lunes, 18 de junio de 2012

Port Angeles


Aviso: Los libros aquí transcriptos y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia original “Reading Twilight”  a Choices HP, yo solo la traduzco, todo esto es sin ánimos de lucro, solo por mero entretenimiento.



PORT ANGELES leyó Rosalie

Jessica conducía aún más deprisa que Charlie, por lo que estuvimos en Port Angeles a eso de las cuatro. Hacía bastante tiempo que no había tenido una salida nocturna sólo de chicas; el subidón del estrógeno resultó vigorizante. Escuchamos canciones de rock mientras Jessica hablaba sobre los chicos con los que solíamos estar. Su cena con Mike había ido muy bien y esperaba que el sábado por la noche hubieran progresado hasta llegar a la etapa del primer beso.
"Eso suena muy divertido", dijo Emmett poniendo los ojos.
 Sonreí para mis adentros, complacida. Angela estaba feliz de asistir al baile aunque en realidad no le interesaba Eric. Jess intentó hacerle confesar cuál era su tipo de chico, pero la interrumpí con una pregunta sobre vestidos poco después, para distraerla.
"Eso estuvo bien de su parte", sonrió Esme.
Angela me dedicó una mirada de agradecimiento.
Port Angeles era una hermosa trampa para turistas, mucho más elegante y encantadora que Forks, pero Jessica y Angela la conocían bien, por lo que no planeaban desperdiciar el tiempo en el pintoresco paseo marítimo cerca de la bahía. Jessica condujo directamente hasta una de las grandes tiendas de la ciudad, situada a unas pocas calles del área turística de la bahía.
Se había anunciado que el baile sería de media etiqueta y ninguna de nosotras sabía con exactitud qué significaba aquello.
"No tiene mucha diferencia para las chicas, solo hay que elegir el vestido que se te vea mejor", dijo Alice. "Imaginate tener que ir a Port Angeles solo por eso".
"Lo sé", coincidió Rosalie, temblando igual que Alice.
Jessica y Angela parecieron sorprendidas y casi no se lo creyeron cuando les dije que nunca había ido a ningún baile en Phoenix.
— ¿Ni siquiera has tenido un novio ni nada por el estilo? —me preguntó Jess dubitativa mientras cruzábamos las puertas frontales de la tienda.
—De verdad —intentaba convencerla sin querer confesar mis problemas con el baile—. Nunca he tenido un novio ni nada que se le parezca. No salía mucho en Phoenix.
"Los dos", dijo Edward feliz.
— ¿Por qué no? —quiso saber Jessica.
—Nadie me lo pidió —respondí con franqueza.
Parecía escéptica.
—Aquí te lo han pedido —me recordó—, y te has negado.
"Ella no le dijo no a Eddy," rió Emmett.
"No creo que nadie sepa sobre eso", dijo Edward, con una mirada de suficiencia sobre el comentario de Emmett.
En ese momento estábamos en la sección de ropa juvenil, examinando las perchas con vestidos de gala.
—Bueno, excepto con Tyler —me corrigió Angela con voz suave.
"Espera, ella nunca le dijo que sí a Tyler", dijo Emmett bastante confundido.
"No, pero parece que Tyler está diciendo a todos que ella lo acepto", dijo Edward, mirando divertido al libro.
— ¿Perdón? —me quedé boquiabierta—. ¿Qué dices?
—Tyler le ha dicho a todo el mundo que te va a llevar al baile de la promoción —me informó Jessica con suspicacia.
— ¿Que dice el qué?
Parecía que me estaba ahogando.
—Te dije que no era cierto —susurró Angela a Jessica.
Permanecí callada, aún en estado de shock, que rápidamente se convirtió en irritación. Pero ya habíamos encontrado la sección de vestidos y ahora teníamos trabajo por delante.
—Por eso no le caes bien a Lauren —comentó entre risitas Jessica mientras toqueteábamos la ropa.
"Más bien es una de las razones, de eso estoy seguro," dijo Edward.
Me rechinaron los dientes.
— ¿Crees que Tyler dejaría de sentirse culpable si lo atropellara con el monovolumen, que eso le haría perder el interés en disculparse y quedaríamos en paz?
"¿Realmente ella cree que es por eso que él está tratando de invitarla a salir?" Emmett se rió.
"Parece que sí," se rió Edward. "Es tan extraña que no puede darse cuenta de eso - es tan evidente -. Pero se da cuenta de cada resbalón que doy"
"Obviamente, ella esta tan obsesionada contigo que no puede ver lo que está justo en frente de su cara", sonrió Alice.
—Puede —Jess se rió con disimulo—, si es que lo está haciendo por ese motivo.
La elección de los vestidos no fue larga, pero ambas encontraron unos cuantos que probarse. Me senté en una silla baja dentro del probador, junto a los tres paneles del espejo, intentando controlar mi rabia.
Jess se mostraba indecisa entre dos. Uno era un modelo sencillo, largo y sin tirantes; el otro, un vestido de color azul, con tirantes finos, que le llegaba hasta la rodilla.
"Y conociendo cómo trabaja la mente de Jessica, ella va a estar preocupada por si Bella lo dice sólo para hacerla lucir mal", sonrió Edward.
Angela eligió un vestido color rosa claro cuyos pliegues realzaban su alta figura y resaltaban los tonos dorados de su pelo castaño claro. Las felicité a ambas con profusión y las ayudé a colocar en las perchas los modelos descartados.
Nos dirigimos a por los zapatos y otros complementos. Me limité a observar y criticar mientras ellas se probaban varios pares, porque, aunque necesitaba unos zapatos nuevos, no estaba de humor para comprarme nada. La tarde noche de chicas siguió a la estela de mi enfado con Tyler, que poco a poco fue dejando espacio a la melancolía.
— ¿Angela? —comencé titubeante mientras ella intentaba calzarse un par de zapatos rosas con tacones y tiras. Estaba alborozada de tener una cita con un chico lo bastante alto como para poder llevar tacones. Jessica se había dirigido hacia el mostrador de la joyería y estábamos las dos solas.
Extendió la pierna y torció el tobillo para conseguir la mejor vista posible del zapato.
Me acobardé y dije:
—Me gustan.
—Creo que me los voy a llevar, aunque sólo van a hacer juego con este vestido —musitó.
—Venga, adelante. Están en venta —la animé.
Ella sonrió mientras volvía a colocar la tapa de una caja que contenía unos zapatos de color blanco y aspecto más práctico. Lo intenté otra vez.
—Esto... Angela... —la aludida alzó los ojos con curiosidad.
— ¿Es normal que los Cullen falten mucho a clase?
Mantuvo los ojos fijos en los zapatos. Fracasé miserablemente en mi intento de parecer indiferente.
"Hubiera sido difícil de todos modos, ya que ella sacó el tema de la nada", dijo Edward. "Pero dudo que Angela haga un gran escándalo por eso”
—Sí, cuando el tiempo es bueno agarran las mochilas y se van de excursión varios días, incluso el doctor —me contestó en voz baja y sin dejar de mirar a los zapatos—. Les encanta vivir al aire libre.
No me formuló ni una pregunta en lugar de las miles que hubiera provocado la mía en los labios de Jessica. Angela estaba empezando a caerme realmente bien.
—Vaya.
