domingo, 9 de noviembre de 2014

Comprometida

Aviso: Los libros aquí transcriptos y los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia original “Reading Breaking Dawn” a Choices HP, yo solo la traduzco, todo esto es sin ánimos de lucro, solo por mero entretenimiento.



Traducción: Cary0605

Edward suspiro largamente y comenzó a leer. "Comprometida"
La familia Cullen al completo sonrío ante el título del libro, pero nadie superaba la sonrisa de Edward que parecía haber dejado el pesar del prefacio.
«Nadie  te  está mirando —me  convencí  a mí misma—.  Nadie  te  está mirando. Nadie te está mirando.»
"Apuesto a que la gente si la está mirando" Emmett se rió.
“¿Dónde está?” se río Alice tratando de imaginar la situación.
Mientras  esperaba  a  que  uno  de  los  tres  semáforos  de  la  ciudad  se  pusiera  en verde, eché un vistazo hacia  la  izquierda y allí estaba el monovolumen de  la señora Weber, que tenía el torso totalmente torcido en mi dirección.
"Eso es un poco desagradable... ¿por qué la está mirando de esta manera?" Preguntó Esme.
"No sé, pero tiene que ser por algo más aparte de sólo casarse tan joven," dijo Jasper.
Sus ojos me perforaban, así que me encogí, preguntándome por qué no bajaba la vista o al menos se cortaba un poco. Que  yo  supiera,  todavía  se  consideraba  grosero que  alguien  te  clavara  la mirada, ¿no? ¿Acaso eso no se me aplicaba a mí también?
Entonces  recordé  que mis  cristales  eran  tintados  y  de  un  color  tan  oscuro  que probablemente no  tenía ni  idea de  la  identidad del conductor, ni siquiera de que  la había pillado en pleno cotilleo. Intenté extraer algo de consuelo del hecho de que ella realmente no me estaba mirando a mí, sino al coche.
"Oh, ella está en su camioneta," dijo Emmett sorprendido.
"Eso suena prometedor," dijo Rosalie con suerte.
Mi camioneta. Suspiré.
"Así que, por fin tiene un coche nuevo," Rosalie sonrió.
Dirigí  la  vista  hacia  la  izquierda  y  gemí.  Dos  peatones  se  habían  quedado pasmados  en  la  acera,  perdiendo  la  oportunidad  de  cruzar  por  quedarse  a mirar.
"Suena como un buen coche," dijo Rosalie esta sonriendo abiertamente ahora. "Me pregunto qué es lo que tiene que siente todos la están mirando".
Detrás de ellos, el señor Marshall parecía observar embobado a través de los vidrios del escaparate de su pequeña tienda de regalos. Aunque no había apretado  la nariz contra los cristales. Al menos, todavía no.
Pisé  a  fondo  el  acelerador  en  cuanto  la  luz  se  puso  en  verde,  pero  lo  hice  sin pensar, con la fuerza habitual para poner en marcha mi vieja Chevy.
El motor  rugió  como una pantera  en plena caza y  el vehículo dio un  salto hacia delante  tan  rápido  que mi  cuerpo  se  quedó  aplastado  contra  el  asiento  de  cuero negro y el estómago se me apretujó contra la columna vertebral.
—¡Agg! —di  un  grito  ahogado mientras  tanteaba  con  el  pie  a  la  búsqueda  del freno.
No perdí  la calma y me  limité a rozar el pedal, pero de  todas  formas el coche se quedó clavado en el suelo, totalmente inmóvil.
No pude evitar el echar una ojeada alrededor para ver  la reacción de  la gente. Si antes habían tenido alguna duda de quién conducía este coche, ya se había disipado.
"Bueno, es obvio que es Bella. El resto de nosotros conducimos perfectamente," Emmett se rió.
Con  la  punta  del  zapato  presioné  cuidadosamente  el  acelerador,  apenas  medio milímetro, y el vehículo salió disparado de nuevo.
Me  las  apañé de mala manera para  llegar hasta mi objetivo,  la gasolinera. Si no hubiera  tenido  la  cabeza  en  otra  cosa,  no  se  me  habría  ocurrido  aparecer  por  la ciudad en absoluto. Había pasado los últimos días sin un montón de cosas, como pan de molde o cordones para los zapatos, con el fin de no mostrarme en público.
"Bella," Edward sonrió con cariño, sacudiendo la cabeza.
"Ella es una chica extraña," dijo Rosalie cariñosamente.
A la hora de echar gasolina me moví tan deprisa como si estuviera en una carrera de  coches:  abrí  la  portilla,  desenrosqué  el  tapón,  pasé  la  tarjeta  e  introduje  la manguera del surtidor en la boca del depósito en cuestión de segundos. Ahora bien, nada  podía  hacer  para  que  los  números  del  indicador  se  marcaran  con  mayor rapidez.
"Es aburrido ¿no es así?" Emmett suspiró; siempre se ponía impaciente cuando cosas como esa lo frenaban.
Avanzaban con lentitud, como si lo hicieran aposta para fastidiarme.
"Bomba de gas mala, deja a Bella en paz," Emmett se rió, y todo el mundo le dio una mirada extraña.
“¿Qué?” él les devolvió la mirada. “Ella tiene una rara relación con las cosas, en eclipse hablaba con los imanes.
No había mucha  luz  al  aire  libre, porque  era uno de  esos días  típicos  en Forks, Washington, pero me  sentía  como  si  tuviera un  reflector  enfocado  en mí,  centrado sobre  todo  en  el  delicado  anillo  de mi mano  izquierda.  En momentos  así,  cuando notaba  ojos  ajenos  clavados  en mi  espalda, me  parecía  que  el  anillo  latía  como  si fuera un anuncio de neón que dijera: «Mírame, mírame».
"¡Ah, pobre Bella!" dijo Esme, pero no podía dejar de sonreír.
Era estúpido estar tan pendiente de uno mismo, y yo lo sabía. Aparte de mi madre y mi padre, ¿realmente importaba lo que la gente dijera sobre mi compromiso?  ¿O  sobre  mi  coche  nuevo?  ¿O  respecto  a  que  me  hubieran  aceptado  tan misteriosamente  en  una  universidad  tan  respetada?
"Eso no es misterioso," Edward gimió, "Estoy seguro que fuiste aceptada por tu propio mérito."
¿O  incluso  sobre  la  pequeña  y brillante tarjeta de crédito negra que sentía arder al rojo vivo en el bolsillo trasero de mis vaqueros?
"La que estoy seguro nunca usa," Edward murmuró.
—Eso es, a nadie le importa lo que piensen —mascullé.
—Eh, señorita... —me interrumpió una voz masculina.
Me volví, y entonces deseé no haberlo hecho.
Dos hombres permanecían de pie al lado de un lujoso todoterreno que portaba dos kayaks de última moda en lo alto del techo. Ninguno de los dos me miraba, sino que tenían los ojos clavados en el vehículo.
Personalmente,  lo  cierto  es  que  no  lo  entiendo.  Más  bien  soy  de  la  clase  de personas  que  se  enorgullecen  con  ser  capaces  de  distinguir  entre  los  símbolos  de Toyota, Ford y Chevy. El automóvil era de un  reluciente  color negro,  esbelto, y  en verdad bonito, pero para mí, no era nada más que un auto.
"¿No nos dirá que coche es?" Preguntó Rosalie.
"Dudo que lo haga" Edward sonrió.
—Siento molestarla, pero ¿podría decirme qué clase de coche es el que conduce?—me dijo el hombre alto.
