Edward.
"Pero no es algo que deban decirle a Charlie", dijo Alice.
"Es verdad, por eso me dije novio", dijo Edward sonriendo.
—Bueno, no creo necesario darle todos los detalles morbosos —se estiró sobre la mesa y me levantó el mentón con un dedo frío y suave—. Pero vamos a necesitar una explicación de por qué merodeo tanto por aquí. No quiero que el jefe de policía Swan me imponga una orden de alejamiento.
—¿Estarás? —pregunté, repentinamente ansiosa—. ¿De veras vas a estar aquí?
“Por supuesto que sí” dijo Edward frunciendo el ceño de solo pensar intentar alejarse.
—Tanto tiempo como tú me quieras —me aseguró.
—Te querré siempre —le avisé—. Para siempre.
Edward frunció el ceño otra vez, ellos no podrían estar siempre juntos, no si ella era humana, y Bella sea como sea PERMANECERÍA  HUMANA.
Caminó alrededor de la mesa muy despacio y se detuvo muy cerca, extendió la mano para acariciarme la mejilla con las yemas de los dedos. Su expresión era inescrutable.
—¿Eso te entristece?
No contestó y me miró fijamente a los ojos por un periodo de tiempo inmensurable.
"Mucho", murmuró Edward que estaba seguro que su yo del libro había pensado exactamente lo mismo que él en ese momento.
—¿Has terminado? ——preguntó finalmente.
Me incorporé de un salto.
—Sí.
—Vístete... Te esperaré aquí.
Resultó difícil decidir qué ponerme. Dudaba que hubiera libros de etiqueta en los que se detallara cómo vestirte cuando tu novio vampiro te lleva a su casa para que conozcas a su familia vampiro.
"No creo que haya alguno", dijo Carlisle sonriendo.
“Por supuesto que no” dijo Alice “pero siempre hay un estilo para todo”
Era un alivio emplear la palabra en mi fuero interno. Sabía que yo misma la eludía de forma intencionada.
Terminé poniéndome mi única falda, larga y de color caqui, pero aun así informal. Me vestí con la blusa de color azul oscuro de la que Edward había hablado favorablemente en una ocasión.
"Argh, la misma blusa", se quejó Alice, pero Edward parecía sonreír a los esfuerzos de Bella para complacerlo.
 Un rápido vistazo en el espejo me convenció de que mi pelo era una causa perdida, por lo que me lo recogí en una coleta.
—De acuerdo —bajé a saltos las escaleras—. Estoy presentable.
Me esperaba al pie de las mismas, más cerca de lo que pensaba, por lo que salté encima de él. Edward me sostuvo, durante unos segundos me retuvo con cautela a cierta distancia antes de atraerme súbitamente.
—Te has vuelto a equivocar —me murmuró al oído—. Vas totalmente indecente. No está bien que alguien tenga un aspecto tan apetecible.
—¿Cómo de apetecible? Puedo cambiar...
"Oh Bella, no ese tipo de tentación, es algo más…", se rió Edward.
"Todavía es sorprendente que hables de esa manera", dijo Emmett tratando de ser serio, pero fue arruinado por la gran sonrisa en su rostro.
“Si, ¿seguro que eres tú?... Emmett ¿Tú crees que sea un impostor?” pregunto Jasper con los ojos desorbitados por el reciente “descubrimiento”…
Emmett y Jasper se levantaron y el primero agarro a Edward de la camisa y lo sacudió diciendo “dinos quien eres y que hiciste con el mojigato de nuestro Eddy?
Edward solo rodo los ojos por el comportamiento de sus hermanos, a veces eran tan infantiles, pero así y todo los quería, así que le respondió lo mas calmadamente posible “Por todos los cielos, si es que hay uno, podrían dejar de ser tan idiotas”
Emmett lo soltó y se miraron con Jasper diciendo a coro “Si, es nuestro Eddy” y susurrando “hay que vigilarlo”
Los demás solo se rieron ante la escena de los 3 pero no intervinieron, era bueno que hubiera siempre esa camaradería entre ellos.
Suspiró al tiempo que sacudía la cabeza.
—Eres tan ridícula...
Presionó con suavidad sus labios helados en mi frente y la habitación empezó a dar vueltas. El olor de su respiración me impedía pensar.
—¿Debo explicarte por qué me resultas apetecible?
Era claramente una pregunta retórica. Sus dedos descendieron lentamente por mi espalda y su aliento rozó con más fuerza mi piel. Mis manos descansaban flácidas sobre su pecho y otra vez me sentí aturdida. Inclinó la cabeza lentamente y por segunda vez sus fríos labios tocaron los míos con mucho cuidado, separándolos levemente.