Zanjé el tema cuando Jessica regresó para mostrarnos un diamante de imitación que había encontrado en la joyería a juego con sus zapatos plateados.
Habíamos planeado ir a cenar a un pequeño restaurante italiano junto al paseo marítimo, pero la compra de la ropa nos había llevado menos tiempo del esperado. Jess y Angela fueron a dejar las compras en el coche y entonces bajamos dando un paseo hacia la bahía. Les dije que me reuniría con ellas en el restaurante en una hora, ya que quería buscar una librería. Ambas se mostraron deseosas de acompañarme, pero las animé a que se divirtieran. Ignoraban lo mucho que me podía abstraer cuando estaba rodeada de libros, era algo que prefería hacer sola.
"Dudo que encuentre algo importante", dijo Edward sonriendo. "Esa librería  nueva no va a atraer a Bella".
Se alejaron del coche charlando animadamente y yo me encaminé en la dirección indicada por Jess.
No hubo problema en encontrar la librería, pero no tenían lo que buscaba.
"Lo sabía", dijo Edward con aire de suficiencia
Los escaparates estaban llenos de vasos de cristal, dreamcatchers y libros sobre sanación espiritual. Ni siquiera entré. Desde fuera vi a una mujer de cincuenta años con una melena gris que le caía sobre la espalda.
Lucía un vestido de los años sesenta y sonreía cordialmente detrás de un mostrador. Decidí que era una conversación que me podía evitar. Tenía que haber una librería normal en la ciudad.
"No," dijo Edward sin dejar de sonreír.
"Pero al parecer, ella va a buscar una", sonrió Emmett.
"Espero que no se pierda", dijo Edward, frunciendo las cejas.
Anduve entre las calles, llenas por el tráfico propio del final de la jornada laboral, con la esperanza de dirigirme hacia el centro. Caminaba sin saber a donde iba porque luchaba contra la desesperación, intentaba no pensar en él con todas mis fuerzas y, por encima de todo, pretendía acabar con mis esperanzas para el viaje del sábado, temiendo una decepción aún más dolorosa que el resto. Cuando alcé los ojos y vi un Volvo plateado aparcado en la calle todo se me vino encima. Vampiro estúpido y voluble, pensé.
Muy buena," estalló Emmett, riendo.
Avancé pisando fuerte en dirección sur, hacia algunas tiendas de escaparates de apariencia prometedora, pero cuando llegué al lugar, sólo se trataba de un establecimiento de reparaciones y otro que estaba desocupado. Aún me quedaba mucho tiempo para ir en busca de Jess y Angela, y necesitaba recuperar el ánimo antes de reunirme con ellas. Después de mesarme los cabellos un par de veces al tiempo que suspiraba profundamente, continué para doblar la esquina.
"No me gusta el sonido de esto", dijo Edward, tensándose una vez más.
"A mí tampoco", dijo Rosalie con la voz oscura antes de continuar con la lectura.
Al cruzar otra calle comencé a darme cuenta de que iba en la dirección equivocada. Los pocos viandantes que había visto se dirigían hacia el norte y la mayoría de los edificios de la zona parecían almacenes. Decidí dirigirme al este en la siguiente esquina y luego dar la vuelta detrás de unos bloques de edificios para probar suerte en otra calle y regresar al paseo marítimo.
Un grupo de cuatro hombres doblaron la esquina a la que me dirigía. Yo vestía de manera demasiado informal para ser alguien que volvía a casa después de la oficina, pero ellos iban demasiado sucios para ser turistas.
"No vayas por ese camino", dijo Edward, gruñendo suavemente.
 Me percaté de que no debían de tener muchos más años que yo conforme se fueron aproximando. Iban bromeando entre ellos en voz alta, riéndose escandalosamente y dándose codazos unos a otros. Salí pitando lo más lejos posible de la parte interior de la acera para dejarles vía libre, caminé rápidamente mirando hacia la esquina, detrás de ellos.
— ¡Eh, ahí! —dijo uno al pasar.
Debía de estar refiriéndose a mí, ya que no había nadie más por los alrededores. Alcé la vista de inmediato. Dos de ellos se habían detenido y los otros habían disminuido el paso. El más próximo, un tipo corpulento, de cabello oscuro y poco más de veinte años, era el que parecía haber hablado. Llevaba una camisa de franela abierta sobre una camiseta sucia, unos vaqueros con desgarrones y sandalias. Avanzó medio paso hacia mí.
Aunque Rosalie no había cambiado el tono de su voz desde que comenzó a leer, fue fácil para todos allí escuchar su ira creciendo con cada palabra que leía. Sus manos también parecían que estaban a punto de flexionarlas, pero ella tenía suficiente control de sí misma como para destruir el libro,
— ¡Pero bueno! —murmuré de forma instintiva.
Entonces desvié la vista y caminé más rápido hacia la esquina. Les podía oír reírse estrepitosamente detrás de mí.
— ¡Eh, espera! —gritó uno de ellos a mis espaldas, pero mantuve la cabeza gacha y doblé la esquina con un suspiro de alivio. Aún les oía reírse ahogadamente a mis espaldas.
Me encontré andando sobre una acera que pasaba junto a la parte posterior de varios almacenes de colores sombríos, cada uno con grandes puertas en saliente para descargar camiones, cerradas con candados durante la noche. La parte sur de la calle carecía de acera, consistía en una cerca de malla metálica rematada en alambre de púas por la parte superior con el fin de proteger algún tipo de piezas mecánicas en un patio de almacenaje. En mi vagabundeo había pasado de largo por la parte de Port Angeles que tenía intención de ver como turista. Descubrí que anochecía cuando las nubes regresaron, arracimándose en el horizonte de poniente, creando un ocaso prematuro. Al oeste, el cielo seguía siendo claro, pero, rasgado
por rayas naranjas y rosáceas, comenzaba a agrisarse. Me había dejado la cazadora en el coche y un repentino escalofrío hizo que me abrazara con fuerza el torso. Una única furgoneta pasó a mi lado y luego la carretera se quedó vacía.
De repente, el cielo se oscureció más y al mirar por encima del hombro para localizar a la nube causante de esa penumbra, me asusté al darme cuenta de que dos hombres me seguían sigilosamente a seis metros.
"No," dijo Edward apretando los dientes al igual que Rosalie.
Formaban parte del mismo grupo que había dejado atrás en la esquina, aunque ninguno de los dos era el moreno que se había dirigido a mí. De inmediato, miré hacia delante y aceleré el paso. Un escalofrío que nada tenía que ver con el tiempo me recorrió la espalda. Llevaba el bolso en el hombro, colgando de la correa cruzada alrededor del pecho, como se suponía que tenía que llevarlo para evitar que me lo quitaran de un tirón. Sabía exactamente dónde estaba mi aerosol de autodefensa, en el talego de debajo de la cama que nunca había llegado a desempaquetar. No llevaba mucho dinero encima, sólo veintitantos dólares, pero pensé en arrojar «accidentalmente» el bolso y alejarme andando.
"No creo que sea eso lo que estén buscando," silbó Rosalie.
 Mas una vocecita asustada en el fondo de mi mente me previno que podrían ser algo peor que ladrones.
Escuché con atención los silenciosos pasos, mucho más si se los comparaba con el bullicio que estaban armando antes. No parecía que estuvieran apretando el paso ni que se encontraran más cerca.