“Gracias” dijo Rosalie al libro, ella realmente quería saber.
—Bueno, es un Mercedes, ¿no?
Emmett se rió de eso, pero más por ver a su esposa sacudiendo la cabeza exasperada.
—Sí —repuso el hombre educadamente, mientras su amigo de menor altura ponía los ojos en blanco como reacción a mi respuesta—. Eso ya lo sé, pero me preguntaba si no estaría usted conduciendo... un Mercedes Guardian —
"¿Guardián?" Preguntó Edward mirando a Rosalie como si ella tuviera todas las respuestas en lo que a coches se refiere, lo cual era verdad.
"¿Eh?" dijo Rosalie. "Creo que he leído acerca de ese... pero ni siquiera lo han hecho todavía... y bueno... lo hace parecer como el tipo de coche que querrías que Bella condujera...", añadió, sonriendo hacia Edward.
pronunció el nombre con un  respeto  casi  reverencial. Tuve  la  sensación de  que  ese  tipo  se  llevaría  bien  con Edward Cullen, mi... mi novio, ya que no tenía sentido eludir la palabra teniendo en cuenta los pocos días que quedaban para la boda—. Se supone que ni siquiera están aún disponibles en Europa —continuó el hombre—, y menos aquí.
"Bueno, eso no va a detenerme," Edward sonrió.
Entretanto, el desconocido recorría  lentamente  los contornos de mi coche con  los ojos, unas  líneas que a mí,  la verdad, no me parecían  tan diferentes de  las de otros Mercedes tipo Sedan. Pero claro, en realidad, yo tampoco tenía mucha  idea, porque mi  mente  ya  tenía  bastante  con  cavilar  sobre  palabras  como  «novio»,  «boda», «marido» y demás.
Simplemente es que no las podía meter todas juntas en mi cabeza.
Por  un  lado, me  habían  educado  para  que me  estremeciera  ante  la mención  de vestidos blancos voluminosos y  ramos de  flores; pero más aún, me  costaba mucho trabajo reconciliar un concepto soso, formal y respetable como «marido», con mi idea de Edward. Era como comparar un contable con un arcángel. No podía visualizarle en ningún papel tan normal y cotidiano.
"¿Es que no me veo normal y cotidiano?" Preguntó Edward.
"Tómatelo como un cumplido," contesto Alice riendo.
“El resto de nosotros interpretamos perfectamente nuestro papel de adolescentes normales” Emmett lo codeo “Deberías aprender a actuar.
Como siempre, cada vez que empezaba a pensar en Edward me veía atrapada en una espiral vertiginosa de  fantasías.
"Bueno, doy por inaugurado el momento porno familiar” Emmett sonrió abiertamente.
“No habrá momentos porno” Edward le reprocho.
“Y menos en familia” se quejo Rosalie tratando de no molestarse tan seguido con su marido.
“Estamos a punto de leer las fantasías sexuales de Bella con Eddy” Emmett levanto ambas cejas repetidamente “Me parece bastante porno, y lo estamos leyendo todos, eso lo convierte en un momento porno familiar”
“A veces me pregunto cómo funciona tu mente” Jasper negó con la cabeza riéndose.
“No quieres saberlo” Edward se estremeció.
El extraño  tuvo que aclararse  la garganta para captar mi atención,
“Oye” se quejo Emmett “Estábamos por leer las fantasías de Bella”
ya que estaba esperando todavía una respuesta en lo referente al modelo y al fabricante del coche.
—No lo sé —le contesté con toda honradez.
—¿Le importa que me haga una foto con él?
Me llevó al menos un segundo procesar eso.
—¿De verdad...? ¿De veras quiere sacarse una foto con el coche?
"Esa es una petición extraña," dijo Esme.
"En realidad no," Rosalie se encogió de hombros. "No, si el coche es lo suficientemente bueno”
—Por supuesto, nadie va a creerme, salvo que lleve una prueba.
—Mmm, bueno, vale.
Retiré  rápidamente  la  manguera  y  me  deslicé  en  el  asiento  delantero  para esconderme mientras aquel fan sacaba de la mochila una enorme cámara de fotos de aspecto profesional. Él y su amigo se turnaron para posar al lado del capó y después tomaron fotos de la parte trasera.
"Apuesto a que ella lo amó," Emmett se rió en voz alta y todo el mundo sonrió.
«Echo de menos mi camioneta», me lamenté para mis adentros.
"Rara” Rosalie sacudió la cabeza.
Fue muy,  pero  que muy  inconveniente,  que mi  viejo  trasto  exhalara  su  último aliento  unas  cuantas  semanas  después  de  que  Edward  y  yo  acordáramos  nuestro extraño  compromiso,  tan  desigual,  uno  de  cuyos  detalles  consistía  en  que  podría reemplazar  la  furgoneta  cuando  dejara  de  funcionar  de modo  definitivo. 
Emmett casi no pudo evitar estallar en carcajadas ante eso.
"Tal vez tuvo un poco de ayuda en el camino," Alice se rió también.
Edward juraba que simplemente había pasado lo que tenía que pasar, que mi vehículo había gozado una vida larga, plena y que después había muerto por causas naturales.
Esta vez todos rieron.
“¿Realmente lo hiciste?” Jasper consiguió preguntar.
“Si yo le jure que no lo hice, significa que alguno de ustedes ayudo a asesinar la camioneta” Edward respondió riéndose también, el libro no estaba resultando tan malo después de todo.
Eso al menos era lo que decía él. Y claro, yo no tenía forma de verificar esa historia ni de resucitar mi Chevy de entre  los muertos contando  sólo  con mis  fuerzas, porque mi mecánico favorito...
Edward hizo una mueca, justo cuando pensaba que todo iba bien, el chucho hacía acto de aparición.
Detuve  en  seco  el pensamiento,  impidiendo que  llegara  a  su  conclusión natural.
"Parece como si estuviera tratando de no pensar en el cachorro," Jasper señaló.
"Eso es bueno," Rosalie siseó enojada al ver como la mirada de Edward se había ensombrecido.
En vez de eso, escuché las voces de los hombres en el exterior, amortiguadas por las paredes del automóvil.
—... pues en el vídeo de internet iban hacia él con un lanzallamas y ni siquiera se chamuscaba la pintura.
—Claro que no. Puedes pasarle un tanque por encima a esta preciosidad. Este no ha pasado por el mercado, porque lo han diseñado sobre todo para diplomáticos de Oriente Próximo, traficantes de armas y narcos.
Todo el mundo se estaba riendo al final de la frase.
"Sí, ese parece como un coche adecuado para ella," Edward asintió conforme con la descripción del coche.
"Y exactamente el tipo de coche que ella necesita", agregó Emmett carcajeándose “Solo a Bella le podrían ocurrir millones de cosas peligrosas días antes de convertirse”.
—Oye ¿y tú crees que ésa es alguien? —preguntó el bajito en voz casi inaudible.
"Depende de a quién se lo preguntes," Emmett sonrió a Edward, quien sonrió ampliamente.
Yo agaché la cabeza con las mejillas encendidas.
—¿Qué? —replicó el alto—. Quizá. Porque ya me contarás para qué quiere alguien de  por  aquí  cristales  a  prueba  de misiles  y  dos mil  kilos  de  carrocería  acorazada. Parece propio de sitios más peligrosos.
Más risas resonaron en la casa Cullen.