Entonces sufrí un colapso.
"¿Por qué?" Edward preguntó preocupado.
—¿Bella? —dijo alarmado mientras me recogía y me alzaba en vilo.
—Has hecho que me desmaye... —le acusé en mi aturdimiento.
"Argh", se quejó Edward y Emmett se rió entre dientes.
—¿Qué voy a hacer contigo? —Gimió con desesperación—. Ayer te beso, ¡y me atacas! ¡Y hoy te desmayas!
Me reí débilmente, dejando que sus brazos me sostuvieran mientras la cabeza seguía dándome vueltas.
—Eso te pasa por ser bueno en todo.
Suspiró.
—Ése es el problema —yo aún seguía grogui—. Eres demasiado bueno. Muy, muy bueno.
—¿Estás mareada? —preguntó. Me había visto así con anterioridad.
—No... No fue la misma clase de desfallecimiento de siempre. No sé qué ha sucedido —agité la cabeza con gesto de disculpa—. Creo que me olvidé de respirar.
—No te puedo llevar de esta guisa a ningún sitio.
—Estoy bien —insistí—. Tu familia va a pensar que estoy loca de todos modos, así que... ¿Cuál es la diferencia?
"Claro que sí, pero es la locura de la buena", se rió Emmett.
Evaluó mi expresión durante unos instantes.
—No soy imparcial con el color de esa blusa —comentó inesperadamente. Enrojecí de placer y desvié la mirada.
—Mira, intento con todas mis fuerzas no pensar en lo que estoy a punto de hacer, así que ¿podemos irnos ya?
—A ti no te preocupa dirigirte al encuentro de una casa llena de vampiros, lo que te preocupa es conseguir su aprobación, ¿me equivoco?
“Hermano, te sacaste la lotería con ella” dijo Emmett
—No —contesté de inmediato, ocultando mi sorpresa ante el tono informal con el que utilizaba la palabra.
Sacudió la cabeza.
—Eres increíble.
Cuando condujo fuera del centro del pueblo comprendí que no tenía ni idea de dónde vivía.
Cruzamos el puente sobre el río Calwah, donde la carretera se desviaba hacia el Norte. Las casas que aparecían de forma intermitente al pasar se encontraban cada vez más alejadas de la carretera, y eran de mayor tamaño. Luego sobrepasamos otro núcleo de edificios antes de dirigirnos al bosque neblinoso. Intentaba decidir entre preguntar o tener paciencia y mantenerme callada cuando giró bruscamente para tomar un camino sin pavimentar. No estaba señalizado y apenas era visible entre los helechos. El bosque, serpenteante entre los centenarios árboles, invadía a ambos lados el sendero hasta tal punto que sólo era distinguible a pocos metros de distancia.
Luego, a escasos kilómetros, los árboles ralearon y de repente nos encontramos en una pequeña pradera, ¿o era un jardín? Sin embargo, se mantenía la penumbra del bosque; no remitió debido a que las inmensas ramas de seis cedros primigenios daban sombra a todo un acre de tierra. La sombra de los árboles protegía los muros de la casa que se erguía entre ellos, dejando sin justificación alguna el profundo porche que rodeaba el primer piso.
No sé lo que en realidad pensaba encontrarme, pero definitivamente no era aquello. La casa, de unos cien años de antigüedad, era atemporal y elegante. Estaba pintada de un blanco suave y desvaído. Tenía tres pisos de altura y era rectangular y bien proporcionada. El monovolumen era el único coche a la vista. Podía escuchar fluir el río cerca de allí, oculto en la penumbra del bosque.
"Parece que le gusta", dijo Edward y Esme sonrió con orgullo.
—¡Guau!
—¿Te gusta? —preguntó con una sonrisa.
—Tiene... cierto encanto.
Me tiró de la coleta y rió entre dientes. Luego, cuando me abrió la puerta, me preguntó.
—¿Lista?
—Ni un poquito... ¡Vamos!
Intenté reírme, pero la risa se me quedó pegada a la garganta. Me alisé el peso con gesto nervioso.
—Tienes un aspecto adorable.
Me tomó de la mano de forma casual, sin pensarlo.
Caminamos hacia el porche a la densa sombra de los árboles. Sabía que notaba mi tensión. Me frotaba el dorso de la mano, describiendo círculos con el dedo pulgar.
Edward sonreía, y no era la primera vez que deseaba ser el del libro y poder tocar a Bella tal como se describía.
Me abrió la puerta.