"La están conduciendo a algún lado", dijo Edward, apretando los dientes.
"¿Dónde estás Edward?" Rosalie gritó. "No puedes permitir que esto le suceda”
"Yo..." Edward dijo con enojo y desesperación. "No sé".
Respira, tuve que recordarme. No sabes si te están siguiendo. Continué andando lo más deprisa posible sin llegar a correr, concentrándome en el giro que había a mano derecha, a pocos metros. Podía oírlos a la misma distancia a la que se encontraban antes. Procedente de la parte sur de la ciudad, un coche azul giró en la calle y pasó velozmente a mi lado. Pensé en plantarme de un salto delante de él, pero dudé, inhibida al no saber si realmente me seguían, y entonces fue demasiado tarde.
Llegué a la esquina, pero una rápida ojeada me mostró un callejón sin salida que daba a la parte posterior de otro edificio. En previsión, ya me había dado media vuelta. Debía rectificar a toda prisa, cruzar como un bólido el estrecho paseo y volver a la acera. La calle finalizaba en la próxima esquina, donde había una señal de stop. Me concentré en los débiles pasos que me seguían mientras decidía si echar a correr o no. Sonaban un poco más lejanos, aunque sabía que, en cualquier caso, me podían alcanzar si corrían. Estaba segura de que tropezaría y me caería de ir más deprisa.
"Maldita sea", dijo Emmett, por una vez no encontraba su torpeza divertida.
Las pisadas sonaban más lejos, sin duda, y por eso me arriesgué a echar una ojeada rápida por encima del hombro. Vi con alivio que ahora estaban a doce metros de mí,
"No, todavía están tras de ti," dijo Rosalie sus ojos empezaban a arder de pura ira.
pero ambos me miraban fijamente.
El tiempo que me costó llegar a la esquina se me antojó una eternidad. Mantuve un ritmo vivo, hasta el punto de rezagarlos un poco más con cada paso que daba. Quizás hubieran comprendido que me habían asustado y lo lamentaban.
"si, como no", se mofó Rosalie amargamente.
Vi cruzar la intersección a dos automóviles que se dirigieron hacia el norte. Estaba a punto de llegar, y suspiré aliviada. En cuanto hubiera dejado aquella calle desierta habría más personas a mí alrededor. En un momento doblé la esquina con un suspiro de agradecimiento.
Y me deslicé hasta el stop.
A ambos lados de la calle se alineaban unos muros blancos sin ventanas. A lo lejos podía ver dos intersecciones, farolas, automóviles y más peatones, pero todos ellos estaban demasiado lejos, ya que los otros dos hombres del grupo estaban en mitad de la calle, apoyados contra un edificio situado al oeste, mirándome con unas sonrisas de excitación que me dejaron petrificada en la acera. Súbitamente comprendí que no me habían estado siguiendo.
Me habían estado conduciendo como al ganado.
"Será mejor que le arranques la cabeza Edward," escupió Rosalie.
"Sí", coincidió Edward, su tono áspero por la ira.
Me detuve por unos breves instantes, aunque me pareció mucho tiempo. Di media vuelta y me lancé como una flecha hacia el otro lado dé la acera. Tuve la funesta premonición de que era un intento estéril. Las pisadas que me seguían se oían más fuertes.
— ¡Ahí está!
La voz atronadora del tipo rechoncho de pelo negro rompió la intensa quietud y me hizo saltar. En la creciente oscuridad parecía que iba a pasar de largo.
— ¡Sí! —Gritó una voz a mis espaldas, haciéndome dar otro salto mientras intentaba correr calle abajo—.  Apenas nos hemos desviado.
Ahora debía andar despacio. Estaba acortando con demasiada rapidez la distancia respecto a los dos que esperaban apoyados en la pared. Era capaz de chillar con mucha potencia e inspiré aire, preparándome para proferir un grito, pero tenía la garganta demasiado seca para estar segura del volumen que podría generar.
"Eso no les importará de todos modos," dijo Rosalie apretando los dientes de nuevo.
"Podría ayudarme a encontrarla ", dijo Edward.
"¿Por qué diablos no te has aparecido todavía?" Preguntó Rosalie girando su cabeza hacia él con fuerza. "No podías mantenerse lejos antes y ahora cuando ella te necesita..." dijo con voz entrecortada perdida en sus recuerdos.
"Yo no podría saber que está en peligro", dijo Edward mirándola con pánico. "No puedo oír sus pensamientos...”
"Sólo llega allí", siseó Rosalie recuperándose y empezó a leer de nuevo.
Con un rápido movimiento deslicé el bolso por encima de la cabeza y aferré la correa con una mano, lista para dárselo o usarlo como arma, según lo dictasen las circunstancias.
El gordo, ya lejos del muro, se encogió de hombros cuando me detuve con cautela y caminó lentamente por la calle.
—Apártese de mí —le previne con voz que se suponía debía sonar fuerte y sin miedo, pero tenía razón en lo de la garganta seca, y salió... sin volumen.
—No seas así, ricura —gritó, y una risa ronca estalló detrás de mí.
La mano que Rosalie no estaba usando para sostener el libro apretó un pedazo de madera que una vez fue parte de su silla–ahora era aserrín-  , y sus palabras salían como silbidos ahora
Separé los pies, me aseguré en el suelo e intenté recordar, a pesar del pánico, lo poco de autodefensa que sabía. La base de la mano hacia arriba para romperle la nariz, con suerte, o incrustándosela en el cerebro. Introducir los dedos en la cuenca del ojo, intentando engancharlos alrededor del hueso para sacarle el ojo.
Emmett estaba a punto de hacer un comentario, pero debió haber decidido que no era el momento adecuado para ello, nadie estaba de humor para oír  cualquier otra cosa que no sea que Bella estaba a salvo.
Y el habitual rodillazo a la ingle, por supuesto. Esa misma vocecita pesimista habló de nuevo para recordarme que probablemente no tendría ninguna oportunidad contra uno, y eran cuatro. « ¡Cállate!», le ordené a la voz antes de que el pánico me incapacitara. No iba a caer sin llevarme a alguno conmigo. Intenté tragar saliva para ser capaz de proferir un grito aceptable.
Súbitamente, unos faros aparecieron a la vuelta de la esquina. El coche casi atropello al gordo, obligándole a retroceder hacia la acera de un salto.
"Bueno, por fin estás ahí," dijo Alice con un suspiro.
Me lancé al medio de la carretera. Ese auto iba a pararse o tendría que atropellarme, pero, de forma totalmente inesperada, el coche plateado derrapó hasta detenerse con la puerta del copiloto abierta a menos de un metro.
—Entra —ordenó una voz furiosa.
"Arráncales sus cabezas", repitió Rosalie.
"Rose, no creo que vaya a hacerlo con Bella allí", dijo Emmett.
"Tienen que pagar por lo que iban a hacer", dijo Rose enojada. "Y Edward tiene un montón de practica matando bastardos como estos".
"Tengo que sacarla de allí primero, y luego volveré más tarde", le aseguró Edward.
"Edward," dijo Esme, con voz desgarrado. "Tú no debe ..."
"Iban a... no voy a dejar que se salgan con la suya” dijo Edward con los dientes apretados.