"Idiota sobreprotector," Alice sacudió la cabeza.
Carrocería  acorazada.  «Dos  mil  kilos»  de  carrocería  acorazada.  ¿Y  cristales  «a prueba de misiles»? Estupendo. ¿Qué tenían de malo los viejos cristales antibalas de toda la vida?
“Eso no es lo bastante bueno para Eddy," Emmett se rió. “Un misil podría caer en cualquier momento”.
“Con la suerte de Bella no me sorprendería” Rose asintió de acuerdo.
Bueno,  al menos  esto  tenía  algún  sentido...  si  es  que  gozas  de  un  sentido  del humor lo bastante retorcido.
"Supongo que ese sería yo", sonrió Emmett. “Mi futura cuñada me conoce bien”
Y no es que yo no hubiera esperado que Edward sacara ventaja de nuestro trato, para que pudiera dar más, mucho más de lo que iba a recibir. Yo estuve de acuerdo en dejarle  reemplazar  la  furgoneta  cuando  fuera necesario, aunque desde  luego no esperaba que ese momento llegara tan pronto. Cuando me vi forzada a admitir que el vehículo no se había convertido más que en un tributo a los Chevys clásicos en forma de bodegón automovilístico pegado a mi bordillo, me di cuenta de que el cambio me iba a avergonzar a base de bien,  convirtiéndome  en el  foco de miradas y  susurros. Pero ni en mis más oscuras premoniciones hubiera concebido que fuera a buscarme dos coches.
"No puedo creer que ella realmente va a dejar que te salgas con eso", dijo Alice. "¿Qué pasó con su actitud anti-entrega de regalos?"
"Ella debió de darse cuenta de lo mucho que quería que ella tuviera un buen coche," Edward se encogió de hombros totalmente satisfecho por como venía el libro.
Me  puse  hecha  una  fiera  cuando  me  explicó  lo  del  coche  «de  antes»  y  el  de «después».
"Eso está mejor", sonrió Alice.
"Me pregunto como es el otro coche," Rosalie reflexionó. "Yo espero que sea un deportivo al menos... Este  coche es agradable, pero... no está en la misma liga que mi M3 o incluso el Porsche de Alice."
Éste no era más que el «de antes». Me contó que sólo  lo  tenía en préstamo y me prometió que lo devolvería después de la boda, lo cual carecía de todo sentido para mí. Al menos hasta ese momento.
Ja,  ja. Aparentemente,  necesitaba  un  coche  con  la  resistencia  de  un  tanque  para mantenerme  a  salvo  debido  a  mi  fragilidad,  pues  era  humana  y  propensa  a  los accidentes,  a  la vez que una víctima muy  frecuente de mi propia y peligrosa mala suerte. Qué risa.
"Tienes toda la razón Bella" se rió Emmett.
"Es sólo que no quiero que le pase nada" Edward se encogió de hombros.
“Por supuesto cariño, estoy segura que ella lo entiende” Al ver la mirada incrédula de Emmett agrego “Muy en el fondo”
Estaba segura de que tanto él como sus hermanos habían disfrutado bien de la broma a mis espaldas.
«O  quizá,  sólo  quizá —susurró  una  voz  bajita  en mi  cabeza—,  no  es  ninguna broma,  tonta.
"No, es una broma para nosotros", dijo Jasper tratando de contener su risa. "Pero no creo que Edward se reía conmigo y Em acerca de esto."
Tal vez  es que  realmente  está muy preocupado por  ti. No  es  ésta  la primera vez que se pasa lo suyo sobreprotegiéndote.»
“¿Ven?” Esme sonrio “Ella sabe que Edward solo quiere protegerla”
Suspiré.
Aún no había visto el coche de «después». Permanecía escondido bajo una lona en la  esquina  más  lejana  del  garaje  de  los  Cullen.  Sabía  que  la  mayor  parte  de  las personas ya le habrían echado una buena ojeada, pero la verdad es que yo no quería saber nada.
Rosalie sacudió la cabeza.
"¿Cómo que no?" Alice preguntó con incredulidad. "Yo estaría muriendo por saber."
"Ya sabes cómo es, solo Bella no lo vió”  Edward le recordó.
"Pero en este momento, no lo sé," dijo Alice. "Tengo que esperar al igual que el resto de ustedes... ¡Argh, esto es tan molesto!"
“Bienvenida al mundo de los vampiros normales enana” Emmett se burlo.
Lo más probable era que no tuviera una carrocería acorazada, puesto que no iba a necesitarla después de la luna de miel. Uno de los extras que me hacían más ilusión de mi  transformación era precisamente  la casi completa  indestructibilidad. La parte más  interesante  de  convertirse  en  un  Cullen  no  eran  los  coches  caros  ni  las impresionantes tarjetas de crédito.
"Es bueno saber que no nos quiere por nuestro dinero," dijo Emmett.
"Ya sabíamos eso hace mucho tiempo," Edward rodo los ojos.
—¡Eh! —me llamó la atención el hombre alto, curvando las manos y asomándose por ellas en un  intento de ver algo a  través de  los cristales—. Ya hemos  terminado. ¡Muchas gracias!
—De nada —respondí y después me puse en  tensión cuando encendí el motor y pisé el pedal con la mayor suavidad posible...
Daba igual cuántas veces condujera hacia mi casa por aquella calle tan familiar; no podía  hacer  que  los  carteles  deslucidos  por  la  lluvia  se  fundieran  con  el  fondo.
Estaban  sujetos  con  abrazaderas  a  los  postes  telefónicos  y  pegados  con  celo  a  las señales de tráfico, y cada uno era como una bofetada. Y una muy merecida, además, en  plena  cara.  Mi  mente  se  centró  de  nuevo  en  el  pensamiento  que  acababa  de interrumpir poco antes, porque no podía evitarlo cuando pasaba por esta calle. No al menos  con  las  imágenes  de mi mecánico  favorito  pasando  a mi  lado  a  intervalos regulares.
Mi mejor amigo. Mi Jacob.
Las palabras 'Mi Jacob' salieron  con rigidez de la boca de Edward, los demás no dijeron nada.
Edward no quería arruinar su mal humor, por lo que se apresuro a leer, le daba igual si los demás lo entendían, la lectura de Eclipse había sido hace muy poco y aun dolía.
Los carteles rezaban: «¿Han visto a este chico?». La idea no era del padre de Jacob, sino  una  iniciativa  del mío,  Charlie,  que  había  hecho  imprimir  los  anuncios  y  los había  desplegado  por  toda  la  ciudad;  y  no  sólo  por  Forks,  sino  también  en  Port Angeles,  Sequim,  Aberdeen  y  cualquier  otra  ciudad  de  la  península  Olympic.  Se había  asegurado  de  que  todas  las  comisarías  del  estado  de Washington  tuvieran también uno de esos carteles colgado en  la pared. Su propia comisaría contaba con todo un panel de corcho dedicado a  la búsqueda de Jacob. Generalmente solía estar casi vacío, para su disgusto y frustración.
Aunque mi padre se sentía disgustado por algo más que  la ausencia de noticias. Estaba enfadado con Billy, el padre de Jacob y el mejor amigo de Charlie.
Porque  Billy  no  había  querido  implicarse  en  la  búsqueda  de  su  «fugitivo»  de dieciséis  años,  ni  había  colaborado  poniendo  carteles  en  La  Push,  la  reserva  de  la costa donde había vivido  Jacob. Y por su aparente resignación ante  la desaparición, como si no hubiera nada que pudiera hacer, y su cantinela: «Jacob ya está crecidito. Regresará a casa cuando quiera».  