El interior era aún más sorprendente y menos predecible que el exterior. Era muy luminoso, muy espacioso y muy grande. Lo más posible es que originariamente hubiera estado dividido en varias habitaciones, pero habían hecho desaparecer los tabiques para conseguir un espacio más amplio. El muro trasero, orientado hacia el sur, había sido totalmente reemplazado por una vidriera y más allá de los cedros, el jardín, desprovisto de árboles, se estiraba hasta alcanzar el ancho río. Una maciza escalera de caracol dominaba la parte oriental de la estancia. Las paredes, el alto techo de vigas, los suelos de madera y las gruesas alfombras eran todos de diferentes tonalidades de blanco.
Sip, parece que sí le gusta” Sonrió Edward.
Los padres de Edward nos aguardaban para recibirnos a la izquierda de la entrada, sobre un altillo del suelo, en el que descansaba un espectacular piano de cola.
Había visto antes al doctor Cullen, por supuesto, pero eso no evitó que su joven y ultrajante perfección me sorprendieran de nuevo. Presumí que quien estaba a su lado era Esme, la única a la que no había visto con anterioridad. Tenía los mismos rasgos pálidos y hermosos que el resto. Había algo en su rostro en forma de corazón y en las ondas de su suave pelo de color caramelo que recordaba a la ingenuidad de la época de las películas de cine mudo.
"Buen ojo", dijo Carlisle.
Era pequeña y delgada, pero, aun así, de facciones menos pronunciadas, más redondeadas que las de los otros. Ambos vestían de manera informal, con colores claros que encajaban con el interior de la casa. Me sonrieron en señal de bienvenida, pero ninguno hizo ademán de acercarse a nosotros en lo que supuse era un intento de no asustarme.
"Probablemente", dijo Carlisle.
"Apuesto a que hay una lucha dentro mí," dijo Esme, que parecía querer encontrar a la chica, donde estuviera y abrazarla por brindarle tanta felicidad a su hijo en tan poco tiempo.
 La voz de Edward rompió el breve lapso de silencio.
—Carlisle, Esme, os presento a Bella.
—Sé bienvenida, Bella.
El paso de Carlisle fue comedido y cuidadoso cuando se acercó a mí. Alzó una mano con timidez y me adelanté un paso para estrechársela.
—Me alegro de volver a verle, doctor Cullen.
—Llámame Carlisle, por favor.
Le sonreí de oreja a oreja con una repentina confianza que me sorprendió. Noté el alivio de Edward, que seguía a mi lado.
"Bien", dijo Edward. "Creo que es una buena cosa que los dos se conocieran primero, Carlisle transmite paz muy facilmete."
Esme sonrió y avanzó un paso para alcanzar mi mano. El apretón de su fría mano, dura como la piedra, era tal y como yo esperaba.
—Me alegro mucho de conocerte —dijo con sinceridad.
—Gracias. Yo también me alegro.
Y ahí estaba yo. Era como encontrarse formando parte de un cuento de hadas... Blanca nieves en carne y hueso.
"Ella es muy amable", dijo Esme sonriente, luciendo como si ella hubiera  llorado lágrimas de alegría si hubiera podido.
—¿Dónde están Alice y Jasper? —preguntó Edward, pero nadie tuvo ocasión de responder, ya que ambos aparecieron en ese momento en lo alto de las amplias escaleras.
—¡Hola, Edward! —le saludó Alice con entusiasmo.
Echó a correr escaleras abajo, una centella de pelo oscuro y tez nívea, que llegó para detenerse delante de mí repentinamente y con elegancia.
"Alice", dijo Edward. "¿No puedes tratar de encajar?"
"No", Alice se encogió de hombros. "Además, estoy segura de que Bella va a estar bien con ello."
Esme y Carlisle le lanzaron sendas miradas de aviso, pero a mí me agradó. Después de todo, eso era natural para ella.
"Ves," dijo Alice con aire de suficiencia.
—Hola, Bella —dijo Alice y se adelantó para darme un beso en la mejilla.
"Me pregunto cuánto tiempo has estado impidiéndome hablar con ella", dijo Alice.
"¿Qué te hace pensar eso?" Edward preguntó.
"Salte a su encuentro... tan pronto como dijiste mi nombre", dijo Alice. "Obviamente que moría por conocerla."
"Es probable que desde el incidente por lo menos", Edward se encogió de hombros.
"Argh, ¿tanto tiempo?", se quejó Alice, la paciencia no era una de sus virtudes.