"Si, si tú quieres," dijo Carlisle y Edward y Rosalie miraron a su padre incrédulamente. "Ella - ni siquiera saber lo que estaban planeando hacer – no querrías que hagas eso."
"Yo..." dijo Edward en shock y luego frunció el ceño. "Eso es verdad."
"EDWARD!!!!!!!!!!!!!!!" Rosalie le grito.
"No sé lo que haré", dijo Edward al contemplar sus dos opciones.
Fue sorprendente cómo ese miedo asfixiante se desvaneció al momento, y sorprendente también la repentina sensación de seguridad que me invadió, incluso antes de abandonar la calle, en cuanto oí su voz.
“Imaginen un humano sintiéndose seguro con un vampiro cerca” Emmett dijo tratando de aligerar el ambiente, pero su esposa le gruño dándole a entender que no era tiempo para eso aún.
Salté al asiento y cerré la puerta de un portazo.
El interior del coche estaba a oscuras, la puerta abierta no había proyectado ninguna luz, por lo que a duras penas conseguí verle el rostro gracias a las luces del salpicadero. Los neumáticos chirriaron cuando rápidamente aceleró y dio un volantazo que hizo girar el vehículo hacia los atónitos hombres de la calle antes de dirigirse al norte de la ciudad. Los vi de refilón cuando se arrojaron al suelo mientras salíamos a toda velocidad en dirección al puerto.
—Ponte el cinturón de seguridad —me ordenó; entonces comprendí que me estaba aferrando al asiento con las dos manos.
Le obedecí rápidamente. El chasquido al enganchar el cinturón sonó con fuerza en la penumbra. Se desvió a la izquierda para avanzar a toda velocidad, saltándose varias señales de stop sin detenerse.
Pero me sentía totalmente segura y, por el momento, daba igual adonde fuéramos. Le miré con profundo alivio, un alivio que iba más allá de mi repentina liberación. Estudié las facciones perfectas del rostro de Edward a la escasa luz del salpicadero, esperando a recuperar el aliento, hasta que me pareció que su expresión reflejaba una ira homicida.
"Por supuesto que lo estaba", Edward casi gruñó. "Iban a hacerle daño."
— ¿Estás bien? —le pregunté, sorprendida de lo ronca que sonó mi voz.
"Edward, tú deberías preguntarle eso", dijo Esme.
"Creo que estoy demasiado enfurecido para ser cortés en este momento", dijo Edward.
—No —respondió tajante, pero su tono era de furia.
Me quedé en silencio, contemplando su cara mientras él miraba al frente con unos ojos rojos como brasas, hasta que el coche se detuvo de repente. Miré alrededor, pero estaba demasiado oscuro para ver otra cosa que no fuera la vaga silueta de los árboles en la cuneta de la carretera. Ya no estábamos en la ciudad.
— ¿Bella? —preguntó con voz tensa y mesurada.
— ¿Sí?
Mi voz aún sonaba ronca. Intenté aclararme la garganta en silencio.
— ¿Estás bien?
Aún no me había mirado, pero la rabia de su cara era evidente.
—Sí —contesté con voz ronca.
"Eso está mejor", asintió con la cabeza Esme.
—Distráeme, por favor —ordenó.
—Perdona, ¿qué?
Suspiró con acritud.
—Limítate a charlar de cualquier cosa insustancial hasta que me calme —aclaró mientras cerraba los ojos y se pellizcaba el puente de la nariz con los dedos pulgar e índice.
—Eh... —me estrujé los sesos en busca de alguna trivialidad—. Mañana antes de clase voy a atropellar a Tyler Crowley.
"Eso debería funcionar", dijo sonriendo Emmett, esta vez sin tener en cuenta los gruñidos de su esposa. "Su violencia debe tranquilizarte muy bien."
"Yo creo que tienes razón", dijo Edward casi sonriendo.
Edward siguió con los ojos cerrados, pero curvó la comisura de los labios.
— ¿Por qué?
—Va diciendo por ahí que me va a llevar al baile de promoción... O está loco o intenta hacer olvidar que casi me mata cuando... Bueno, tú lo recuerdas, y cree que la promoción es la forma adecuada de hacerlo. Estaremos en paz si pongo en peligro su vida y ya no podrá seguir intentando enmendarlo. No necesito enemigos, y puede que Lauren se apacigüe si Tyler me deja tranquila. Aunque también podría destrozarle el Sentra. No podrá llevar a nadie al baile de fin de curso si no tiene coche... —proseguí.
—Estaba enterado —sonó algo más sosegado.
"Bueno, si funciono," rió Emmett. "Me gusta su temperamento.
— ¿Sí? —pregunté incrédula; mi irritación previa se enardeció—. Si está paralítico del cuello para abajo, tampoco podrá ir al baile de fin de curso —musité, refinando mi plan.
Emmett se rió más fuerte en eso.
"Creo que tienes razón, si funcionó", dijo Edward. "O por lo menos ayudó."
Edward suspiró y al fin abrió los ojos.
— ¿Estás bien?
—En realidad, no.
Esperé, pero no volvió a hablar. Reclinó la cabeza contra el asiento y miró el techo del Volvo. Tenía el rostro rígido.
— ¿Qué es lo que pasa? —inquirí con un hilo de voz.
—A veces tengo problemas con mi genio, Bella.
También él susurraba, y no dejaba de mirar por la ventana mientras lo hacía, con los ojos entrecerrados.
—Pero no me conviene dar media vuelta y dar caza a esos...
"Sí, lo sería", replicó Rosalie
—no terminó la frase, desvió la mirada y volvió a luchar por controlar la rabia. Luego, continuó—: Al menos, eso es de lo que me intento convencer.
—Ah.
La palabra parecía inadecuada, pero no se me ocurría una respuesta mejor. De nuevo permanecimos sentados en silencio. Miré el reloj del salpicadero, que marcaba las seis y media pasadas.
Jessica y Angela se van a preocupar —murmuré—. Iba a reunirme con ellas.
Arrancó el motor sin decir nada más, girando con suavidad y regresando rápidamente hacia la ciudad. Siguió conduciendo a gran velocidad cuando estuvimos bajo las lámparas, sorteando con facilidad los vehículos más lentos que cruzaban el paseo marítimo. Aparcó en paralelo al bordillo en un espacio que yo habría considerado demasiado pequeño para el Volvo, pero él lo encajó sin esfuerzo al primer intento. Miré por la ventana en busca de las luces de La Bella Italia. Jess y Angela acababan de salir y se alejaban caminando con rapidez.
— ¿Cómo sabías dónde...? —comencé,
"Creo que estaba escuchando su conversación," dijo Edward.
"¿Entonces por qué te tomó tanto tiempo para llegar a Bella?" Preguntó Alice también enojada.
"No sé", suspiró Edward.
pero luego me limité a sacudir la cabeza. Oí abrirse la puerta y me giré para verle salir.
— ¿Qué haces?
—Llevarte a cenar.
Sonrió levemente, pero la mirada continuaba siendo severa. Se alejó del coche y cerró de un portazo.
"Tenías razón Carlisle, he decidido no matarlos", suspiró Edward. "Tengo que estar cerca de ella si quiero controlar mi impulso para hacer justicia."
"Eres un completo inútil", gruñó Rosalie.