Esme tenía el ceño fruncido, pero sabía que Billy tenía que estar realmente preocupado, aunque se  mostró satisfecha por el esfuerzo que Charlie parecía estar poniendo en esto, aunque no fuera realmente a hacer ningún bien.
 También estaba frustrado conmigo por haberme puesto de parte de Billy. Yo  tampoco  era  partidaria  de  los  anuncios,  ya  que  tanto  Billy  como  yo conocíamos, por así decirlo, el paradero de Jacob; y también sabíamos que nadie iba a ver a ese «chico».
"Wow, está viviendo como un lobo... eso debe ser raro." Dijo Emmett.
"Fascinante", dijo Carlisle. "Me pregunto qué..."
"Esperemos que nunca nos demos cuenta", dijo Rosalie interrumpiendo a Carlisle para que Edward siguiera leyendo la parte del chucho.
Me alegraba que Edward se hubiera marchado de caza ese sábado, porque ante la visión de esos carteles se me formaba un nudo enorme en  la garganta y  los ojos me escocían,  llenos  de  lágrimas  punzantes,  y  también  él  se  sentía  fatal  al  verme reaccionar de ese modo.
Ahora bien, el sábado también tenía ciertos inconvenientes y vi uno de ellos nada más girar lenta y cuidadosamente hacia mi calle. El coche patrulla de mi padre estaba aparcado  a  la  entrada  de  nuestra  casa. Hoy  había  pasado  de  ir  de  pesca.  Todavía andaría enfurruñado con lo de la boda.
"Por lo tanto, veo que está tan emocionado acerca de esto como lo está Bella", se rió Emmett.
Así que no podía usar el teléfono allí dentro, pero tenía que llamar...
Aparqué  junto  al  bordillo,  detrás  de  la  «escultura»  del  Chevy,  y  saqué  de  la guantera  el  móvil  que  me  había  dado  Edward  para  las  emergencias.  Marqué, manteniendo el dedo en el botón de «colgar» mientras el teléfono sonaba. Sólo por si acaso.
“¿A qué le teme?” pregunto Alice.
—¿Hola? —contestó Seth Clearwater y yo suspiré aliviada, porque era demasiado gallina para hablar con su hermana mayor, Leah.
La  frase  «te  voy  a  arrancar  la  cabeza»  no  era  una  simple  metáfora  cuando  la pronunciaba ella.
“Oh bueno, ella ya era desagradable en Eclipse, supongo que ahora será peor” Alice hizo una mueca.
—Hola, Seth, soy Bella.
—¡Ah, hola, Bella! ¿Cómo estás?
Medio asfixiada. Desesperada por sentirme más segura. 
—Bien. 
—¿Llamas para saber las últimas noticias?
—Pareces un psíquico...
"No, esa es Alice" Emmett se rió entre dientes.
—Qué va, yo no soy Alice...
"Wow, él te llama por tu nombre," dijo Emmett. "Y fue incluso capaz de bromear sobre ello."
Carlisle estaba sonriendo por esto  y por lo que significaba.
Es que tú eres bastante predecible —se burló él.
 Entre  los miembros de  la manada de  los quileute en La Push, sólo Seth se sentía cómodo al mencionar a los Cullen por sus nombres, y era el único también que hacía bromas con cosas como mi futura cuñada, casi omnisciente.
—Sé que lo soy —dudé un instante—. ¿Qué tal está?
Seth suspiró.
—Igual que siempre. Se niega a hablar, aunque sabemos que nos oye. Procura no pensar de forma humana, ya sabes, y se limita a seguir sus instintos.
"Eso no puede ser bueno para él," Esme suspiró.
—¿Conocéis su paradero actual?
—Anda  en  algún  lugar  del  norte  de Canadá,  no  sabría  decirte  la  provincia. No presta mucha atención a las fronteras entre los estados.
—¿Alguna pista de si...?
—No va a volver a casa, Bella. Lo siento.
Tragué saliva.
—Vale, Seth. Lo sabía antes de preguntar, pero es que no puedo evitar el desearlo.
—Ya, claro. Todos nos sentimos igual.
—Gracias por no perder  el  contacto  conmigo, Seth. Ya  sé que  los otros  se van  a poner pesados contigo.
—No  es  que  sean  tus  mayores  fans,  no  —acordó  conmigo  entre  risas—.  Una tontería,  creo.  Jacob  hizo  sus  elecciones  y  tú  las  tuyas;
"Realmente me gusta este chico," Edward sonrió, no tenía nada contra Seth.
"Él tiene una mente abierta", dijo Carlisle. "Creo que al luchar contigo la última vez ayudó a formar un vinculo, pero tengo la sensación de que podría habernos aceptado de cualquier manera."
 además,  a  él  no  le  gusta  la actitud que  tienen al  respecto. Ahora, que  tampoco  es que  le  emocione mucho que quieras saber de él, claro.
Yo tragué aire precipitadamente.
—Pero ¿no has dicho que no habíais hablado?
—Es que no nos puede esconder todo, por mucho que lo intente.
Así que Jacob era consciente de mi preocupación. Dudaba sobre qué debía sentir al respecto.  Bueno,  al  menos  él  sabía  que  yo  no  había  saltado  hacia  el  crepúsculo olvidándole por completo. Probablemente, me habría creído capaz de eso.
"Puede ser que sea mejor para todos si lo hicieras” Rosalie murmuró.
—Espero  verte  el  día...  de  la  boda —le  comenté,  forzando  la  palabra  entre mis dientes.
—Ah, claro, mamá y yo iremos. Ha sido muy guay por tu parte pedírnoslo.
El entusiasmo de  su voz me hizo  sonreír. Aunque  invitar a  los Clearwater había sido  idea  de  Edward,  me  alegraba  mucho  de  que  se  le  hubiera  ocurrido.  Sería estupendo  tener allí a Seth, una  conexión, aunque  fuera muy  tenue,  con el hombre ausente que debía haber sido mi padrino. «No será lo mismo sin ti», pensé.
—Saluda a Edward de mi parte, ¿vale?
"Al cachorro realmente le gustas, Eddy," Emmett se rió.
—Seguro.
Sacudí la cabeza. La amistad que había surgido entre Seth y Edward era algo que todavía me dejaba con la boca abierta, sin embargo era la prueba de que las cosas no tenían por qué  ser  como  eran. Los vampiros y  los  licántropos podrían  convivir  sin problemas si se lo propusieran de verdad.
Pero esta idea no le gustaba a nadie.
"A mi sí", dijeron Carlisle y Esme juntos.
"Sería mucho mejor si pudiéramos llevarnos bien con los lobos", agregó Carlisle.
—Ah —dijo Seth, con la voz una octava más alta—, esto, Leah acaba de llegar.
“Él también le teme a su hermana” se carcajeo Emmett.
—¡Oh! ¡Adiós!
La  línea  se  cortó. Dejé  el  teléfono  en  el  asiento  y me preparé mentalmente para entrar en la casa, donde Charlie me estaría esperando.
Mi  pobre  padre  tenía  mucho  con  lo  que  bregar  en  esos  momentos.  Jacob  «el fugitivo» no era nada más que una de las gotas que casi colmaban su vaso. También estaba preocupado por mí, su hija, apenas mayor de edad y dispuesta a convertirse en una señora casada en apenas unos días.
Esme sonreía radiantemente.
Caminé con paso lento bajo la llovizna, recordando la noche en que se lo dije...
“Esto será bueno” dijo Emmett impaciente. “Eddy prepara tu chaleco antibalas”
“Charlie no haría tal cosa” Esme negó totalmente segura.