Si Carlisle y Esme habían parecido antes muy cautos, ahora se mostraron estupefactos. Mis ojos también reflejaban esa sorpresa, pero al mismo tiempo me complacía mucho que ella pareciera aceptarme por completo. Me sorprendió percatarme de que Edward, a mi lado, se ponía rígido. Le miré, pero su expresión era inescrutable.
—Hueles bien —me alabó, para mi enorme vergüenza—, hasta ahora no me había dado cuenta.
"ALIIIIIIIIIIIICE", Edward dijo exasperado.
"Debe ser cierto, entonces," dijo Alice encogiéndose de hombros y sonriendo.
Nadie más parecía saber qué decir cuando Jasper se presentó allí, alto, leonino.
Jasper sonrió, quería saber cómo reaccionaría con ella cerca.
Sentí una sensación de alivio y de repente me encontré muy a gusto a pesar del sitio en que me hallaba. Edward miró fijamente a Jasper y enarcó una ceja. Entonces recordé lo que éste era capaz de hacer.
—Hola, Bella —me saludó Jasper.
Mantuvo la distancia y no me ofreció la mano para que la estrechara, pero era imposible sentirse incómodo cerca de él.
"Así que no puedo manejarme bien con ella cerca", suspiró Jasper.
—Hola, Jasper —le sonreí con timidez, y luego a los demás, antes de añadir como fórmula de cortesía—Me alegro de conoceros a todos... Tenéis una casa preciosa.
—Gracias —contestó Esme—. Estarnos encantados de que hayas venido.
Me habló con sentimiento, y me di cuenta de que pensaba que yo era valiente.
"Bueno, ella es valiente", dijo Esme simplemente.
También caí en la cuenta de que no se veía por ninguna parte a Rosalie y a Emmett. Recordé entonces la negativa demasiado inocente de Edward cuando le pregunté si no les agradaba a todos.
La expresión de Carlisle me distrajo del hilo de mis pensamientos. Miraba a Edward de forma significativa con gran intensidad. Vi a Edward asentir una vez con el rabillo del ojo.
"Me pregunto qué te estoy diciendo", dijo Carlisle.
"Y yo me pregunto cuándo voy a dejar de sorprenderme  de que se dé cuenta de todo", agregó Edward riendo.
Miré hacia otro lado, intentando ser amable, y mis ojos vagaron de nuevo hacia el hermoso instrumento que había sobre la tarima al lado de la puerta. Súbitamente recordé una fantasía de mi niñez, según la cual, compraría un gran piano de cola a mi madre si alguna vez me tocaba la lotería. No era una buena pianista, sólo tocaba para sí misma en nuestro piano de segunda mano, pero a mí me encantaba verla tocar.
"Ahora sé algo que puedo darle," murmuró Edward.
Se la veía feliz, absorta, entonces me parecía un ser nuevo y misterioso, alguien diferente a la persona a quien daba por hecho que conocía. Me hizo tomar clases, por supuesto, pero, como la mayoría de los niños, lloriqueé hasta conseguir que dejara de llevarme.
Esme se percató de mi atención y, señalando el piano con un movimiento de cabeza, me preguntó:
—¿Tocas?
Negué con la cabeza.
—No, en absoluto. Pero es tan hermoso... ¿Es tuyo?
"¿Por qué no le has dicho que eres un músico?" Esme se volvió hacia Edward.
"No salió el tema", se encogió de Edward.
"Pero tú le hablaste acerca de la música", protesto Esme.
—No —se rió—. ¿No te ha dicho Edward que es músico?
—No —entrecerré los ojos antes de mirarle—. Supongo que debería de haberlo sabido.
Esme arqueó las cejas como muestra de su confusión.
—Edward puede hacerlo todo, ¿no? —le expliqué.
Todos en la sala se rieron de eso.
Jasper se rió con disimulo y Esme le dirigió una mirada de reprobación.
—Espero que no hayas estado alardeando... Es de mala educación —le riñó.
En realidad, has sido muy modesto", sonrió Esme a Edward.
—Sólo un poco —Edward rió de buen grado, el rostro de Esme se suavizó al oírlo y ambos intercambiaron una rápida mirada cuyo significado no comprendí, aunque la faz de ella parecía casi petulante.
"Te acabo de dar mi aprobación", sonrió Esme.
"Mamá, creo que tú aprobarías a una babosa, si me enamorara de eso", se rió Edward.
"¿Hubo alguna vez una posibilidad?" Emmett se echó a reír junto con Jasper y Alice.
“Que bien guardadito te lo tenías Edward” Jasper agregó.