Me peleé con el cinturón de seguridad y me apresuré a salir también del coche. Me esperaba en la acera
"Creo que es más probable que trataba de abrir su puerta" dijo Edward.
"Ah, sí, su caballerosidad finalmente se está mostrando", bromeó Alice.
y habló antes de que pudiera despegar los labios.
—Detén a Jessica y Angela antes de que también deba buscarlas a ellas. Dudo que pudiera volver a contenerme si me tropiezo otra vez con tus amigos.
Me estremecí ante el tono amenazador de su voz.
— ¡Jess, Angela! —les grité, saludando con el brazo cuando se volvieron. Se apresuraron a regresar. El manifiesto alivio de sus rostros se convirtió en sorpresa cuando vieron quién estaba a mi lado.
"Estoy sorprendido de que la boca de Jessica no cayera hasta el piso", se rió Emmett.
 A unos metros de nosotros, vacilaron.
— ¿Dónde has estado? —preguntó Jessica con suspicacia.
—Me perdí —admití con timidez—, y luego me encontré con Edward.
Le señalé con un gesto.
— ¿Os importaría que me uniera a vosotras? —preguntó con voz sedosa e irresistible. Por sus rostros estupefactos supe que él nunca antes había empleado a fondo sus talentos con ellas.
"Trato de no utilizarlo a menos que tenga que hacerlo", dijo Edward. "Y sobre todo no con alguien que, obviamente, le gusto."
"¿Entonces por qué has tratado de usarlo en Bella?" Jasper sonrió.
"No creo que se de cuenta de lo mucho que ella le gusta", se rió Alice.
"Además, no funciona correctamente para ella", suspiró Edward.
—Eh, sí, claro —musitó Jessica.
—De hecho —confesó Angela—, Bella, lo cierto es que ya hemos cenado mientras te esperábamos... Perdona.
—No pasa nada —me encogí de hombros—. No tengo hambre.
—Creo que deberías comer algo —intervino Edward en voz baja, pero autoritaria. Buscó a Jessica con la mirada y le habló un poco más alto—: ¿Os importa que lleve a Bella a casa esta noche? Así, no tendréis que esperar mientras cena.
"Creo que ella preferiría esperar", se rió Edward.
"Y podría ser más seguro para tí," dijo Jasper, riéndose de la expresión confusa de Edward. "Ella tiene un montón de cosas preguntarte a solas y no creo que te vayan a gustar."
"Tienes razón", suspiró Edward otra vez. "Esta va a ser una conversación interesante."
—Eh, supongo que no... hay problema...
Jess se mordió el labio en un intento de deducir por mi expresión si era eso lo que yo quería. Le guiñé un ojo. Nada deseaba más que estar a solas con mi perpetuo salvador. Había tantas preguntas con las que no le podía bombardear mientras no estuviéramos solos...
Edward gimió y Jasper sonrió con aire de suficiencia.
De acuerdo —Angela fue más rápida que Jessica—. Os vemos mañana, Bella, Edward...
Tomó la mano de Jessica y la arrastró hacia el coche, que pude ver un poco más lejos, aparcado en First Street. Cuando entraron, Jess se volvió y me saludó con la mano. Por su rostro supe que se moría de curiosidad. Le devolví el saludo y esperé a que se alejaran antes de volverme hacia Edward.
—De verdad, no tengo hambre —insistí mientras alzaba la mirada para estudiar su rostro. Su expresión era inescrutable.
"¿Por qué esperó hasta que se fueran para decirme eso?" Edward dijo confundido.
"Debido a que ella quería quedarse contigo a solas", dijo Emmett poniendo los ojos.
"Edward, realmente deberías hacerla comer", dijo Carlisle. "Después de la conmoción que acaba de pasar ella necesita alimentos y azúcar en su sistema."
"No parece conmocionada", comentó Jasper.
—Compláceme.
Se dirigió hasta la puerta del restaurante y la mantuvo abierta con gesto obstinado. Evidentemente, no había discusión posible.
"Edward, estás siendo grosero de nuevo," dijo Esme. "Déjala decidir lo que quiera hacer".
"Lo siento", dijo Edward.
 Pasé a su lado y entré con un suspiro de resignación.
Era temporada baja para el turismo en Port Angeles, por lo que el restaurante no estaba lleno. Comprendí el brillo de los ojos de nuestra anfitriona mientras evaluaba a Edward. Le dio la bienvenida con un poco más de entusiasmo del necesario. Me sorprendió lo mucho que me molestó.
"Aww, ella es posesiva contigo también", se rió Alice y Esme sonrió.
Me sacaba varios centímetros y era rubia de bote.
— ¿Tienen una mesa para dos? —preguntó Edward con voz tentadora, lo pretendiese o no.
Vi cómo los ojos de la rubia se posaban en mí y luego se desviaban, satisfecha por mi evidente normalidad y la falta de contacto entre Edward y yo. Nos condujo a una gran mesa para cuatro en el centro de la zona más concurrida del comedor.
Estaba a punto de sentarme cuando Edward me indicó lo contrario con la cabeza.
— ¿Tiene, tal vez, algo más privado? —insistió con voz suave a la anfitriona.
"Supongo que no tengo idea de lo que me tiene preparado," suspiró Edward.
"O lo que deseas es acabar de una vez", sugirió Emmett.
No estaba segura, pero me pareció que le entregaba discretamente una propina. No había visto a nadie rechazar una mesa salvo en las viejas películas.
—Naturalmente —parecía tan sorprendida como yo. Se giró y nos condujo alrededor de una mampara hasta llegar a una sala de reservados—. ¿Algo como esto?
—Perfecto.
Le dedicó una centelleante sonrisa a la dueña, dejándola momentáneamente deslumbrada.
"¿Estás tratando de asustarla?" Preguntó Jasper divertido.
"Al parecer, eso hago, se rió Edward.
Esto... —sacudió la cabeza, bizqueando—. Ahora mismo les atiendo.
Se alejó caminando con paso vacilante.
"No suena como si estuviera asustada, sin embargo," dijo Edward.
—De veras, no deberías hacerle eso a la gente —le critiqué—. Es muy poco cortés.
— ¿Hacer qué?
—Deslumbrarla... Probablemente, ahora está en la cocina hiperventilando.
Pareció confuso.
"Porque yo estaba tratando de asustar, no... eh... deslumbrarla", dijo Edward.
—Oh, venga —le dije un poco dubitativa—. Tienes que saber el efecto que produces en los demás.
Ladeó la cabeza con los ojos llenos de curiosidad.
— ¿Los deslumbro?
— ¿No te has dado cuenta? ¿Crees que todos ceden con tanta facilidad?
Ignoró mis preguntas.
— ¿Te deslumbro a ti?
—Con frecuencia —admití.
Entonces llegó la camarera, con rostro expectante. La anfitriona había hecho mutis por el foro definitivamente, y la nueva chica no parecía decepcionada. Se echó un mechón de su cabello negro detrás de la oreja, y sonrió con innecesaria calidez.
—Hola. Me llamo Amber y voy a atenderles esta noche. ¿Qué les pongo de beber?
No pasé por alto que sólo se dirigía a él.
"Dudo que se de cuenta," Alice bromeo. "Él sólo tiene ojos para Bella ahora."
"Y él antes ni se fijaba en las chicas", agregó Emmett riendo.
 Edward me miró.
—Voy a tomar una CocaCola.