 Cuando  el  sonido  del  coche  patrulla  de  Charlie  anunció  su  regreso,  el  anillo empezó a pesar de repente unos cincuenta kilos en mi dedo. Habría deseado ocultar la mano izquierda en un bolsillo, o quizá sentarme encima de ella, pero la mano  fría de Edward mantenía firmemente cogida la mía justo por delante de los dos.
"Simplemente una coincidencia, estoy seguro," Edward sonrió.
"Estoy segura que querías pasarle tu confianza a Bella" Esme sonrió. Le habría encantado ver a su hijo así.
—Deja  ya  de  retorcer  los  dedos,  Bella.  Por  favor,  intenta  recordar  que  no  vas  a confesar un asesinato.
—Qué fácil es decirlo para ti.
Atendí a los sonidos ominosos de las botas de mi padre pisando con fuerza en la entrada de  la casa. La  llave repiqueteó en  la puerta que ya estaba abierta. El sonido me recordó aquella parte de las películas de miedo en la que la víctima se acuerda de pronto de que ha olvidado echar el cerrojo.
"Bella," Edward rodó los ojos y sonrió, al igual que Alice.
—Tranquilízate,  Bella —susurró  Edward,  escuchando  cómo  se  me  aceleraba  el corazón.
La puerta golpeó contra el batiente, y me encogí como  si me hubieran dado una descarga eléctrica.
—Hola, Charlie —saludó Edward, completamente relajado.
—¡No! —protesté en voz baja.
—¿Qué? —replicó Edward con un hilo de voz.
—¡Espera hasta que cuelgue la pistola!
Emmett se rió de eso “Bella piensa igual que yo”
"No va a dispararle a Edward," Alice rodo los ojos.
“Eso no lo sabemos aún” Emmett le guiño un ojo.
Edward  se  echó a  reír y  se pasó  la mano  libre  entre  los alborotados  cabellos del color del bronce.
Mi padre dio la vuelta a la esquina, todavía con el uniforme puesto, aún armado, e intentó no poner mala cara cuando nos vio sentados  juntos en el sofá. Últimamente estaba  haciendo  grandes  esfuerzos  para  que  Edward  le  gustara  más.  Claro,  la revelación  que  estábamos  a  punto  de  hacerle  seguro  que  iba  a  acabar  con  esos esfuerzos de forma inmediata.
—Hola, chicos. ¿Qué hay?
—Queríamos hablar contigo —comenzó Edward, muy sereno—. Tenemos buenas noticias.
Emmett comenzó a reírse ante eso.
"¿Qué? Es una buena noticia", dijo Alice.
"Muy buena noticia," Esme enfatizó.
"No para Charlie... o para Bella," dijo Emmett, todavía riéndose.
La expresión de Charlie cambió en un segundo desde  la amabilidad  forzada a  la negra sospecha.
—¿Buenas noticias? —gruñó Charlie, mirándome a mí directamente.
—Más vale que te sientes, papá.
Él alzó una ceja y me observó con fijeza durante cinco segundos. Después se sentó haciendo  ruido  justo  al  borde  del  asiento  abatible,  con  la  espalda  tiesa  cómo  una escoba.
—No te agobies, papá —le dije después de un momento de tenso silencio—. Todo va bien.
"Eso seguro lo tranquilizará”  Emmett se rió.
Edward hizo una mueca, y supe que tenía algunas objeciones a la palabra «bien». Él  probablemente  habría  usado  algo  más  parecido  a  «maravilloso»,  «perfecto»  o «glorioso».
—Seguro que sí, Bella, seguro que sí. Pero si todo es tan estupendo, entonces ¿por qué estás sudando la gota gorda?
"Porque ella es una chica muy peculiar," Edward sonrió.
—No estoy sudando —le mentí.
Me  eché hacia  atrás  ante  aquel  fiero  ceño  fruncido, pegándome  a Edward, y de forma  instintiva me pasé el dorso de  la mano derecha por  la frente para eliminar  la evidencia.
—¡Estás embarazada! —explotó Charlie.
Edward bajó el libro y suspiró. Ya era bastante difícil de leer que ella seguía pensando en el cachorro, pero esto era aún más difícil. Él quería que ella tuviera ese futuro y ese pensamiento le golpeó con fuerza.
Tú prometiste leer  a pesar de todo pensó Alice, su tono era triste.
Y con eso, Edward cogió el libro y empezó a leer de nuevo.
—Estás embarazada, ¿a que sí?
Aunque  la afirmación  iba  claramente dirigida a mí, ahora miraba con verdadera hostilidad a Edward, y habría jurado que vi su mano deslizarse hacia la pistola.
—¡No! ¡Claro que no!
Me entraron ganas de darle un codazo a Edward en  las  costillas, pero  sabía que eso  tan  sólo me  serviría para hacerme un cardenal.  ¡Ya  le había dicho que  la gente llegaría  de manera  inmediata  a  esa  conclusión!
"Bueno, esa es la lógica en estos días," Emmett se rió entre dientes.
¿Qué  otra  razón  podría  tener  una persona  cuerda  para  casarse  a  los  dieciocho?
 "Eh... Por amor," dijo Edward.
Su  respuesta  de  entonces me  había hecho poner los ojos en blanco. «Amor». Qué bien.
"Por lo menos todavía piensas igual que el Edward del libro", se rió Emmett.
La cara de pocos amigos de Charlie se relajó un poco. Siempre había quedado bien claro en mi cara cuándo decía la verdad y cuándo no, por lo que en ese momento me creyó.
—Ah, vale.
—Acepto tus disculpas.
Se  hizo  una  pausa  larga. Después  de  un momento, me  di  cuenta  de  que  todos esperaban que yo dijera algo. Alcé la mirada hacia Edward, paralizada por el pánico, pues no había forma de que me salieran las palabras.
Él me sonrió, después cuadró los hombros y se volvió hacia mi padre.
—Charlie, me doy cuenta de que no he hecho esto de la manera apropiada. Según la tradición, tendría que haber hablado antes contigo. No deseo que esto sea una falta de  respeto,  pero  cuando  Bella me  dijo  que  sí,  no  quise  disminuir  el  valor  de  su elección;  así que  en vez de pedirte  su mano,  te  solicito  tu bendición. Nos vamos  a casar, Charlie. La amo más que a nada en el mundo, más que a mi propia vida, y, por algún  extraño milagro,  ella  también me  ama  a mí del mismo modo.  ¿Nos darás  tu bendición?
Esme estaba realmente feliz ahora, incluso parecía querer llorar, aunque su cuerpo no se lo permitiera.
"Bueno, eso fue sin duda mejor que tu propuesta real a Bella," dijo Alice.
"Sí, estoy seguro que yo te di unos cuantos consejos" dijo Emmett pagado de sí mismo.
Sonaba tan seguro, tan tranquilo. Durante sólo un instante, al escuchar la absoluta confianza que destilaba su voz, experimenté una extraña intuición. Pude ver, aunque fuera  de  forma muy  fugaz,  el modo  en  que  él  comprendía  el mundo. Durante  el tiempo que dura un latido, todo encajó y adquirió sentido por completo.
Y ahora la sonrisa de Esme se hizo mucho más brillante, y Edward estaba sonriendo también, daría lo que fuera para que el Edward del libro pudiera leer los pensamientos de Bella en estos momentos.
Y  entonces  capté  la  expresión  en  el  rostro  de Charlie,  cuyos  ojos  estaban  ahora clavados en el anillo.
"Oh oh... aquí vamos", sonrió Emmett dando un aplauso expectante.
Aguanté el aliento mientras su piel cambiaba de color, de su tono pálido natural al rojo, del  rojo al púrpura, y del púrpura al azul. Comencé a  levantarme, aunque no estaba segura de lo que planeaba hacer, quizás hacer uso de la maniobra de Heimlich para asegurarme de que no se ahogara, pero Edward me apretó fuertemente la mano y murmuró «dale un minuto», en voz tan baja que sólo yo pude oírle.
El silencio se hizo mucho más largo esta vez. Entonces, de forma gradual, poco a poco,  el  color del  rostro de Charlie volvió  a  la normalidad. Frunció  los  labios  y  el ceño y  reconocí esa expresión que ponía cuando  se «hundía en  sus pensamientos».
Nos estudió a los dos durante un buen rato, y sentí que Edward se relajaba a mi lado.
"Oh, vamos Charlie, puedes hacerlo mejor" Emmett hizo un mohín. “¿Dónde están las balas”
Aunque, por supuesto, todo el mundo parecía contento por esta reacción.
—Diría que no me he  sorprendido en absoluto —gruñó Charlie—. Sabía que me las tendría que ver con algo como esto antes de lo que pensaba.
Exhalé el aire que había contenido.
—¿Y  tú estás segura? —me preguntó de  forma exigente, mirándome con cara de pocos amigos.
—Estoy  segura  de  Edward  al  cien  por  cien —le  contesté  sin  dejar  pasar  ni  un segundo.