“Menos mal que no llegaron muy lejos, ni con todos mis mayores esfuerzos podría haberla vestido en la boda” siguió Alice.
Rose soltó una risita.
"Por supuesto que no hubo tal babosa", dijo Edward rodando sus ojos.
 "Sin embargo, Bella realmente parece ir más allá de cualquiera de las expectativas que tengo para ser tu pareja...”Dijo Esme “Estoy muy contenta."
"Gracias mamá", sonrió Edward.
—De hecho —rectifiqué—, se ha mostrado demasiado modesto.
—Bueno, toca para ella —le animó Esme.
—Acabas de decir que alardear es de mala educación —objetó Edward.
—Cada regla tiene su excepción —le replicó.
—Me gustaría oírte tocar —dije, sin que nadie me hubiera pedido mi opinión.
—Entonces, decidido.
Esme empujó hacia el piano a Edward, que tiró de mí y me hizo sentarme a su lado en el banco. Me dedicó una prolongada y exasperada mirada antes de volverse hacia las teclas.
Luego sus dedos revolotearon rápidamente sobre las teclas de marfil y una composición, tan compleja y exuberante que resultaba imposible creer que la interpretara un único par de manos, llenó la habitación.
"Estás tocando mi favorita," dijo Esme, era fácil de deducir por la forma en que Bella la había descrito.
Me quedé boquiabierta del asombro y a mis espaldas oí risas en voz baja ante mi reacción.
Edward me miró con indiferencia mientras la música seguía surgiendo a nuestro alrededor sin descanso. Me guiñó un ojo:
—¿Te gusta?
—¿Tú has escrito esto? —dije entrecortadamente al comprenderlo.
Asintió.
—Es la favorita de Esme.
Cerré los ojos al tiempo que sacudía la cabeza.
—¿Qué ocurre?
—Me siento extremadamente insignificante.
"Oh no", suspiró Esme.
El ritmo de la música se hizo más pausado hasta transformarse en algo más suave y, para mi sorpresa, entre la profusa maraña de notas, distinguí la melodía de la nana que me tarareaba.
—Tú inspiraste ésta —dijo en voz baja. La música se convirtió en algo de desbordante dulzura.
"Sabía que hice algo para ella," dijo Edward. "Hm... me pregunto si es como la que estoy pensando ahora, o si es diferente, ya que nunca la he de conocido."
"Debes tocarla", dijo Esme.
"Tal vez después..." Edward comenzó, pero Esme estaba sacudiendo la cabeza.
"Te sentirás mejor después de poner la música en un papel," dijo Esme, aunque, por supuesto, Edward no iba a escribir las notas todavía
"Tal vez tengas razón", dijo Edward. "Y parece que tu quieres escuchar tanto como yo quiero tocarla."
Él se levantó y se fue a su piano. Tan pronto como sus manos rozaron el piano una melodía suave vino. Era hermoso, y las notas parecían fluir de él sin esfuerzo, como sí siempre hubiera sabido la melodía, pero se la había olvidado y de pronto la recordaba. Alice fue a pararse junto a él tarareando en perfecta sintonía y armonía que parecía hacer aún más fácil que Edward tocará. Cuando la música llegó a su fin, era un poco agridulce... había algo tan triste al respecto que hizo a todos un poco triste, pero no se podía negar que era hermosa y que era perfecto para la chica sobre la cual leían.
"Eso fue increíble", dijo Esme casi llorando... o lo más cerca que pudo.
"Gracias mamá", sonrió Edward gratamente, aunque también con la melancolía, con la cual había terminado la canción.
"Creo que debería leer de nuevo", dijo Alice después de unos segundos de silencio y todos volvieron al comedor.
No me salieron las palabras.
—Les gustas, ya lo sabes —dijo con tono coloquial—. Sobre todo a Esme.
Eché un fugaz vistazo a mis espaldas, pero la enorme estancia se había quedado vacía.
— ¿Adonde han ido?
—Supongo que, muy sutilmente, nos han concedido un poco de intimidad.
Suspiré.
—Les gusto, pero Rosalie y Emmett... —dejé la frase sin concluir porque no estaba muy segura de cómo expresar mis dudas.
Edward torció el gesto.
—No te preocupes por Rosalie —insistió con su persuasiva mirada—. Cambiará de opinión.
Fruncí los labios con escepticismo.
—¿Y Emmett?
—Bueno, opina que soy un lunático, lo cual es cierto, pero no tienen ningún problema contigo. Está intentando razonar con Rosalie.
"Hmph," Emmett hizo un mohín de nuevo. "Espero que no me pierda nada bueno".