Pareció una pregunta.
—Dos —dijo él.
—Enseguida las traigo —le aseguró con otra sonrisa innecesaria, pero él no lo vio, porque me miraba a mí.
— ¿Qué pasa? —le pregunté cuando se fue la camarera. Tenía la mirada fija en mi rostro.
— ¿Cómo te sientes?
—Estoy bien —contesté, sorprendida por la intensidad.
— ¿No tienes mareos, ni frío, ni malestar...? y
"Bien", dijo Carlisle, asintiendo con la cabeza en señal de aprobación de que Edward se asegurará de que estaba bien.

— ¿Debería?
Se rió entre dientes ante la perplejidad de mi respuesta.
—Bueno, de hecho esperaba que entraras en estado de shock.
Su rostro se contrajo al esbozar aquella perfecta sonrisa de picardía.
—Dudo que eso vaya a suceder —respondí después de tomar aliento—. Siempre se me ha dado muy bien reprimir las cosas desagradables.
"Eso explica muchas cosas", se rió Edward.
—Da igual, me sentiré mejor cuando hayas tomado algo de glucosa y comida.
La camarera apareció con nuestras bebidas y una cesta de colines en ese preciso momento. Permaneció de espaldas a mí mientras las colocaba sobre la mesa.
— ¿Han decidido qué van a pedir? —preguntó a Edward.
"Eso es tan grosero", frunció el ceño Esme.
"Y demasiado enérgico", dijo Alice. "Espero que eso no sea la forma normal, cómo trata de atraer a los chicos."
— ¿Bella? —inquirió él.
Ella se volvió hacia mí a regañadientes. Elegí lo primero que vi en el menú.
—Eh... Tomaré el ravioli de setas.
— ¿Y usted?
Se volvió hacia Edward con una sonrisa.
—Nada para mí —contestó.
"Error", dijo Jasper. "No es que importe más claro".
"Parece que es casi fácil para mí ser normal a su alrededor", dijo Edward.
No, por supuesto que no.
—Si cambia de opinión, hágamelo saber.
La sonrisa coqueta seguía ahí, pero él no la miraba y la camarera se marchó descontenta.
—Bebe —me ordenó.
Al principio, di unos sorbitos a mi refresco obedientemente; luego, bebí a tragos más largos, sorprendida de la sed que tenía.
"Así que ella si está en shock", dijo Carlisle. "Por lo menos en algún nivel."
Comprendí que me la había terminado toda cuando Edward empujó su vaso hacia mí.
—Gracias —murmuré, aún sedienta.
El frío del refresco se extendió por mi pecho y me estremecí.
— ¿Tienes frío?
—Es sólo la Coca—Cola —le expliqué mientras volvía a  estremecerme.
— ¿No tienes una cazadora? —me reprochó.
—Sí —miré a la vacía silla contigua y caí en la cuenta—. Vaya, me la he dejado en el coche de Jessica.
Edward se quitó la suya.
"Bueno, esa no la calentará demasiado," rió Emmett.
"Sigue siendo un buen gesto", dijo Esme. "Y con el tiempo servirá".
No podía apartar los ojos de su rostro, simplemente. Me concentré para obligarme a hacerlo en ese momento. Se estaba quitando su cazadora de cueto beis debajo de la cual llevaba un suéter de cuello vuelto que se ajustaba muy bien, resaltando lo musculoso que era  su pecho.
Me entregó su cazadora y me interrumpió mientras me lo comía con los ojos.
"Tan bueno como para comeré con los ojos", se rió Alice.
—Gracias —dije nuevamente mientas deslizaba los brazos en  su cazadora.
La prenda estaba helada, igual que cuando me ponía mi ropa a primera hora de la mañana, colgada en el vestíbulo, en el que hay mucha corriente de aire. Tirité otra vez. Tenía un olor asombroso. Lo olisqueé en un intento de identificar aquel delicioso aroma, que no se parecía a ninguna colonia. Las mangas eran demasiado largas y las eché hacia atrás para tener libres las manos.
—Tu piel tiene un aspecto encantador con ese color azul —observó mientras me miraba.
"Yo estaba en lo cierto", sonrió Edward.
Me sorprendió y bajé la vista, sonrojada, por supuesto.
Empujó la cesta con los colines hacia mí.
—No voy a entrar en estado de shock, de verdad —protesté.
—Pues deberías, una persona normal lo haría, y tú ni siquiera pareces alterada.
Daba la impresión de estar desconcertado. Me miró a los ojos y vi que los suyos eran claros, más claros de lo que anteriormente los había visto, de ese tono dorado que tiene el sirope de caramelo.
"Creo que case antes de llegar a Port Angeles," dijo Edward
—Me siento segura contigo —confesé, impelida a decir de  nuevo la verdad. ,
Aquello le desagradó y frunció su frente de alabastro. Ceñudo, sacudió la cabeza y murmuró para sí:
"Oh, bueno, vamos a ver al vampiro de mal humor otra vez", dijo Emmett.
"Creo que va a ser más como el vampiro yo-yo", dijo Jasper. "Sus emociones van a cambiar a cada rato durante esta conversación."
—Esto es más complicado de lo que pensaba.
Tomé un colín y comencé a mordisquearlo por un extremo, evaluando su expresión. Me pregunté cuándo sería el momento oportuno para empezar a interrogarle.
—Normalmente estás de mejor humor cuando tus ojos brillan —comenté, intentando distraerle de cualquiera que fuera el pensamiento que le había dejado triste y sombrío.
"Bueno, eso tiene que haber funcionado", dijo Edward.
"¿Qué está consiguiendo de todos modos?" Emmett dijo.
"Estoy segura de que vamos a averiguarlo", se encogió  Alice.
Atónito, me miró.
— ¿Qué?
—Estás de mal humor cuando tienes los ojos negros. Entonces, me lo veo venir —continué—. Tengo una teoría al respecto.
Entrecerró los ojos y dijo:
— ¿Más teorías?
—Aja.
Mastiqué un colín al tiempo que intentaba parecer indiferente.
—Espero que esta vez seas más creativa, ¿o sigues tomando ideas de los tebeos?
La imperceptible sonrisa era burlona, pero la mirada se mantuvo severa.
—Bueno, no. No la he sacado de un tebeo, pero tampoco me la he inventado—confesé.
— ¿Y? —me incitó a seguir,
"Tú eres un vampiro", dijo Emmett con una voz que se suponía que era la de Bella, pero que nunca había escuchado.
"Creo que va a tener más tacto," se rió Edward.
"Lo sé, pero habría sido divertido si ella lo decía así," rió Emmett.
pero en ese momento la camarera apareció detrás de la mampara con mi comida.
Me di cuenta de que, inconscientemente, nos habíamos ido inclinando cada vez más cerca uno del otro, ya que ambos nos erguimos cuando se aproximó. Dejó el plato delante de mí —tenía buena pinta— y rápidamente se volvió hacia Edward para preguntarle:
— ¿Ha cambiado de idea? ¿No hay nada que le pueda ofrecer?
Capté el doble significado de sus palabras.
"Argh", dijo Edward, Bella seguro de que no se había perdido nada - rara vez lo hacía después de todo.
—No, gracias, pero estaría bien que nos trajera algo más de beber.
Él señaló los vasos vacíos que yo tenía delante con su larga mano blanca.