—Entonces,  ¿queréis  casaros?  ¿Por qué  tanta prisa? —me miró, nuevamente  con ojos suspicaces.
La  prisa  se  debía  al  hecho  de  que  yo me  acercaba más  a  los  diecinueve  cada asqueroso día que pasaba,
Edward gruñó ante eso.
"Supéralo Edward, eso es tema viejo," dijo Alice.
"Lo siento, no está en mi naturaleza", dijo Edward.
mientras que Edward se había quedado congelado en toda la  perfección  de  sus  diecisiete  primaveras,  y  había  permanecido  así  durante  unos noventa  años.  Aunque  éste  no  era  el  motivo  por  el  que  yo  necesitaba  anotar  la palabra «matrimonio» en mi diario, porque la boda se debía al delicado y enrevesado compromiso al que Edward y yo habíamos llegado para poder alcanzar el siguiente punto, el salto de mi transformación de mortal a inmortal.
Pero había cosas que no le podía explicar a Charlie.
—Nos vamos a  ir  juntos a Dartmouth  en otoño, Charlie —le  recordó Edward—. Me gustaría hacer bien  las  cosas, bueno, hacerlas  como  es debido. Así  es  como me educaron —advirtió Edward encogiéndose de hombros.
No  estaba exagerando, ya que había  crecido  con esa moral, ya pasada de moda, durante la Primera Guerra Mundial.
"Vaya, eso es seguro," Edward sonrió.
Charlie  torció  la boca hacia un  lado, buscando un modo de abordar  la discusión.
Pero  ¿qué  era  lo  que  podía  decir?  ¿«Antes  prefiero  que  vivas  en  pecado»?  Era  un padre y en ese punto estaba atado de pies y manos.
Emmett se rió entre dientes. "Pobre Charlie."
—Sabía que esto iba a pasar —masculló para sus adentros, frunciendo el ceño.
Entonces,  de  repente,  su  rostro  se  transformó  en  una  expresión  perfectamente inexpresiva e indiferente. 
—¡Papá! —exclamé con ansiedad.
Le eché una ojeada a Edward, pero no le pude leer el rostro mientras él miraba a mi progenitor.
—¡Ja, ja! —explotó Charlie y yo pegué un salto en mi asiento—, ¡ja, ja, ja!
"Eh... ¿por qué está riendo?" Preguntó Emmett. "Esperaba las balas, no un ataque de risa."
"Estoy seguro de que lo averiguaremos," dijo Edward.
Observé  con  incredulidad  cómo  mi  padre  se  doblaba  de  risa,  con  el  cuerpo sacudido por las carcajadas.
Miré  a  Edward  para  que  me  tradujera  lo  que  pasaba,  pero  él  tenía  los  labios apretados con firmeza, como si también estuviera conteniendo la risa.
"Esto va mejorando," Emmett sonrió. “Vamos Charlie, no me decepciones.”
—Vale,  estupendo —replicó Charlie  casi  ahogado—,  casaos —le dio otro  ataque de carcajadas—. Sí, sí, pero...
—Pero ¿qué?
—Pues que se lo tendrás que contar tú a tu madre, y yo ¡no le pienso decir ni una palabra a Renée! ¡Es toda tuya!
Y volvió a estallar en estruendosas risotadas.
"¿Es ella realmente tan aterradora?" Preguntó Jasper, sonriendo.
"Ella era la razón por la que Bella estaba tan en contra de casarse," Edward frunció el ceño. "Me gustaría pensar que va a tomar estas noticias bien."
“Lo dudo” dijo Emmett “ Yo confió en el criterio de Charlie”
Hice una pausa con  la mano en el tirador de  la puerta, sonriendo. Seguro que en aquel momento  las palabras  de Charlie me  hicieron poner  los pies  en  el  suelo. La última maldición: contárselo  a  Renée.  El matrimonio  en  la  juventud  ocupaba  una posición muy alta en la lista negra de mi madre, figuraba antes incluso que el hervir cachorros vivos.
"Ew," Alice se estremeció. "¿Tenía que pensar en eso?"
“Yo no estaría en contra de hervir al chucho” Rosalie se encogió de hombros.
“Por eso te amo tanto rubia” Emmett le guiño un ojo, su sonrisa era divertida.
¿Quién  podría  haber  previsto  su  respuesta?  Yo  no,  y  desde  luego,  Charlie tampoco. Quizás Alice, pero no se me había ocurrido preguntárselo.
"Entonces ella acepto lo del matrimonio”  Edward sonrió. "Bueno, ciertamente sería bueno tener al menos una persona de su familia que esté emocionada acerca de la boda."
—Bueno, Bella... —había dicho Renée después de que yo escupiera y tartamudeara las palabras imposibles: «Mamá, me caso con Edward»—. Estoy un poco molesta por lo  que has  tardado  en  contármelo. Los  billetes de  avión van  a  salirme mucho más caros. Oh —comenzó a preocuparse—. ¿Crees que le habrán quitado ya la escayola a Phil para ese momento? Va a quedar fatal en las fotos si no lleva esmoquin...
—Espera  un  segundo,  mamá —repuse  en  un  jadeo—.  ¿Qué  quieres  decir  con «haber  tardado  tanto»?  Pero  si  nos  hemos  com... —era  incapaz  de  echar  fuera  la palabra «comprometido»—, si hemos arreglado las cosas, ya sabes, hoy mismo.  
—¿Hoy? ¿De verdad? Qué sorpresa. Yo pensaba...
—¿Qué es lo que habías pensado? ¿Cuándo lo pensaste?
—Bueno,  ya  parecía  que  estaba  todo muy  hecho  y  asentado  cuando  vinisteis  a visitarme  en  abril,  no  sé  si  sabes  a  qué me  refiero. No  es  que  seas  especialmente difícil de  leer, corazón. No  te había dicho ni una palabra porque sabía que no  iba a servir para nada. Eres igualita que Charlie —ella suspiró, resignada—. Una vez que has tomado la decisión, no hay manera de razonar contigo, te apegas a ella.
"Creo que realmente me está empezando a gustar Renée," Edward sonrió.
"Ciertamente parece una mujer encantadora," Esme sonrió también.
Y entonces dijo la última cosa que jamás hubiera esperado escuchar de mi madre:
—No  estás  cometiendo  un  error,  Bella.  Da  la  impresión  de  que  estás  asustada tontamente, y adivino que es porque me tienes miedo a mí —soltó unas risitas—. O a lo  que  yo  pueda  pensar.  Ya  sé  que  te  he  dicho  un  montón  de  cosas  sobre  el matrimonio y la estupidez, y no es que las vaya a retirar, pero necesitas darte cuenta de  que  estas  cosas  se  aplican  específicamente  a  mí.  Tú  eres  una  persona  muy diferente. Tú  cometes  tus propios  errores y  estoy  segura de  que  tendrás  tu propia ración de cosas que  lamentar en  la vida, pero  la  irresponsabilidad nunca ha sido  tu problema, corazón. Tienes una gran oportunidad para hacer este trabajo mejor que la mayoría  de  las  cuarentonas  que  conozco. —Renée  se  echó  a  reír  de  nuevo—. Mi niñita  de mentalidad  tan madura. Afortunadamente,  pareces  haber  encontrado  un alma madura como la tuya.
"Él no es un alma vieja... simplemente es viejo", se rió Emmett y Edward le gruño.
—¿No  te  has  vuelto...  loca?  ¿No  piensas  que  cometo  una  equivocación monumental?
—Bueno, vale, habría preferido que esperaras unos años más. Quiero decir, ¿acaso te parezco tan mayor como para comportarme como una suegra? No me contestes a eso. Porque todo este asunto no tiene que ver conmigo, sino contigo. ¿Eres feliz? 
—No lo sé. Me siento ahora mismo como si esto fuera una especie de experiencia extracorporal.
Jasper y Emmett rieron ante eso.
"Bueno, parece que ahora sabemos la respuesta a tu pregunta, Edward," dijo Alice.
"¿Qué pregunta sería esa?" Preguntó Edward.
"En Crepúsculo le preguntaste a Bella si su madre estaría de acuerdo con la persona que ella eligiera” dijo Alice.
"Lo repito, me cae bien mi suegra” Edward sonrió.
Renée volvió a soltar unas risitas.
—¿Él te hace feliz, Bella?
—Sí, pero...
—¿Acaso piensas que podrías querer a algún otro?
—No, pero...
—Pero ¿qué?
—¿Es  que  no  me  vas  a  decir  que  sueno  exactamente  como  cualquier  otro adolescente caprichoso tal como ha sucedido desde el comienzo de los tiempos?
—Tú nunca has sido una adolescente, cielo. Sabes lo que te conviene.
Durante  las  últimas  semanas,  Renée  se  había  sumergido  de  forma  totalmente inesperada  en  los  planes  de  boda.  Se  pasaba  todos  los  días  unas  cuantas  horas  al teléfono  con  la  madre  de  Edward,  Esme,  así  que  no  hubo  preocupación  alguna respecto  a  cómo  se  llevarían  las  consuegras.  Renée  adoraba  a  Esme,  pero  claro, dudaba  que  alguien  pudiera  evitar  sentirse  de  otro  modo  con  respecto  a  mi encantadora futura suegra.