"Bueno, con el libro no te pierdes de nada," dijo Edward con una sonrisa y eso pareció animar a Emmett.
—¿Qué le perturba? —inquirí, no muy segura de querer conocer la respuesta.
Suspiró profundamente.
—Rosalie es la que más se debate contra... contra lo que somos. Le resulta duro que alguien de fuera de la familia sepa la verdad, y está un poco celosa.
—¿Rosalie tiene celos de mí? —pregunté con incredulidad.
Intenté imaginarme un universo en el que alguien tan impresionante como Rosalie tuviera alguna posible razón para sentir celos de alguien como yo.
—Eres humana —Edward se encogió de hombros—. Es lo que ella también desearía ser.
—Vaya —musité, aún aturdida—. En cuanto a Jasper...
—En realidad, eso es culpa mía —me explicó—. Ya te dije que era el que hace menos tiempo que está probando nuestra forma de vida. Le previne para que se mantuviera a distancia.
"Oh", dijo Jasper luciendo más feliz por saber eso ahora, aunque Alice estaba mirando a su hermano.
" Sabes que Jasper no haría nada para lastimarla” Alice le gruño.
"Es solo un poco más de protección," respondió Edward, era obvio que quería que Jasper escuchará su razonamiento. "Jazz, lo siento, pero ella es mi vida ahora..."
"Yo entiendo completamente," dijo Jasper mirando a Alice.
Alice estaba mirando a su marido, él lo entendería demasiado bien y no se acercaría a Bella ahora.
Pensé en la razón de esa instrucción y me estremecí.
—¿Y Esme y Carlisle...? —continué rápidamente para evitar que se diera cuenta.
—Son felices de verme feliz. De hecho, a Esme no le preocuparía que tuvieras un tercer ojo y dedos palmeados.
"Bueno, eso sería mejor que la babosa", se río Esme.
Edward quedó en shock con la broma de Esme y solo atino a sonreírle
también.
Durante todo este tiempo se ha preocupado por mí, temiendo que se hubiera perdido alguna parte esencial de mi carácter, ya que era muy joven cuando Carlisle me convirtió... Está entusiasmada. Se ahoga de satisfacción cada vez que te toco.
"Al igual que ahora", señaló Edward
—Alice parece muy... entusiasta.
—Alice tiene su propia forma de ver las cosas —murmuró con los labios repentinamente contraídos.
—Y no me la vas a explicar, ¿verdad?
Se produjo un momento de comunicación sin palabras entre nosotros. Edward comprendió que yo sabía que me ocultaba algo y yo que no me lo iba a revelar.
"Su observación todavía va a ser molesto", suspiró Edward
 Ahora, no.
"Y sigue siendo obstinada, no te olvides de eso Eddy", dijo Emmett. "Hasta ahora, todo lo que ella se ha propuesto saber o hacer ha tenido éxito."
"Argh, no me lo recuerdes", se quejó Edward.
—¿Qué te estaba diciendo antes Carlisle?
Sus cejas se juntaron hasta casi tocarse.
—Te has dado cuenta, ¿verdad?
Me encogí de hombros.
—Naturalmente.
Me miró con gesto pensativo durante unos segundos antes de responder.
—Quería informarme de ciertas noticias... No sabía si era algo que yo debería compartir contigo.
—¿Lo harás?
—Tengo que hacerlo, porque durante los próximos días, tal vez semanas, voy a ser un protector muy autoritario y me disgustaría que pensaras que soy un tirano por naturaleza.
"Algunos vampiros deben estar en la ciudad", dijo Carlisle, saltando a la lógica.
—¿Qué sucede?
—En sí mismo, nada malo. Alice acaba de «ver» que pronto vamos a tener visita. Saben que estamos aquí y sienten curiosidad.
—¿Visita?
—Sí, bueno... Los visitantes se parecen a nosotros en sus hábitos de caza, por supuesto. Lo más probable es que no vayan a entrar al pueblo para nada, pero, desde luego, no voy a dejar que estés fuera de mi vista hasta que se hayan marchado.
Me estremecí.
"Una respuesta adecuada de Bella, nunca pensé que llegaría el día", se rió Emmett.
“Eso es porque no se trata de Edward” dijo Alice
—¡Por fin, una reacción racional! —murmuró—. Empezaba a creer que no tenías instinto de supervivencia alguno.
Dejé pasar el comentario y aparté la vista para que mis ojos recorrieran de nuevo la espaciosa estancia. Él siguió la dirección de mi mirada.
—No es lo que esperabas, ¿verdad? —inquirió muy ufano.