—Claro.
Quitó los vasos vacíos y se marchó.
— ¿Qué decías?
—Te lo diré en el coche. Si... —hice una pausa.
— ¿Hay condiciones?
Su voz sonó ominosa. Enarcó una ceja.
—Tengo unas cuantas preguntas, por supuesto.
—Por supuesto.
La camarera regresó con dos vasos de Coca-Cola. Los dejó sobre la mesa sin decir nada y se marchó de nuevo. Tomé un sorbito.
—Bueno, adelante —me instó, aún con voz dura.
Comencé por la pregunta menos exigente. O eso creía.
— ¿Por qué estás en Port Angeles?
"Porque es un acosador, por supuesto", dijo Emmett. "¿Crees se enojaría si lo supiera?
"No," respondió Alicia inmediatamente. "Va a estar contenta de que él se preocupe por ella".
Bajó la vista y cruzó las manos alargadas sobre la mesa muy despacio para luego mirarme a través de las pestañas mientras aparecía en su rostro el indicio de una sonrisa afectada.
—Siguiente pregunta.
—Pero ésa es la más fácil —objeté.
—La siguiente —repitió.
"¿Por qué no inventas algo?" Rosalie preguntó con enojo. Al parecer, su enojo hacia toda esta situación volvió a ella ahora que Bella no iba a sufrir - en su opinión - el más oscuro destino imaginable.
"Tengo que estar tratando de ser honesto con ella", sonrió Edward.
"Como sea," silbó Rosalie.
Frustrada, bajé los ojos. Moví los platos, tomé el tenedor, pinché con cuidado un ravioli y me lo llevé a la boca con deliberada lentitud, pensando al tiempo que masticaba. Las setas estaban muy ricas. Tragué y bebí otro sorbo de mi refresco antes de levantar la vista.
—En tal caso, de acuerdo —le miré y proseguí lentamente—. Supongamos que, hipotéticamente, alguien es capaz de... saber qué piensa la gente, de leer sus mentes, ya sabes, salvo unas cuantas excepciones.
—Sólo una excepción —me corrigió—, hipotéticamente.
"Edward!" Rosalie volvió a gruñir.
"Ella ya parece saberlo", se encogió de Edward. "¿Por qué no seguirle el juego?"
—De acuerdo entonces, una sola excepción.
Me estremecí cuando me siguió el juego, pero intenté parecer despreocupada.
— ¿Cómo funciona? ¿Qué limitaciones tiene? ¿Cómo podría ese alguien... encontrar a otra persona en el momento adecuado? ¿Cómo sabría que ella está en un apuro?
— ¿Hipotéticamente?
—Bueno, si... ese alguien...
—Supongamos que se llama Joe —sugerí.
"Está bien `Joe`", explica cómo se puede leer la mente", se rió Emmett.
Esbozó una sonrisa seca.
—En ese caso, Joe. Si Joe hubiera estado atento, la sincronización no tendría por qué haber sido tan exacta —negó con la cabeza y puso los ojos en blanco——. Sólo tú podrías meterte en líos en un sitio tan pequeño.
"Tiene un punto ahí, no creo que ni siquiera el robo a las tiendas sea muy a menudo", dijo Carlisle.
Destrozarías las estadísticas de delincuencia para una década, ya sabes.
—Estamos hablando de un caso hipotético —le recordé con frialdad.
Edward y Emmett se rieron de eso.
Se rió de mí con ojos tiernos.
—Sí, cierto —aceptó—. ¿Qué tal si la llamamos Jane?
 ¿—Cómo lo supiste? —pregunté, incapaz de refrenar mi ansiedad. Comprendí que volvía a inclinarme hacia él.
Pareció titubear, dividido por algún dilema interno. Nuestras miradas se encontraron e intuí que en ese preciso instante estaba tomando la decisión de si decir o no la verdad.
—Puedes confiar en mí, ya lo sabes —murmuré.
"Tú realmente puedes hacerlo", dijo Esme. "Ella no le va a decir a nadie ni reaccionar mal a cualquier cosa que le vayas a decir."
Sin pensarlo, estiré el brazo para tocarle las manos cruzadas, pero Edward las retiró levemente y yo hice lo propio con las mías.
—No sé si tengo otra alternativa —su voz era un susurro—. Me equivoqué. Eres mucho más observadora de lo que pensaba.
"Eso es un eufemismo si alguna vez he oído a uno", se rió Emmett, junto con todos los demás.
—Creí que siempre tenías razón.
"Brillante", estalló Emmett parándose y aplaudiendo, riendo aún más fuerte que antes y parecía que todos los demás se divertían mucho, incluso Rosalie le sonrió.
Así era —sacudió la cabeza otra vez—. Hay otra cosa en la que también me equivoqué contigo. No eres un imán para los accidentes... Esa no es una clasificación lo suficientemente extensa. Eres un imán para los problemas. Si hay algo peligroso en un radio de quince kilómetros, inexorablemente te encontrará. — ¿Te incluyes en esa categoría?
Soy lo peor", suspiró Edward.
—Sin ninguna duda.
Su rostro se volvió frío e inexpresivo. Volví a estirar la mano por la mesa, ignorando cuando él retiró levemente las suyas, para tocar tímidamente el dorso de sus manos con las yemas de los dedos. Tenía la piel fría y dura como una piedra.
—Gracias —musité con ferviente gratitud—. Es la segunda vez.
Su rostro se suavizó.
—No dejarás que haya una tercera, ¿de acuerdo?
Fruncí el ceño, pero asentí con la cabeza. Apartó su mano de debajo de la mía y puso ambas sobre la mesa, pero se inclinó hacia mí.
—Te seguí a Port Angeles —admitió, hablando muy deprisa—.
"Así que se le vas a decir que ella tiene su propio vampiro acosador personal", se rió Alice.
 Nunca antes había intentado mantener con vida a alguien en concreto, y es mucho más problemático de lo que creía, pero eso tal vez se deba a que se trata de ti. La gente normal parece capaz de pasar el día sin tantas catástrofes.
Hizo una pausa. Me pregunté si debía preocuparme el hecho de que me siguiera, pero en lugar de eso, sentí un extraño espasmo de satisfacción.
"Te lo dije", dijo Alice con aire de suficiencia.
"Me pregunto si alguna vez va a tener una reacción humana normal", reflexionó Edward.
Me miró fijamente, preguntándose tal vez por qué mis labios se curvaban en una involuntaria sonrisa.
— ¿Crees que me había llegado la hora la primera vez, cuando ocurrió lo de la furgoneta, y que has interferido en el destino? —especulé para distraerme.
"La primera vez no fue la camioneta", dijo Edward gravemente.
—Esa no fue la primera vez —replicó con dureza. Lo miré sorprendida, pero él miraba al suelo—. La primera fue cuando te conocí.
Sentí un escalofrío al oír sus palabras y recordar bruscamente la furibunda mirada de sus ojos negros aquel primer día, pero lo ahogó la abrumadora sensación de seguridad que sentía en presencia de Edward.
"El temor y el amor parecen estar luchando entre sí por el dominio", dijo Jasper.
"Estoy seguro de que el amor va a ganar", sonrió Alice.
— ¿Lo recuerdas? —inquirió con su rostro de ángel muy serio.
—Sí —respondí con serenidad.