Esme parecía que podría haberse ruborizado ya que todo el mundo sonrió o asintieron con la cabeza en acuerdo.
Eso consiguió librarme del asunto. La familia de Edward y la mía se habían hecho cargo de  los preparativos nupciales sin que yo  tuviera que hacer, saber o pensar en ninguna cosa.
Charlie, claro, se había enfadado, pero lo mejor del tema era que no estaba furioso conmigo. La  traidora había sido Renée,
Emmett se rió de eso. "Es por eso que nunca se debes confiar en una mujer para hacer tu propio trabajo."
"¿Discúlpeme?" Rosalie siseó, mirándolo ferozmente. Incluso Alice y Esme lo miraban de mala manera.
"Eh... es por eso que..." Emmett comenzó, a sabiendas de que él estaba en problemas, pero el resto de la familia no parecía querer ayudarlo.
"No te atrevas a repetir eso, Emmett," Rosalie gruñó.
“Si amor” Emmett contesto como un robot.
ya que había contado con ella como el peor oponente a mis planes. ¿Qué era lo que iba a hacer ahora, cuando la última amenaza, contárselo a mi madre, se había vuelto totalmente en su contra? No tenía nada a que agarrarse y  lo sabía. Así que se pasaba todo el día de un  lado para otro por  la casa, mascullando cosas como que no se podía confiar en nadie de este mundo...
Emmett se rió de esto, tratando de no mirar a Rosalie.
—¿Papá? —llamé mientras abría la puerta principal—. Estoy en casa.
—Espera un momento, Bella, espera ahí un momento.
 —¿Eh? —pregunté deteniéndome de forma inmediata.
—Dame un segundo. Au, me has pinchado, Alice.
¿Alice?
—Lo siento, Charlie —respondió la voz vibrante de Alice—. ¿Qué te parece?
—Lo estoy manchando todo de sangre.
—Estás bien. No ha traspasado la piel, confía en mí.
"Por supuesto” sonrió Alice, pero ella se alegraba de que Charlie no estuviera sangrando.
—¿Qué está pasando? —exigí saber, vacilando en la entrada.
—Treinta  segundos,  por  favor,  Bella  —me  pidió  Alice—.  Tu  paciencia  te  será
recompensada.
—¡Ja! —añadió Charlie.
Golpeteé el suelo con un pie, contabilizando cada  latido y antes de que  llegara a treinta, Alice gritó:
—¡Venga, Bella, entra!
Avanzando con precaución, di la vuelta a la esquina que daba al salón de estar.
—Oh —me enfurruñé—, ¡oh, papá! Pareces...
—¿Estúpido? —me interrumpió Charlie.
—Estaba pensando más bien en «muy elegante».
Él  se  ruborizó y Alice  le cogió del codo y  lo empujó con  ligereza para que diera una vuelta lenta y luciera un poco el esmoquin de color gris claro.
—Vamos a dejar esto ya, Alice. Parezco un idiota.
"Bueno, ciertamente veo de donde Bella consiguió esa actitud" Edward se rió.
—Nadie que yo haya vestido ha parecido jamás un idiota.
"Eso es muy cierto," Alice estaba de acuerdo con ella misma,
"Y todo el mundo dice que soy la vampiro narcisista", bromeó Rosalie y Alice hizo una mueca.
—Tiene razón, papá, ¡tienes un aspecto fabuloso! ¿Y para qué es todo esto?
"¿Ella en serio hizo esa pregunta?” Alice se burló.
"Conociéndola como la conocemos, ella no esta bromeando", se rió Emmett.
Alice puso los ojos en blanco.
—Ésta es la última prueba para ver cómo queda. Para los dos.
Aparté  por  primera  vez  la  mirada  de  un  Charlie  tan  poco  acostumbrado  a  ir elegante y vi el pavoroso traje blanco extendido cuidadosamente sobre el sofá.
—Aaahh.
—Vete a ese sitio feliz tuyo, Bella. No tardaré mucho.
Inhalé  una  gran  bocanada  de  aire  y  cerré  los  ojos.  Los  mantuve  así  y  subí tropezando las escaleras hasta mi habitación. Me despojé de la ropa hasta quedarme sólo con las prendas interiores y extendí los brazos.
—Parece como si te fuera a clavar palos de bambú debajo de las uñas —masculló Alice en voz baja mientras me seguía.
"No, creo que esto podría ser peor para ella", se rió Emmett.
“¿Por qué?” pregunto Alice.
“De solo imaginarte probándonos la ropa una y otra vez sin tener excusas para escaparnos me hace tener la piel de gallina, y eso ni siquiera es posible” Emmett se estremeció falsamente causando risas de los demás.
Ante la evidente mueca de Alice, Jasper la abrazo “Yo no me quejaría si me vistieras y desvistieras a cada momento”.
No le presté atención, porque me había escabullido a mi lugar feliz...
... un sitio en donde todo el rollo de la boda había pasado ya, lo había dejado a mis espaldas. Estaba reprimido entre mis recuerdos y olvidado.
En  él,  Edward  y  yo  nos  encontrábamos  solos.  El  escenario  era  borroso  y  las imágenes  fluían de modo constante, se  transformaban desde un bosque neblinoso a una ciudad cubierta de nubes o a la noche ártica, porque Edward mantenía en secreto el  lugar de nuestra  luna de miel para darme una sorpresa, aunque  la verdad es que no me interesaba especialmente dónde fuera.
"No, eso realmente no importa," Esme sonrió.
Edward y yo estábamos juntos por fin, y yo había cumplido por completo mi parte del compromiso. Me había casado  con él, que era  lo más  importante, pero  también había aceptado  todos sus extravagantes regalos y me había matriculado, aunque no sirviera de nada, para asistir a  la  facultad de Dartmouth  en el otoño. Ahora era  su turno.
Edward gimió, y Emmett sonrió ante esto.
Antes de que me transformara en un vampiro, su principal compromiso, tenía otra estipulación que hacer realidad.
Edward  tenía una especie de  interés obsesivo por  las cosas humanas que  tendría que abandonar, las experiencias que no quería que me perdiera. La mayoría de ellas, como  el baile de promoción, por  ejemplo, me parecían estupideces. Sólo había una experiencia  humana  a  la  que  no  quería  renunciar.  Y  era  la  única  que  él  hubiera deseado que olvidara por completo.
"Él es un moralista y sobreprotector", dijo Emmett. "Pero estoy seguro que también está esperando tener su momento porno con Bella”
Y aquí  estaba  la  cosa,  claro. Sabía muy poco  sobre  cómo  iba a  ser cuando ya no fuera humana. Había visto de primera mano cómo era un vampiro recién convertido y  había  oído  toda  clase  de  historias  a mi  futura  familia  sobre  esos  primeros  días salvajes.  Durante  varios  años,  el  principal  rasgo  de  mi  personalidad  iba  a  ser  la «sed». Me  llevaría  cierto  tiempo  poder  volver  a  ser  yo misma.  E  incluso  cuando recuperara el control, no volvería a sentirme exactamente igual que antes.
 Jasper," dijo Edward mirando a su hermano con reproche. "Esta recién descubierta necesidad que Bella tiene por mí es todo culpa tuya."
"¿Cómo es eso?" Jasper lo miró confundido.
"Fue tu historia  de neófitos", dijo Edward. "Ella piensa que no volverá a ser ella misma cuando se convierte en vampiro."
"Pero es la verdad," Jasper argumentó, todavía confundido.
"Pero si ella no lo supiera,  no habría tratado de obligarme a este compromiso..." Dijo Edward.
"Lo siento," dijo Jasper con fingida tragedia en su voz. "Yo no sabía que mi historia influenciaría a tu novia para intentar violarte a cada momento."
“Solo debes relajarte y dejar que ella abuse de ti Eddy” Emmett se carcajeo “Quizás incluso le guste las esposas y los látigos”
"Oh cállense” Edward le rodo los ojos.
Humana... y apasionadamente enamorada.
Quería tener la experiencia completa antes de que cambiara mi cálido, vulnerable cuerpo  dominado  por  las  hormonas,  por  algo  hermoso,  fuerte...  y  desconocido.
Deseaba disfrutar de una auténtica  luna de miel con Edward, y él había accedido a intentarlo a pesar del peligro que, a su juicio, esto suponía para mí.
Apenas fui consciente de Alice y del modo en que se deslizó el satén sobre mi piel.
No me importaba, en ese momento, que toda la ciudad estuviera hablando de mí. No pensaba tampoco en el espectáculo que tendría que protagonizar dentro de tan poco tiempo. No me preocupaba  tropezar con  la cola del vestido ni echarme a  reír en el momento  equivocado  ni  ser  demasiado  joven  ni  la  audiencia  sorprendida  ni  el asiento vacío donde debería haber estado mi mejor amigo.
Yo estaba con Edward en mi lugar feliz.