—No —admití.
—No hay ataúdes ni cráneos apilados en los rincones. Ni siquiera creo que tengamos telarañas...
"Definitivamente no", dijo Alice. "Como si fuera a permitir eso en mi casa."
¡Qué decepción debe de ser para ti! —prosiguió con malicia.
Ignoré su broma.
—Es tan luminoso, tan despejado.
Se puso más serio al responder:
—Es el único lugar que tenemos para escondernos.
Edward seguía tocando la canción, mi canción, que siguió fluyendo libremente hasta su conclusión, las notas finales habían cambiado, eran más melancólicas y la última revoloteó en el silencio de forma conmovedora.
"Parece que has escrito la misma canción", comentó Esme.
"Encaja bien", Edward sonrió ampliamente. "Es la canción después de todo."
—Gracias —susurré.
Entonces me di cuenta de que tenía los ojos anegados en lágrimas. Me las enjugué, avergonzada.
Rozó la comisura de mis ojos para atrapar una lágrima que se me había escapado. Alzó el dedo y examinó la gota con ademán inquietante. Entonces, a una velocidad tal que no pude estar segura de que realmente lo hiciera, se llevó el dedo a la boca para saborearla.
Le miré de manera intuitiva, y Edward sostuvo mí mirada un prolongado momento antes de esbozar una sonrisa finalmente.
—¿Quieres ver el resto de la casa?
—¿Nada de ataúdes? —me quise asegurar.
El sarcasmo de mi voz no logró ocultar del todo la leve pero genuina ansiedad que me embargaba. Se echó a reír, me tomó de la mano y me alejó del piano.
—Nada de ataúdes —me prometió.
Acaricié la suave y lisa barandilla con la mano mientras subíamos por la imponente escalera. En lo alto de la misma había un gran vestíbulo de paredes revestidas con paneles de madera color miel, el mismo que las tablas del suelo.
—La habitación de Rosalie y Emmett... El despacho de Carlisie. .. —Hacía gestos con la mano conforme íbamos pasando delante de las puertas—. La habitación de Alice...
Edward hubiera continuado, pero me detuve en seco al final del vestíbulo, contemplando con incredulidad el ornamento que pendía del muro por encima de mi cabeza.
"La cruz de mi padre", dijo Carlisle. "Por supuesto que la agarraría con la guardia baja".
"Todavía no entiendo cómo los seres humanos pueden pensar que las criaturas violentas que son muy superiores en fuerza podrían haber sido capaz de salir heridos por objetos tontos como cruces o el ajo", dijo Jasper moviendo la cabeza.
Se rió entre dientes de mi expresión de asombro.
—Puedes reírte, es una especie de ironía.
No lo hice. De forma automática, alcé la mano con un dedo extendido como si fuera a tocar la gran cruz de madera. Su oscura pátina contrastaba con el color suave de la pared. Pero no la toqué, aun cuando sentí curiosidad por saber si su madera antigua era tan suave al tacto como aparentaba.
—Debe de ser muy antigua —aventuré.
Se encogió de hombros.
—Es del siglo XVI, a principios de la década de los treinta, más o menos.
Aparté los ojos de la cruz para mirarle.
—¿Por qué conserváis esto aquí?
—Por nostalgia. Perteneció al padre de Carlisle.
—¿Coleccionaba antigüedades? —sugerí dubitativamente.

"Creo que sería la explicación más lógica", dijo Carlisle cuando todo el mundo se echó a reír.
—No. La talló él mismo para colgarla en la pared, encima del pulpito de la vicaría en la que predicaba.
No estaba segura de si la cara delataba mi sorpresa, pero, sólo por si acaso, continué mirando la sencilla y antigua cruz. Efectué el cálculo de memoria. La reliquia tendría unos trescientos setenta años. El silencio se prolongó mientras me esforzaba por asimilar la noción de tantísimos años.
"Hm ... es mucho tiempo, y sin embargo tan corto para un ser inmortal", sonrió Carlisle.
—¿Te encuentras bien? —preguntó preocupado.
—¿Cuántos años tiene Carlisle? —inquirí en voz baja, sin apartar los ojos de la cruz e ignorando su pregunta.
—Acaba de celebrar su cumpleaños tricentésimo sexagésimo segundo —contestó Edward. Le miré de nuevo, con un millón de preguntas en los ojos.
Me estudió atentamente mientras hablaba:
—Carlisle nació en Londres, él cree que hacia 1640. Aunque las fechas no se señalaban con demasiada precisión en aquella época, al menos, no para la gente común, sí se sabe que sucedió durante el gobierno de Cromwell.