—Y aun así estás aquí sentada —comentó con un deje de incredulidad en su voz y enarcó una ceja.
—Sí, estoy aquí... gracias a ti —me callé y luego le incité—. Porque de alguna manera has sabido encontrarme hoy.
"Vuelve al tema que nos interesa Eddy y deja de desviarnos con tus pensamientos de tristeza," dijo Emmett.
Frunció los labios y me miró con los ojos entrecerrados mientras volvía a cavilar. Lanzó una mirada a mi plato, casi intacto, y luego a mí.
—Tú comes y yo hablo —me propuso.
Rápidamente saqué del plato otro ravioli con el tenedor, lo hice estallar en mi boca y mastiqué de forma apresurada.
—Seguirte el rastro es más difícil de lo habitual. Normalmente puedo hallar a alguien con suma facilidad siempre que haya «oído» su mente antes —me miró con ansiedad y comprendí que me había quedado helada.
"Una cosa es haber adivinado algo, y otra es realmente escucharlo," dijo Edward.
"Ella ya sabe que eres un vampiro ... o al menos está lo suficientemente convencida de que eres es uno, y ha decidido quedarse contigo", dijo Alice. "Esto no va a hacerla correr".
"No sé nada de eso Alice", se encogió de hombros Edward, y Alice resoplo.
Me obligué a tragar, pinché otro ravioli y me lo metí en la boca.
—Vigilaba a Jessica sin mucha atención... Como te dije, sólo tú puedes meterte en líos en Port Angeles. Al principio no me di cuenta de que te habías ido por tu cuenta y luego, cuando comprendí que ya no estabas con ellas, fui a buscarte a la librería que vislumbré en la mente de Jessica. Te puedo decir que sé que no llegaste a entrar y que te dirigiste al sur. Sabía que tendrías que dar la vuelta pronto, por lo que me limité a esperarte, investigando al azar en los pensamientos de los viandantes para saber si alguno se había fijado en ti, y saber de ese modo dónde estabas. No tenía razones para preocuparme, pero estaba extrañamente ansioso...
Se sumió en sus pensamientos, mirando fijamente a la nada, viendo cosas que yo no conseguía imaginar.
—Comencé a conducir en círculos, seguía alerta. El sol se puso al fin y estaba a punto de salir y seguirte a pie cuando... —enmudeció, rechinando los dientes con súbita ira. Se esforzó en calmarse.
"He oído lo que pensaban de ella", dijo Edward y parecía tan furioso como el libro lo describía.
"No dejes que se salgan con la suya, entonces" Rosalie comentó a sabiendas de que Edward era más probable que la escuche cuando él estaba así.
Edward gruñó, pero por lo demás quedó en silencio.
— ¿Qué pasó entonces? —susurré. Edward seguía mirando al vacío por encima de mi cabeza.
—Oí lo que pensaban —gruñó; al torcer el gesto, el labio superior se curvó mostrando sus dientes—, y vi tu rostro en sus mentes.
De repente, se inclinó hacia delante, con el codo apoyado en la mesa y la mano sobre los ojos. El movimiento fue tan rápido que me sobresaltó.
—Resultó duro, no sabes cuánto, dejarlos... vivos —el brazo amortiguaba la voz—. Te podía haber dejado ir con Jessica y Angela, pero temía —admitió con un hilo de voz— que, si me dejabas solo, iría a por ellos.
"Si ella no sabía que eras un vampiro en ese momento, hubiera pensado que eras un psicópata", dijo Alice. "Hablas de matar tan fácilmente."
"¿Y cómo ser un vampiro es mejor que eso?" Edward preguntó mirándola divertido.
"Eh... por lo menos tenemos una excusa", se rió Alice.
Permanecí sentada en silencio, confusa, llena de pensamientos incoherentes, con las manos cruzadas sobre el vientre y recostada lánguidamente contra el respaldo de la silla. El seguía con la mano en el rostro, tan inmóvil que parecía una estatua tallada.
Finalmente alzó la vista y sus ojos buscaron los míos, rebosando sus propios interrogantes.
— ¿Estás lista para ir a casa? —preguntó.
—Lo estoy para salir de aquí —precisé, inmensamente agradecida de que nos quedara una hora larga de coche antes de llegar a casa juntos.
"Hora?, Yo diría diez minutos", se burló Edward. "Pero estoy seguro de que estaré contento de pasar ese tiempo contigo de todos modos."
No estaba preparada para despedirme de él.
La camarera apareció como si la hubiera llamado, o estuviera observando.
— ¿Qué tal todo? —preguntó a Edward.
—Dispuestos para pagar la cuenta, gracias.
Su voz era contenida pero más ronca, aún reflejaba la tensión de nuestra conversación. Aquello pareció acallarla. Edward alzó la vista, aguardando.
—Claro —tartamudeó—. Aquí la tiene.
La camarera extrajo una carpetita de cuero del bolsillo delantero de su delantal negro y se la entregó.
Edward ya sostenía un billete en la mano. Lo deslizó dentro de la carpetita y se la devolvió de inmediato.
—Quédese con el cambio.
Sonrió, se puso de pie y le imité con torpeza. Ella volvió a dirigirle una sonrisa insinuante.
—Que tengan una buena noche.
Edward no apartó los ojos de mí mientras le daba las gracias. Reprimí una sonrisa.
Caminó muy cerca de mí hasta la puerta, pero siguió poniendo mucho cuidado en no tocarme. Recordé lo que Jessica había dicho de su relación con Mike, y cómo casi habían avanzado hasta la fase del primer beso. Suspiré.
"Eddy, ella está pensando en besarte", se rió Emmett.
"Como si eso fuera a suceder", se burló Edward, pero parecía preocupado al mismo tiempo.
Edward me oyó, y me miró con curiosidad. Yo clavé la mirada en la acera, muy agradecida de que pareciera incapaz de saber lo que pensaba.
"Eso va a ser molesto," dijo Edward.
"Lo bueno es que tienes estos libros, ¿eh Eddy?" Emmett se rió.
"Sí", se rió Edward también.
Abrió la puerta del copiloto y la sostuvo hasta que entré. Luego, la cerró detrás de mí con suavidad. Le contemplé dar la vuelta por la parte delantera del coche, de nuevo sorprendida por el garbo con que se movía. Probablemente debería haberme habituado a estas alturas, pero no era así. Tenía la sensación de que Edward no era la clase de persona a la que alguien pueda acostumbrarse.
Una vez dentro, arrancó y puso al máximo la calefacción. Había refrescado mucho y supuse que el buen tiempo se había terminado, aunque estaba bien caliente con su cazadora, oliendo su aroma cuando creía que no me veía.
Se metió entre el tráfico, aparentemente sin mirar, y fue esquivando coches en dirección a la autopista.
—Ahora —dijo de forma elocuente—, te toca a ti.
"Eso es todo", dijo Rosalie.
"Bueno, ahora es mi turno de leer", dijo Edward.
"¿Estás totalmente seguro de que puedes hacerlo?" Alice se burló. "Teniendo en cuenta lo que va a ser el tema de conversación."
"Voy a estar bien", dijo Edward, encogiéndose de hombros. "Yo ya sé cómo se siente - lo único que queda es mi reacción ante ella."




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Nos leemos en el sgte capitulo :)

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