"Ese es el final del capítulo," dijo Edward, sonriendo a la última línea.
"Es mi turno" Dijo Emmett totalmente emocionado




¿Qué tal? ¿Comnetarios?
Yo sé que estan amando a Emmett, jajajjaja 
Nos leemos en el siguiente capitulo.


6 comentarios:

yanet jaimes dijo...

queeeeeeeeeeeee
la mejor parte. espero con ansias la conti

paty dijo...

me encanto quiero masssssssss

patricia dijo...

esta asombrosa no puedo espera ......

Paulina dijo...

A seguir leyendo, ese emmett aveces lo amo y aveces lo odio... jajajaja

Anónimo dijo...

Como dije anteriormente, me hubiera encantado que una de las escenas de la peli incluyera justamente el maravilloso Mercedes, el famoso "auto de antes" para Bella, ya me imagino que hubiera sido muy gracioso incluso imaginarme a Emmett, Jasper y Rosalie corriendo apuestas de cuanto se demoraba en enterarse de las "cualidades" de dicho auto jejeje!!!.

Y claro que Edward va a adorar a Renee a pesar de que no vayan a tener mayor relación con ella, en cierta forma Bella y Renee se parecen por lo intuitíva que puede ser aunque en el caso de Renee se convina mucho con la fantasía, pero ni modo, además Renee adora también a Esme y a Alice, ojalá y con toda esta lectura en el futuro cuando se relacionen con Bella, también lleguen a adorar a Rosalie.

SALESIA

Lorria dijo...

yo con semejante anillo en la mano presumiendolo estuviera.... y déjate el anillo o el carro, con semejante novio, gritaría que me casaría con el y que el resto de mujeres se retorcieran de la envidia, pero bueno eso haría yo claro me quedo que no bella, no soy fan del matrimonio pero bueno si ya le dijiste que si entonces mínimo disfrútalo!!!!

ella sufriendo por su nuevo coche, y ellos disfrutando mientras hacian el cambio jajajajaja