No descompuse el gesto, consciente del escrutinio al que Edward me sometía al informarme:
—Fue el hijo único de un pastor anglicano. Su madre murió al alumbrarle a él. Su padre era un fanático. Cuando los protestantes subieron al poder, se unió con entusiasmo a la persecución desatada contra los católicos y personas de otros credos. También creía a pies juntillas en la realidad del mal. Encabezó partidas de caza contra brujos, licántropos... y vampiros.
Me quedé aún más quieta ante la mención de esa palabra. Estaba segura de que lo había notado, pero continuó hablando sin pausa.
—Quemaron a muchos inocentes, por supuesto, ya que las criaturas a las que realmente ellos perseguían no eran tan fáciles de atrapar.
»El pastor colocó a su obediente hijo al frente de las razias cuando se hizo mayor. Al principio, Carlisle fue una decepción. No se precipitaba en lanzar acusaciones ni veía demonios donde no los había, pero era persistente y mucho más inteligente que su padre.
"Una pequeña  parte de mí sigue deseando no haber estado ahí", suspiró Carlisle, pero cuando se volvió hacia cada uno de los miembros de su familia sonreía. "Pero al final fue lo mejor."
"No podría estar más de acuerdo", dijo Emmett, sonriendo a Rosalie y viceversa. "Nos salvaste a todos... y ahora incluso Eddy no puede decir nada sobre eso."
"Totalmente de acuerdo", sonrió Edward realmente.
 De hecho, localizó un aquelarre de auténticos vampiros que vivían ocultos en las cloacas de la ciudad y sólo salían de caza durante las noches. En aquellos días, cuando los monstruos no eran meros mitos y leyendas, ésa era la forma en que debían vivir.
—La gente reunió horcas y teas, por supuesto, y se apostó allí donde Carlisle había visto a los monstruos salir a la calle —ahora la risa de Edward fue más breve y sombría—. Al final, apareció uno.
»Debía de ser muy viejo y estar debilitado por el hambre. Carlisle le oyó cómo avisaba a los otros en latín cuando detectó el efluvio del gentío —Edward hablaba con un hilo de voz y tuve que aguzar el oído para comprender las palabras—. Luego, corrió por las calles y Carlisle, que tenía veintitrés años y era muy rápido, encabezó la persecución. La criatura podía haberlos dejado atrás con facilidad, pero se revolvió y, dándose la vuelta, los atacó.
Esme se estremeció, no importaba cuántas veces lo había escuchada, siempre le molestaba.
 Carlisle piensa que debía estar sediento. Primero se abalanzó sobre él, pero le plantó cara para defenderse y había otros muy cerca a quienes atacar. El vampiro mató a dos hombres y se escabulló llevándose a un tercero y dejando a Carlisle sangrando en la calle.
Hizo una pausa. Intuí que estaba censurando una parte de la historia, que me ocultaba algo.
—Carlisle sabía lo que haría su padre: quemar los cuerpos y matar a cualquiera que hubiera resultado infectado por el monstruo. Carlisle actuó por instinto para salvar su piel. Se alejó a rastras del callejón mientras la turba perseguía al monstruo y a su presa. Se ocultó en un sótano y se enterró entre patatas podridas durante tres días. Es un milagro que consiguiera mantenerse en silencio y pasar desapercibido.
»Se dio cuenta de que se había «convertido» cuando todo terminó.
No estaba muy segura de lo que reflejaba mi rostro, pero de repente enmudeció.
—¿Cómo te encuentras? —preguntó.
—Estoy bien —le aseguré, y, aunque me mordí el labio dubitativa, debió de ver la curiosidad reluciendo en mis ojos.
—Espero —dijo con una sonrisa— que tengas algunas preguntas que hacerme.
—Unas cuantas.
Al sonreír, Edward dejó entrever su brillante dentadura. Se dirigió de vuelta al vestíbulo, me tomó de la mano y me arrastró.
—En ese caso, vamos —me animó—. Te lo voy a mostrar.
"Ese es el final del capítulo," dijo Alice.
"Tal vez debería ser Carlisle quien lea esto," dijo Edward. "Obviamente va a tratar sobre él".
"No, creo que debería leerlo", se negó Carlisle.
"Está bien", Edward se encogió de hombros y tomó el libro.

Yyyyy? Que tal? Gusto? No gusto? Me lo dicen en un comentario que tanto alegran a esta chica :)



1 comentario:

Paty93 dijo...

siempre me ha parecido interesante este capi !! ... me gusto mucho ;)